El poder es una droga altamente adictiva una vez que lo pruebas no hay vuelta atrás, es como veneno ácido que se adentra en la piel, es imposible de expulsar, solo te quedan dos opciones.
Encuentras el antídoto o reclamas más.
Yo elegí lo segundo.
La mejor forma de reclamar más poder cuando no lo tienes es robándolo, es sencillo si aprendes a hacerlo correctamente, los humanos son fáciles de manipular, tienes que encontrar aquella cosa que más anhelan, su obsesión insana, esa es la clave.
Esa obsesión será su perdición, por qué los convierte en animales torpes los reduce a instintos salvajes sin cabida al raciocinio puede segarlos y consumirlos por qué su único objetivo es conseguir aquello que tanto desean.
Y cuando por fin lo obtengan después de tanto tiempo y lucha para conseguirlo Solo tienes que quitárselos de un jalón, perderán el control se derrumbaran y solo así los tendrás entre tus manos, tú decides si sostenerlos o dejarlos caer hasta que se rompan en mil pedazos.
Las palmas de mis manos ardían, ya estaba hecho. Yo también tenía un anhelo, una obsesión.
Lo necesitaba
Lo quería
Era mío.
Todo esto lo había hecho por amor, para tenerlo para mí, Era mi propia sangre la que goteaba de mis dedos por eso pesaba demasiado, pero no lo suficiente para detenerme.
Intenté hacerlo sin que sufriera hace ya muchos años, éramos niños pretendiendo ser adultos, pero lo veía en sus ojos, el destello de miedo en su mirada cada vez que entraba a su habitación con una taza humeante de té en mis manos.
Era tan pequeño y frágil, era como un diente de león, solo bastaba una suave brisa para que no quedara nada de él.
-Mama dice que tomes el té para que te sientas mejor- sonreí.
Mentí, Mama jamás me envió.
Mi hermanito trataba de hacer su cuerpo más pequeño con cada paso que yo daba, trataba de desaparecer entre las cobijas blancas que cubrían su pálido y delgado cuerpo.
-No quiero, no me gusta, por favor- me suplico casi entre llanto su voz era tan frágil, y quebradiza, llevo la manta a su rostro solo dejando ver sus grandes ojeras que adornaban su pálido rostro, su cabello negro estaba pegado a su frente por el sudor frio.
-Esta amargo no me gusta, me hace sentir mal- de sus ojos azules comenzaron a brotar pequeñas lágrimas, su mirada era tan suplicante.
Se veía tan patético
—Si papa te ve llorando te llevará al hoyo y no te dejara salir— su rostro palideció a un más de lo que ya estaba.
—No le digas, ¡ya no lo haré! — limpio con desesperación su rostro tratando de borrar ese rastro de debilidad.
—Tranquilo, no diré nada, sabes que te quiero, nunca haría nada para lastimarte—
Mentí
Me senté en la cama justo a su lado, llevé una de mis manos a su frente sudorosa, estaba muy caliente, tenía fiebre.
-Estas enfermo, necesitas tomar tu medicina- lleve la tasa a su rostro con la intención de hacerlo tomar, pero se negó.
-¡No quiero!- comenzó a patalear, tratando de alejarme.
-Está bien, si no lo quieres tomar no te obligare- con cuidado de no derramar ni una sola gota, deje la taza humeante en la mesita de noche a un lado de la cama, su cuerpo se relajó y quitó la manta de su rostro.
-Le diré a la sirvienta que te traiga el almuerzo - me levanté de la cama con la intención de irme pero unas pequeñas manos tomaron con fuerza mi camisa impidiéndome ir,
-No quiero que te vayas, ellas nunca me traen nada, tengo mucha hambre -no lo voltee a ver.
- Hago un esfuerzo por ti y no valoras, estoy cansado, vengo todos los días a cuidar de ti y me agradeces con patadas y berrinches, - me sujeto con más fuerza,
-Perdón- apenas fue un pequeño susurro
-Eso no es suficiente - mi voz era dura.
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Amo Temerte
Romance- Omegaverce Bl La noche en que lo conocí cambio todo para mí, sus ojos rojos tan intensos como el fuego me provocaron terror, al escuchar su voz, sentí como el mundo a mi alrededor se caía en pedazos, no pude pedir ayuda, deje que tomara mi mano y...
