Yutong no había podido dormir bien. La noche anterior se repetía en su mente como un espejismo: el rostro de WeiYun tan cerca, el peso de su mirada, el calor inesperado de sus labios... Era imposible dejar de pensar en ello, y la confusión solo crecía cada vez que el recuerdo asomaba. Se levantó esa mañana con los ojos enrojecidos, sintiendo la incomodidad latente mientras se preguntaba cómo enfrentaría a WeiYun después de lo que había pasado.
En el metro, junto a Zichen, apenas podía concentrarse en la conversación. No había visto a WeiYun desde la noche anterior, pero sabía que encontrarlo en la escuela era inevitable. Intentó mantener la calma, aunque solo la idea de verlo hacía que sus manos sudaran. Al llegar al aula, su corazón dio un vuelco al ver a WeiYun esperándolo junto a la puerta. WeiYun lo miraba con una expresión diferente, tensa, como si él también estuviera lidiando con algo en su interior.
WeiYun se acercó y, en voz baja, lo saludó, su tono cauteloso y tembloroso.
—B-Buenos días... —balbuceó Yutong, sin atreverse a levantar la mirada.
WeiYun, nervioso también, le devolvió el saludo, su voz suave.
—Buenos días... Oh, esto... Ayer olvidaste tu mochila —dijo, extendiéndosela con cuidado, como si temiera que cualquier movimiento fuera a romper la frágil tensión entre ellos.
—Gracias... —respondió Yutong, tomando la mochila con las mejillas levemente sonrojadas.
WeiYun lo miró fijamente por un momento, buscando alguna señal en el rostro de Yutong que le diera una pista de lo que estaba pensando. Finalmente, rompiendo el silencio, dijo:
—Yutong, ¿podríamos hablar durante el almuerzo? —preguntó, con un tono de preocupación que hizo que Yutong sintiera un nudo en el estómago.
Yutong dudó, su mirada vagando nerviosamente. No se sentía listo para esa conversación, no después de lo que había pasado. Pensando rápidamente en una excusa, murmuró:
—Quedé con Zichen para el almuerzo —dijo apresuradamente, y antes de que WeiYun pudiera reaccionar, tomó a Zichen del brazo y lo arrastró fuera del salón.
WeiYun los observó mientras se alejaban, con una expresión de resignación y desilusión.
—Parece que me está evitando... —pensó en silencio, viendo cómo la figura de Yutong desaparecía entre los pasillos.
Zichen, confundido y sorprendido por la actitud de su amigo, trató de detenerse.
—¿Yutong? ¿Qué pasa? ¿Por qué ahora soy yo el arrastrado? —bromeó, aunque notaba que algo serio ocurría.
Ya a una distancia segura, Zichen lo miró con una mezcla de curiosidad y preocupación.
—¿Qué hiciste ayer? Dijiste que ibas a comprar algo, pero desapareciste por un buen rato... —preguntó, alzando una ceja.
Yutong tragó saliva. No podía contarle la verdad; no podía decirle que había descubierto que WeiYun era un vampiro. Intentó pensar en una excusa rápida, pero su mente estaba en blanco.
—Mmm... Yo... bueno... —balbuceó, buscando frenéticamente una respuesta que sonara convincente.
Zichen lo observó con creciente suspicacia, frunciendo el ceño.
—Vamos, Yutong, estabas con WeiYun, ¿no? Lo sé porque él te devolvió la mochila que usaste ayer. ¿Qué estaban haciendo? —insistió, cruzándose de brazos mientras esperaba la respuesta.
La pregunta hizo que Yutong se sobresaltara, sintiendo el calor en sus mejillas.
—No estábamos haciendo nada... solo... —su voz se apagó, y la imagen del beso de la noche anterior volvió a inundar su mente, haciendo que su rostro se sonrojara aún más.
Zichen entrecerró los ojos, estudiando cada reacción de su amigo. Sabía que algo no estaba bien; lo notaba en la forma en que Yutong evitaba su mirada y el nerviosismo que no podía disimular.
—¿Te pasa algo con WeiYun? —preguntó Zichen, dejando a un lado su tono habitual de broma.
Yutong se mordió el labio, sintiendo que tarde o temprano tendría que confesar algo, pero sin atreverse a contar toda la verdad. Dudó unos segundos antes de hablar.
—Yo... me encontré con él por sorpresa —admitió lentamente—, y... bueno, pasaron algunas cosas. No sé qué hacer... —agregó, sin saber cómo explicarle sin revelar demasiado.
Zichen le puso una mano en el hombro, sus ojos mostrándose más serios de lo habitual.
—¿Qué pasó? Sabes que te apoyaré, sin importar lo que sea, ¿verdad? —dijo en tono firme, aunque en su mente se preguntaba si algo más estaba sucediendo entre ellos dos.
Yutong bajó la mirada, sin saber cómo continuar. Finalmente, susurró:
—WeiYun... me... me besó.
Los ojos de Zichen se abrieron con sorpresa, aunque mantuvo la calma.
—¿Qué? ¿Y tú cómo te sientes al respecto?
Yutong lo miró, con un destello de angustia y confusión en sus ojos.
—No lo sé... no sé qué hacer, Zichen...
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