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Año 1363, Cuarto mes del calendario Ahnssico. Palacio Imperial, Capital Bhendri.
La brisa nocturna me acaricia el rostro cuando atravieso la cortina que cubre la entrada hacia el balcón privado. Localizada en el segundo nivel, la terraza imperial es un espacio abierto que rodea el amplio salón de baile para ofrecer una conexión con el exterior, y, al mismo tiempo, brindar exclusividad.
Y es precisamente lo que necesito a mitad de la grandiosa celebración que se está llevando a cabo en el piso inferior. Demando un poco de privacidad para comprender lo que ha sucedido con aquel hombre.
¿Por qué el hijo del Duque de Bhak es el mismo ser que intentó matarme en el interior del Jardín de Rosas?
¿Qué está haciendo en el palacio?
¿Cómo osa aparecer frente a mí sin una pizca de culpa?
Aún brumada, avanzo hasta detenerme en la balaustrada. Coloco ambas manos sobre la fría superficie de piedra y suelto un suspiro, agitada por el esfuerzo que he puesto en subir los interminables escalones.
El lejano murmullo de la música y la tenue luz de los candelabros que consiguen escaparse del salón, me indican que he llegado a un lugar aparentemente seguro. El helado aire que me envuelve no solo me eriza la piel, sino que, hasta cierto punto, me hace sentir viva.
Sobreviví, otra vez.
O al menos eso parece.
Bajo la cabeza y cierro los ojos, sintiendo el fresco viento de la noche. Me he alejado de los invitados nobles de más alto rango, los cuales continúan disfrutando del banquete en el piso de abajo, para meditar las palabras del hijo del Duque de Bhak.
Una vez que el Emperador y la Emperatriz finalizaron su participación en el baile, aproveché que toda la atención estuviese enfocada en ellos para tomarme un respiro de la celebración.
Con el mentón descansando sobre la palma de mi mano derecha, alzo la mirada hacia el cielo. Tan pronto como mis ojos se encuentran con la luna, siento una extraña calma. Es reconfortante la forma en la que brillan las estrellas; es agradable la manera en la que su luz baña el horizonte más allá del palacio.
La refinada terraza ofrece una vista privilegiada del jardín imperial. En su centro, ha sido edificada una majestuosa fuente, mientras que a su alrededor se levantan tupidos setos, plantas y árboles, delimitados por senderos de lo que aparentemente es adoquín.
Es un panorama hermoso, digno del Palacio Imperial.
Excepto por el diminuto laberinto que se extiende en la zona derecha del patio.
Observo el apacible entorno hasta que el recuerdo de su inexpresivo rostro me agobia. Desde la rígida conversación que tuve con ese hombre, han pasado cerca de dos horas. Durante ese lapso, en el que intenté desesperadamente esconderme mientras simulaba disfrutar los platillos de lujo, su feroz mirada jamás dejó de seguirme.