¿Alguna vez has llegado a un punto de tu vida en el que sientes que ya no encuentras el camino a seguir? Es como estar en medio del mar, a la deriva, con el oleaje empujándote de un lado a otro sin que tú tengas ningún tipo de control de ti mismo. La meta ya no se ve clara, porque ni siquiera sabes cuál será tu destino.
Patricia se sentía un poco así, los últimos meses de su vida habían sido un completo caos, en el que no paraban de ocurrirle cosas que la desestabilizaban cada vez más. Había vivido más experiencias trágicas en esos meses, que en toda su vida adulta. Y es como si el universo no le diera la oportunidad de salir a flote, porque cada vez que sentía que estaba ganando un poco de control en su vida otra vez, algo nuevo sucedía, que la llevaba nuevamente al punto de partida. Y lo peor, era que sentía que no estaba ni cerca de que acabara tanta agonía.
Después de enterarse de la muerte de doña Carmen, Patricia se permitió llorar unos minutos en los brazos de Néstor. Y es que si bien no estaban juntos como pareja en este momento, un abrazo de él siempre la recomfortaba, de hecho, por un instante, allí entre esos brazos que la estrechaban con tanto amor, se sintió otra vez en casa. Porque Néstor Moa, era y sería siempre, el único hogar que conocía.
—¿Cómo te sientes? —preguntó él, cuando ella se separó, poniendo otra vez distancia entre ambos.
—Como si se me hubiera muerto la única amiga que tenía. —le dijo ella, alejándose para volver a sentarse en una de las sillas frente al escritorio.
—Lo siento, mucho, Patricia, de verdad. —Nestór se acercó, agachándose junto a ella, su mirada fija en el rostro entristecido de la mujer.
—No entiendo por qué pasan estas cosas. —su voz sonaba rota. —Esa señora estaba tan llena de vida, era tan alegre, nadie más que ella se merecía seguir viviendo. No es justo que esta puta enfermedad se la haya llevado.
El oncólogo suspiró, Patricia tenía razón, el cáncer no era justo con nadie.
—Yo también me voy a morir en cualquier momento. —no era una pregunta, la presidenta parecía tener claro que ese era el único destino garantizado.
—No digas eso. —Néstor buscó una de sus manos y la tomó entre la suya, acariciando el dorso de ésta con su pulgar. —Estás aquí, viniste a tomar el tratamiento, y eso te va a curar.
—A doña Carmen no pudo curarla. —suspiró, secándose las lágrimas que todavía bajaban en silencio por sus mejillas.
—Es distinto, su quimioterapia era otra. Ella ya estaba en cuidados paliativos, había tenido demasiadas recurrencias, y nada estaba funcionando. —le explicó.
—Pero tú me dijiste que no yo no iba a vivir más de seis meses. —las palabras de Néstor de hace unos días cuando se separaron, todavía la atormentaban.
—Lamento haber sido tan duro contigo, nunca debí haberte dicho eso. —apretó su mano, que hasta ahora ella había permitido que siguiera acariciando con sus dedos, y con la otra mano tocó su mejilla derecha, secando con su pulgar las lágrimas en su cara. —Solo quería que entendieras que necesitabas seguir tomando el tratamiento. Pero perdóname si te asusté, no fue mi intención, no quería lastimarte. Yo creo que con esta quimioterapia tú vas a vivir mucho tiempo, Patricia.
—Tengo miedo. —admitió. —¿Y si no funciona? ¿Qué pasa si esta quimioterapia tampoco me quita este cáncer? Me voy a morir igual que ella.
—Mi amor, eso no va a pasar. —Néstor solo fue consciente de como se había referido a ella cuando Patricia lo miró a los ojos, con el dolor de su separación reflejada en su mirada, porque ese mi amor en este momento, dolía más que nada. —Perdón, la costumbre.
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Entre el debate y el deseo
FanfictionPatricia Segura es una política firme, decidida y honesta con sus ideales, una mujer divertida y llena de vida, pero su mundo se desmorona cuando recibe un diagnóstico devastador: cáncer. Nestor Moa es su oncólogo, un hombre brillante y dedicado, pe...
