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Mientras caminaban de regreso a la mansión Black, James no podía dejar de pensar en el extraño niño que acababan de dejar atrás. Había algo en él, algo que lo desconcertaba y lo intrigaba al mismo tiempo.

Severus no era como las personas con las que James solía estar. No era ruidoso ni bullicioso, ni trataba de llamar la atención como él mismo o Sirius. Su silencio era casi inquietante, pero no de una manera incómoda, sino fascinante. Había una intensidad en sus ojos negros, oscuros como una noche sin estrellas, que parecían verlo todo y al mismo tiempo ocultar un océano de pensamientos.

"Es raro, pero..." James se detuvo mentalmente en esa palabra. No era raro. Era diferente. Su belleza era de esas que no se notaban de inmediato, pero que, una vez descubierta, era imposible de ignorar.

Severus tenía una delicadeza en su rostro que contrastaba con su expresión fría. Su piel era pálida, casi etérea, como si la luz del sol apenas hubiera tenido oportunidad de tocarla. Había algo en la curva de su mandíbula, en el contorno fino de sus labios, que le daba un aire de misterio. Incluso su cabello oscuro, que caía de manera desordenada, parecía tener un brillo sutil que James no pudo evitar notar.

"Es bonito," pensó de repente, sorprendiéndose a sí mismo. "Pero no bonito como una chica... Es diferente. Es como... elegante."

James recordó la forma en que Severus lo había mirado cuando se presentó. No era una mirada intimidada, ni tampoco despectiva. Era analítica, como si estuviera evaluando si valía la pena molestarse en conocerlo. Eso le había dejado una impresión más profunda de lo que quería admitir.

Y luego estaba su voz. Cuando había leído aquel extraño libro, su tono era bajo y pausado, pero había algo en la forma en que las palabras salían de su boca, como si cada una fuera cuidadosamente seleccionada antes de ser pronunciada. Era cautivador, casi hipnótico.

"No sé cómo Sirius puede ser amigo suyo," pensó James con una sonrisa burlona. "Son tan diferentes. Sirius es todo ruido y energía, y Severus es..." Se quedó en silencio, tratando de encontrar la palabra adecuada. Al final, lo único que le vino a la mente fue: "Perfecto en su propia manera."

Mientras seguía caminando, James notó que su mente volvía una y otra vez a Severus. Había algo en ese niño que lo hacía destacar, no solo entre los demás, sino en su propia mente. Por primera vez, James Potter se sintió desafiado, intrigado y, aunque no lo admitiría fácilmente, ligeramente cautivado por alguien tan diferente a él.

"Definitivamente quiero volver a verlo," decidió finalmente. "Tal vez sea más interesante de lo que parece."

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El amanecer en el castillo Prince siempre llegaba de manera pausada y elegante, como si incluso el sol respetara la tranquilidad majestuosa de la familia. Severus despertó en su habitación, rodeado de muebles de ébano tallado y cortinas de terciopelo que bloqueaban la luz matutina. Niniel, su elfa doméstica más fiel, apareció silenciosamente con una bandeja de desayuno que incluía té negro y un pequeño bollo de calabaza, acompañado de una carta de su madre.

"Buenos días, amo Severus. Su señor padre solicita que lo acompañe al invernadero después de desayunar. Tiene algo especial que mostrarle."

Severus asintió, agradeció con un gesto discreto y se preparó para el día. Vestido con túnicas negras bordadas con hilos de plata —un detalle tradicional de los Prince—, salió de su habitación hacia el invernadero.

El invernadero era una estructura mágica impresionante. Cristales encantados protegían las plantas de climas adversos, y una variedad de flores y hierbas mágicas florecían bajo la supervisión de Harold Prince.

"Ah, Severus," dijo su padre, con una sonrisa apenas perceptible. "Hoy aprenderás sobre las propiedades de la Rosa Obscura. Es una planta rara que solo crece bajo condiciones específicas. Quiero que observes cómo se maneja con cuidado."

Harold le mostró cómo cortar las espinas sin que la planta liberara su veneno, mientras explicaba su utilidad en pociones avanzadas. Severus observaba con atención, absorbiendo cada detalle. Su padre era un maestro en el arte de las pociones y un hombre que valoraba la precisión por encima de todo, algo que Severus admiraba profundamente.

Después de la lección, regresó al salón principal, donde su madre, Elena, lo esperaba. La señora Prince era una figura imponente, con un porte regio y una mirada aguda. Ella llevaba consigo un grimorio antiguo que había pertenecido a sus antepasados.

"Severus," comenzó ella, entregándole el libro. "Hoy practicarás los hechizos de protección avanzada. Como heredero de los Prince, es vital que domines la magia ancestral que nos ha mantenido seguros durante siglos."

Bajo la mirada atenta de su madre, Severus conjuró protecciones y escudos mágicos. Aunque la exigencia de su madre podía ser intimidante, él sentía una extraña satisfacción al lograr dominar cada conjuro, ganándose un asentimiento de aprobación de ella.

Más tarde, el día le ofrecía un respiro. Decidió pasar un tiempo en la biblioteca, su refugio favorito en todo el castillo. Allí, rodeado de tomos antiguos y un silencio reconfortante, Severus leyó sobre los rituales mágicos de antiguas familias mágicas. Su fascinación por la magia oscura era algo que mantenía bajo control, pero no podía negar la atracción que sentía hacia su poder.

En el atardecer, salió al jardín trasero del castillo. La extensión de tierra estaba decorada con estatuas encantadas que se movían lentamente y un lago cristalino donde criaturas mágicas como los thestrals venían a beber. Caminó hasta el borde del lago, donde Niniel había preparado una mesa con té y pasteles.

Mientras el sol se ponía, Severus aprovechó para practicar violín, una tradición que su madre insistía en mantener. Su música llenaba el aire con una melancolía que parecía ser parte de su esencia.

Al caer la noche, la familia se reunió para cenar en el gran comedor. Velas flotantes iluminaban la sala, y un banquete delicado preparado por los elfos adornaba la mesa. La conversación era formal, centrada en política mágica y alianzas familiares, temas que Severus empezaba a entender con mayor claridad.

Antes de dormir, Severus escribió en su diario, un hábito que su madre le había inculcado para organizar sus pensamientos y registrar sus avances mágicos. Mientras la noche envolvía el castillo Prince, Severus cerró los ojos, sabiendo que el día siguiente traería nuevos desafíos y lecciones, como correspondía a un heredero de sangre pura.

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⏰ Última actualización: Dec 02, 2024 ⏰

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