La tirada de Marrón

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Abro los ojos y de nuevo soy un siamés, ya empiezo a acostumbrarme y a pensar que esto puede ser el inicio de una nueva etapa en mi vida, es difícil de asimilar que de noche sea un humano y por la mañana me convierta en un gato, sin llegar a volverme loco, ni reaccionar de forma irracional, quizás espere a ser de nuevo humano para dejar fluir alguna reacción, me temo que ahora en el cuerpo de este animal sería algo innecesario y ridículo.
  Olisqueo mi cama y huelo a otro animal y recuerdo la noche anterior y todo lo ocurrido, recorro con rapidez toda la casa en busca de aquella gatita, no la encuentro. Mis tripas rugen y mi instinto animal se dirige a casa de Tere.
  Voy hasta la cocina, la puerta del lavadero sigue sin estar cerrada del todo, deslizo mi cuerpo por la rendija y de un salto mis patas caen sobre la barandilla, camino hasta la casa contigua, encuentro la puerta cerrada y en el interior de la cocina está Tere, preparándose el desayuno.
  Un primer maullido y ni caso, un segundo y tampoco se da cuenta de que estoy allí, me acerco a la puerta y le doy un cabezazo al cristal. Ella levanta su cabeza, me ve y viene a abrirme la puerta.
  —¿Tú aquí?, te marchaste sin decir nada —dice y continúa hablando —tendré que hablar con tú dueño, ¡ah!, por cierto, Josefa me dio dinero para que te comprara lo que quisieras, quedó muy satisfecha con tú intervención. 
  Me habla como si me conociera de toda la vida y al escuchar el agradecimiento de Josefa yo maúllo, ronroneo y froto mi cuerpo por sus piernas, es mi forma de agradecérselo, supongo.
  —¿Quieres que te ponga de comer?
  Yo vuelvo a maullar y ella sale al lavadero y coge el saco de pienso, vuelca una cantidad de croquetas y me pone el plato en el suelo, no sé qué mierda llevan para que acerque mi nariz, olisqueo primero para luego llenarme la boca y masticar, trago y Tere me pone el otro cuenco con agua.
  Sé que en cuanto beba el pienso se hinchará en el estómago dejándome saciado del todo, una vez acabado el cuenco de pienso y bebido agua me acerco a Tere y maúllo para llamar su atención. Quizás sería mejor esperar a la noche y hablar con ella de todo esto, siendo una médium, ella podría comunicarse con algún espíritu o saber algo de lo que me está sucediendo.
—¿Quieres decirme algo? —pregunta y yo maúllo como si le estuviese hablando—. Vamos a mi habitación, te tiraré las cartas a ver si estas pueden ayudarme a entenderte.
  Se levanta de la mesa de la cocina y yo la sigo, entramos en la habitación, sube la persiana y abre las ventanas, después se dirige hasta el mueble dónde estaba el altar y el gran espejo, de un cajón saca una baraja.
  Mientras ella iba haciendo, yo daba un salto y me colocaba sobre la mesa, dónde comencé mi aseo personal, algo a lo que me estaba acostumbrando y que hacía después de comer.
  Por lo visto a Tere no parecía molestarle aquello que yo estaba haciendo, retiró la silla para sentarse, sacó de la bolsa una baraja y compenza a barajar, hace un corte y deja dos pilas de cartas frente a mí.
  Me mira y espera a que yo acabe con mi aseo personal, estaba sentado sobre mis cuartos traseros y mi pata derecha estaba estirada, yo lamía su interior como si no hubiese nada, ni nadie a mi alrededor. Levanté mi cabeza y me sentí observado, paré para fijar mis ojos azules en ella.
  —¿Ya has acabado? —preguntó.
  Yo tenía toda mi atención fija en ella, moví mi cabeza hacia un lado y bajo lentamente mi pata para acabar sentado.
—Bien, veo que ya me prestas algo de atención —dice, para luego preguntarme—. ¿Qué mazo quieres?
  Yo miro los dos montos de cartas y con mi pata señalo uno de ellos, ella no se extraña, ni tampoco hace ningún comentario, simplemente lo coge y deposita cuatro cartas sobre la mesa, deja el mazo y vuelve a mirarme.
  Me inquieta el que ella me trate de esa forma tan familiar, al tiempo que sabía que era la única persona que una vez fuese humano, podría explicarle lo sucedido en los últimos dos días y no se escandalizaría al escucharme.
  —Verás, necesitas un nombre y puede que dar con el verdadero sea bastante difícil. ¿Qué te parece que te llame Marrón?, ya sé que es obvio y nada original.
  Yo maúllo, que más daba cómo me llame ella, el caso es que cuando me convirtiese en un humano ella no podría negar que marrón es un gato siamés, que pasa del balcón de mi casa al suyo por el lavadero, así que volví a maullar.
  —Está bien, veamos que te deparan las cartas, Marrón.
  Sacó la primera carta, la puso sobre la mesa, alineó la segunda, la tercera y la cuarta carta. Tere no hablaba, sólo las miraba o más bien las contemplaba, pensé que estaba orquestando un relato creíble, pero lo que yo no sabía era que ella estaba en un proceso de incredulidad ante aquellas cartas y no fui conocedor de lo que pasaba hasta que ella no empezó a hablar.
  —Marrón no te lo vas a creer, ni yo misma puedo creerlo —consiguió decir.
  No era por hacerle un feo a aquellas palabras, simplemente mi yo gato tenía la necesidad de lamerse la pata en ese momento y aquello pareció que lo que me decía no iba conmigo.
  La Rueda de la fortuna, la muerte, el nueve de oros y, por último, el mago, esas cuatro cartas estaban sobre la mesa.
  —Marrón, estas cartas son idénticas a..., verás, hace unas noches sentí la necesidad de hacer una tirada y salieron estas mismas cartas.
  Maullé y maullé, no entendía que quería decir con aquellas palabras y necesitaba que Tere se explicara. La verdad es que ver en blanco y negro no era nada agradable, al igual que ver sobre aquella mesa la carta de la muerte.
  No es que yo entendiera de estas cosas, aquello me daba bastante respeto y tras el uso que hizo Paco de mi cuerpo para hablar con su mujer, supe que la realidad superaba cualquier ficción televisiva o literaria.
  —Empezaré explicando un poco el funcionamiento de esta tirada, cuatro cartas, no solo la carta tiene un significado, la posición en la que la coloco también es importante —decía Tere con un tono lo suficientemente serio como para que yo estuviese atento.
  Yo la miraba atentamente, mis orejas estaban orientadas a todo aquello que ella explicaba, de vez en cuando un ruido llamaba mi atención y una de ellas se desorientaba para determinar si estaba en peligro.
  —La Rueda de la fortuna nos dice que tendrás en un presente cercano, si es que no está ocurriendo ya, algo inesperado, una transformación favorable o un movimiento hacia algo positivo.
  Me miró he hizo una pausa para que yo pudiera entender aquello que me estaba explicando. Y la verdad era sencillo determinar que la transformación había ocurrido, lo único que no podía precisar era la positividad del hecho. Fijé mi mirada en ella esperando que entendiera que podía proseguir.
  —La muerte, en su posición no tiene mucha relevancia con relación a la primera carta, podría tratarse de algo negativo, que no tiene mucha influencia en este momento —señaló la tercera carta—. El nueve de oros, esta posición es tú presente, indica que estás buscando tú bienestar. Y llegamos a la última, ¡Marrón! —llamó mi atención —, esto es importante y sólo tú puedes darle un significado. El mago es la creación de la vida que necesitamos para la transformación de lo material en lo espiritual, ese significado lo da su posición y que la carta que le antecede es el nueve de oros, espero que tú puedas darle un significado.
  Tras aquellas palabras, salté de la mesa y mi instinto animal se hizo cargo de mi cuerpo, mientras en mi mente se grababan las palabras de Tere. De un salto subí al sofá y empecé a amasar el asiento, sabía lo que venía después de ese ritual, yo acabaría durmiendo.
Abro los ojos y recuerdo dónde estoy, Tere está junto a mí, mira la televisión y su mano me acaricia lentamente y de forma distraída. Me reconforta y me recuerda a mi madre. Cuando sobre su regazo acariciaba mi pelo y yo cerraba los ojos y me permitía un momento para no pensar, simplemente me quedaba allí tumbado.
A diferencia de aquel momento de mi niñez, mi yo irracional quiere estirar sus patas al tiempo que arquea su cuerpo, abro la boca y bostezo, una primera vez seguida de una segunda. Mi cuerpo tiembla al estirarse. Y ya estoy lamiéndome aquella parte de mi pelaje que la mano de Tere había estado tocando hacía un segundo.
Ella sigue viendo la televisión, yo salto del sofá y me dirijo hasta la cocina, allí maúllo, me giro y sigo caminando, al pasar por los comederos bebo agua y cuando huelo el pienso meto mi cabeza para comer unas cuantas croquetas.
De un salto me enfilo en la barandilla, camino sobre ella para de nuevo saltar y entrar en mí casa. Paseo por el comedor mirando de un lado para otro y de repente me dejo caer como si aquel lugar es el indicado para ello, no me duermo simplemente me quedo estirado.
Pasan los minutos y no conforme con quedarme en esa postura me levanto de nuevo para deambular por mi casa, subo, bajo y voy de nuevo a mi habitación, la verdad es que la vida de un gato puede llegar a ser de lo más aburrida, si no fuera por las visitas a casa de Tere..., espero y deseo que la próxima vez que vaya tenga algún que otro cliente que quiera saber algo del más allá.
No es que me guste que los espíritus me utilicen para transmitir mensajes del inframundo, más bien pienso en la cantidad de horas que paso durmiendo. Y eso es lo que estoy haciendo de nuevo, amasar la ropa de la cama, sé que seguidamente daré un par de vueltas, suspiraré y colocaré la cabeza sobre las patas delanteras.
No sé cuánto tiempo ha pasado, he escuchado el timbre y mis orejas han sido las primeras en moverse. <<Sí, ha sido eso lo que he escuchado>>, me estiro, levanto y camino hacia la puerta.
No puedo creer que mi transformación se ha completado en el momento en que llegaba a la puerta de la entrada de casa y al estirar mi mano y coger la maneta de la puerta era eso, una mano con cinco dedos que se estiraban para agarrar la maneta.
Sin pensarlo he abierto la puerta y digo sin pensarlo, ya que en ese momento estaba desnudo, menos mal que a primera vista no había nadie en el rellano, hubiese sido un poco incomodo explicar el motivo de mi desnudez, he mirado hacia abajo en el momento en que he escuchado un maullido.
La preciosa gatita de la noche anterior llama mi atención con un maullido lastimero, bajo sus patitas hay un pijama rosa y encima del felpudo mi ropa, esa que llevaba la noche anterior, la cojo y huele a esencia floral, la dejo sobre el mueble de la entrada y lo siguiente que hago es coger a la gatita, no quiero que salga corriendo y se pierda por las escaleras, la meto en casa y la dejo sobre el sofá, vuelvo de nuevo a la entrada y recojo la ropa y el sonido de unas llaves llama mi atención, son dos llaves sujetas a un cordón, miro las dos puertas del rellano y un pensamiento pasa rápido por mi mente, <<¿y sí la llave es de alguna de esas dos puertas?>>, la voz de mi yo crítico me grita,<< ¡y si te pones los pantalones y dejas de estar desnudo en el rellano!>>, sé que tiene razón, no sabría cómo explicar...
Entro y me coloco los pantalones, la camiseta. Vuelvo a salir al rellano, todavía tengo en la mano las llaves, realmente no sé qué tipo de personas viven tras aquellas dos puertas, lo lógico será preguntar a Tere, << pero ¿cómo?>>, me pregunto sin hallar la respuesta, así que me limito a recoger el pijama rosa dónde estaba la gatita, tiene el mismo perfume que mi ropa.
Por mucho que piense no entiendo nada de lo que está pasando, cierro la puerta de casa y al entrar al comedor dejo la ropa sobre una de las sillas y encima las llaves. Antes de ver cómo está la gatita escucho un primer estornudo, seguido de otro y otro más. Me asomo y ella saca su lengua rosácea de forma rápida para lamer su naricita.
Hoy parece algo descuidada, espero que no haya estado todo el día en la calle y por eso esté estornudando y lleve ese pelaje mal peinado. Me dirijo hasta la cocina, tomo una cerveza, la abro por el camino y voy directamente a mi despacho, necesito ponerme a trabajar, sin inspiración y con una historia que nada tiene que ver con el género que yo escribo, siento que soy un fracasado y empiezo a pensar que posiblemente aquel primer libro sea lo único que pueda escribir y por lo tanto tendría que plantearme el trabajar en otra cosa que me permita pagar el alquiler..., <<joder, el adelanto, tendré que devolver la pasta que la editorial me dio por el siguiente libro>>, ese que tendría que ser la continuación de mi primera novela y que ni siquiera he empezado.
Me siento y le doy un trago largo a la cerveza, miro la pantalla y tras mucho pensar, no se me ocurre nada que pueda transformar lo escrito en una novela policiaca. Me recuesto en el respaldo de la silla y dejo que mi subconsciente obre el milagro que mi consciente no quiere.
Al cabo de unos minutos noto que la gatita se ha subido en mi regazo y cuando bajo mi cabeza veo como esos ojos color esmeralda me miran fijamente y quedo atrapado en ellos. Y empiezo a pensar, <<qué misterio puede ocultar este animal>>. Podría ser el inicio de una historia. Vuelvo a leer lo que había escrito y empiezo a ver qué es lo que puedo salvar y que parte transformarla en algo misterioso.
Son las cuatro de la mañana, estiro los músculos de todo el cuerpo, he estado tan tensionado escribiendo que siento que el cansancio se apodera de mí, miro el reloj, salvo el documento en el que he trabajado de forma frenética y al moverme noto que Lady también se ha despertado. Me levanto de la silla y veo que todavía están las impresiones que hice de la gatita y recuerdo que no las he pegado por el barrio, mañana sin falta lo hago, posiblemente la estén buscando.
Cojo los ejemplares y voy hasta el recibidor y los dejo junto a la ropa que he encontrado en la entrada de casa. Vuelvo sobre mis pasos, ella todavía está en el despacho, la miro.
—Lady me voy a la cama, estoy hecho polvo —. Le habló como si me pudiera entender.
La cojo y la deposito en el lado derecho de la cama, ella se estira y comienza a lamerse y yo sonrío, sé que lo hace para eliminar mi rastro. Marrón también lo hace. Hablo de mí mismo en tercera persona y me suena algo raro. Me desnudo y percibo que la gatita me mira sin parpadear, añado una nota mental, me gusta la forma en que fija su mirada y quiero que sea una característica de mi protagonista, bostezo y me quito el resto de la ropa quedando en calzoncillos, retiro el cobijo de la cama y me meto dentro. El interior de la cama esta frío y me desvela, así que empiezo a imaginar cómo sería mi protagonista y al pensar en sus ojos color esmeralda, busco a Lady, se ha hecho una bolita, sin mover su cabeza orienta sus orejitas rosadas hacia dónde yo estoy y al ver que no soy una amenaza las baja y sigue con los ojos cerrados, ese es el momento en que dejo las gafas sobre la mesita y apago la luz.

Lady & MarrónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora