¿De quien es el gato?

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Salgo del interior de la cama, como la otra vez la transformación me ha pillado durmiendo y quedando atrapado bajo el cobijo de sábanas y mantas. Me estiro soportando el peso de éstas y busco la salida, de nuevo huele a la gatita, pero ella no está. Por si acaso investigo por la casa, al tiempo que sacudo mi cabeza, no sólo tengo que asimilar lo ocurrido en los últimos días, además he de procesar si las visitas de Lady son reales o fruto de una imaginación que necesita de un psiquiatra.
Mientras camino hacia casa de Tere, dejo que mi yo felino tome el mando, no estoy bien, esta situación me está empezando a sobrepasar. Voy a la cocina, salgo al lavadero y de un salto empiezo a caminar sobre la barandilla, la puerta del lavadero de Tere está abierta, por lo que deslizo mi cuerpo al interior y camino en su búsqueda, agudizo mis oídos y no percibo ninguna vibración, así que voy hasta el comedor, de un salto subo al sofá, amaso y me recuesto, la esperaré mientras pienso en todo lo que me ha ocurrido hasta ahora.
Escucho voces seguido de risas, me desperezo y camino hacia la entrada, oigo la llave y la puerta se abre, miro hacia arriba y es Tere, habla con..., no la conozco, pero es preciosa, pelo rubio, un cuerpo de escándalo y ... <<Así que esta es la vecina que vive frente a mi puerta>>, y mientras hago esa reflexión humana mi yo felino se desliza entre las piernas de Tere para pasar por delante de mí puerta, la del ascensor y sin ser visto me cuelo en la casa de la vecina.
Husmeo, miro y camino sin importarme donde voy, percibo un olor, sigo caminando y entro en el dormitorio, la cama es grande, doy un salto y amaso la colcha, el aroma que respiro me relaja y después de mucho amasar camino hasta la cabecera y me dejo recostar allí. Mis orejas se han movido, escuchan cerrarse la puerta y vuelven a su posición sin importarme que me acabo de colar en la casa de mi vecina y por lo visto me importa bien poco que se moleste al verme dormir en su cama.
Suena el timbre de la puerta, levanto la cabeza al igual que mis orejas, bostezo e intento escuchar algo y al no conseguirlo me dirijo hasta el comedor, camino pegado a la pared, me paro y me froto con el marco de la puerta. Ahora son dos voces las que oigo. Tengo mucha curiosidad, la voz del hombre es grave y noto cierto tono de enfado, en cambio la de ella es lineal, muy suave para mis oídos.
Ella le dice que se siente, que si quiere tomar algo y él dice que no a su ofrecimiento, así que allí estamos los tres.
Me siento en mis cuartos traseros y junto los delanteros, mi cabeza se mueve siguiéndola a ella y a su acompañante, qué al entrar ha invadido el amiente con un perfume muy cargante para mi sensible olfato, he comenzado a estornudar sin poder evitarlo, primero uno, seguido de otro así hasta que me he visto en brazos de ella. La miro con la misma atención que lo hace ella, << ¡Ups!, creo que estoy en problemas>>.
Él pregunta por mí, ella contesta que no es asunto suyo. Su mano pretende acariciar mi pelaje, yo suelto rápidamente una de mis zarpas arañando su mano, por lo visto no es del agrado de mí yo gatuno. Retira la mano y ella dice que soy algo arisco con lo masculino. <<Si pudiera reír>>, en vez de eso me pongo frotar mi cara contra su cuello y a ronronear entre sus brazos, su aroma me es familiar.
Y la cosa se pone interesante, él habla, el tono de su voz a cambiado es algo más suave y meloso. Ella escucha, pero siento como su corazón late fuerte y aceleradamente. No sé qué quiere decir eso, pero está consiguiendo que me duerma en sus brazos.
La conversación continúa en los mismos términos y me acabo durmiendo, hasta que ella alza la voz, por lo visto el meapilas ese la ha hecho enfadar y me deposita en el sofá, bostezo me estiro y me siento observando cómo ella señala con su dedo índice y mi cabeza se mueve como si de un juego se tratase, tengo ganas de darle un manotazo, levanto mi pata y la muevo esperando alcanzarlo, y en ese juego estaba cuando ella le ha asestado un bofetón.
Y yo me he quedado con la pata levantada, mirando lo ocurrido hasta que mi sentido felino se ha sentado de golpe y he comenzado a pasar mi lengua por mi pata, no hay nada que hacer, toca asearme y lo hago de forma obsesiva, por lo que no sé lo que ha ocurrido después de aquello.
Estaba tan tranquilo lamiéndome, cuando unos brazos me cogen por debajo de mis patas delanteras, sus ojos me están mirando al tiempo que me habla, yo intento zafarme de esa postura incómoda, en mi primer intento de agarrarme con mis patas traseras me he visto zarandeado.
<<A ver, amiguito. ¿Tú de dónde sales?>>, hace un mohín con su boca y yo maulló. <<Vamos te llevaré a casa>>.
Camina cogiéndome como si fuese algo que mantener fuera de su alcance, con lo a gustito que estaba yo entre sus brazos y ahora mi cuerpo está colgando. Maúllo protestando por el trato. Con cierta dificultad ella toca el timbre de la casa de Tere y en cuanto abre la puerta.
<< ¿Es suyo este gato?>>, dice la rubia. <<Marrón>>, el tono de Tere es de desconcierto, seguro que se estará preguntando qué hago yo en casa de..., <<gracias Nataly>>, habla Tere al tiempo que alaga sus brazos y yo paso de manos de ella a los de Tere.
Maúllo en el traspaso. Lo siguiente que se dicen deja de importarme, estoy molesto e intento zafarme. Tere se da la vuelta me deja en el suelo y cierra su puerta, yo camino y miro hacia atrás a ver si me sigue Tere, al comprobar que sí lo hace, sigo caminando hasta la cocina y vuelvo a mirar hacia atrás.
—Marrón —llama mi atención —. Te escapas sin decir nada, ¿y ahora qué es lo que quieres?, supongo que comer. Ya me parecía raro que no vinieses a visitarme.
Estoy impaciente y no hago más que maullar y frotarme contra las piernas de Tere todo el tiempo, hasta que me ha puesto el cuenco de croquetas y he metido el hocico llenado la boca y masticado. Al acabar me dirijo a la puerta del lavadero y está cerrada, Tere la abre no sin antes decirme.
—La próxima vez que vuelvas, me tienes que contar que hacías en casa de Nataly.
Yo he girado mi cabeza para escucharla y en cuanto ha acabado de hablar he saltado a la barandilla y caminado por ella hasta llegar a casa, voy directo a la cama dónde me aseo y comienzo a amasar, para luego tumbarme y dormir. A esto le llamo yo el efecto pienso, he comido tanto que me da sueño.

Lady & MarrónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora