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Continuando...

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James y Sirius se presentaron puntualmente a las ocho en el despacho de la profesora McGonagall. Habían pasado toda la noche especulando sobre lo que les diría, mezclando nervios y emoción. Sin embargo, al entrar, notaron que no estaban solos. Junto a McGonagall estaba Matías, el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor, quien los observaba con una expresión seria pero algo curiosa.

-Tomen asiento, señores -dijo McGonagall, con su habitual tono severo, mientras los dos se acomodaban en las sillas frente a su escritorio.

El silencio que siguió los hizo removerse un poco incómodos, hasta que McGonagall finalmente habló.
-Anoche presencié un espectáculo bastante interesante en el campo de Quidditch.

James tragó saliva, pero Sirius, como siempre, no pudo evitar esbozar una sonrisa.

-Profesora, solo estábamos... practicando -dijo Sirius, con un tono que intentaba sonar inocente pero que no engañaba a nadie.

-Practicando, señor Black, fuera del horario permitido, sin supervisión y rompiendo varias reglas del colegio -replicó McGonagall, arqueando una ceja-. Podría castigarlos severamente por esto.

James abrió la boca para protestar, pero McGonagall levantó una mano para detenerlo.
-Sin embargo, no puedo ignorar lo que vi. Su talento con las escobas es innegable, y Matías aquí presente cree lo mismo.

Los ojos de ambos chicos se iluminaron al escuchar eso.

-¿En serio? -preguntó James, inclinándose un poco hacia adelante en su asiento.

-Así es -respondió Matías, quien finalmente rompió su seriedad con una sonrisa-. He estado buscando nuevos jugadores para el equipo, y lo que hicieron ayer fue impresionante. Creo que ambos tienen lo necesario para ser cazadores.

Sirius y James se miraron, tratando de contener su emoción, aunque sus sonrisas los delataban por completo.

-¿Podremos hacer las pruebas? -preguntó Sirius, sin poder contenerse más.

McGonagall asintió, aunque mantuvo su expresión severa.
-Tendrán la oportunidad de demostrar lo que valen este fin de semana. Si logran entrar al equipo, podrán tener sus propias escobas, siempre que sean modelos aprobados por el reglamento de Hogwarts.

-¡Gracias, profesora! No la defraudaremos -dijo James rápidamente, casi saltando de su asiento.

-Eso espero, señor Potter. Gryffindor tiene una reputación que mantener, y yo espero excelencia en todo momento, dentro y fuera del campo.

Matías se puso de pie y se dirigió a ellos.
-Espero verlos el sábado. Confío en que pueden ser una gran adición al equipo, pero recuerden: el Quidditch es mucho más que habilidad; se trata de compromiso y trabajo en equipo.

James y Sirius asintieron al unísono, todavía radiantes de emoción. Cuando salieron del despacho, no pudieron contenerse más y comenzaron a reír y saltar por el pasillo.

-¡Vamos a tener nuestras propias escobas! -exclamó James, golpeando el hombro de Sirius.

-Y vamos a ser los mejores cazadores que Gryffindor haya visto -añadió Sirius, con una sonrisa que prometía aventuras en el campo.

La emoción era palpable mientras ambos se dirigían al Gran Comedor, ya imaginándose volando juntos como parte del equipo.

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El sábado siguiente, James y Sirius se encontraban en el campo de Quidditch junto a otros estudiantes que participarían en las pruebas. Aunque intentaban aparentar calma, ambos estaban visiblemente nerviosos: eran los únicos de primer año allí. A su alrededor, los aspirantes de años superiores comentaban estrategias, bromeaban y parecían mucho más confiados.

Una vida de merodeadorStories to obsess over. Discover now