Era un día aburrido en la biblioteca, y aunque los chicos estaban allí para estudiar, ninguno de ellos tenía ganas de hacerlo. Remus había sido bastante claro al obligarlos a ir, y aunque algunos trataban de concentrarse en sus libros, no podían evitar sentirse tentados por las travesuras que normalmente acompañaban sus días. James, Sirius, Alex, Thiago y Daniel estaban sentados alrededor de una mesa, con los libros abiertos frente a ellos, pero en sus mentes no había ni rastro de las lecciones.
—Esto es un desastre —murmuró James, mirando a su alrededor mientras tocaba la pluma sin mucho interés.
—Totalmente. —Sirius asintió, levantando la varita sin que nadie lo notara y apuntando hacia una pila de libros. —¿Qué tal si probamos algo más... interesante?
Thiago, Alex y James siempre dispuestos a hacer travesuras, miraron a Sirius.
—¿A qué te refieres? —preguntó Thiago, mirando la varita de Sirius.
—A algunos de esos hechizos q aprendimos—dijo Sirius, con una sonrisa astuta.
—Puedo q ese libro caiga sobre la chica de ahí—dijo James con confianza
Antes de que Alguno pudiera responder, James murmuró un hechizo bajo su aliento. El libro empezó a flotar hacia la chica q había señalado James y q Thiago dijo q el podía hacerlo mejor si quería y q Sirius y Alex dijeron que ellos aun mejor pero que no tenían ganas ahora.
—¿Qué estás haciendo, Potter? —preguntó Daniel, frunciendo el ceño. —¿No se supone que estamos estudiando?
James, sin mostrar remordimiento, hizo un gesto para que Daniel no se preocupe. Mientras los demás se morían de risa cuando estaba a pinto de tirar el libro James sobre la chica.
—Solo un pequeño truco —respondió James, sonriendo mientras, Sirisu hacia un hechizo para q el libro vuelva a su lugar. —Nada grave.
Justo en ese momento, la señora Prince, la bibliotecaria, apareció de la nada, mirando a los chicos con una mirada severa.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —exclamó, mientras caminaba hacia ellos con rapidez. —¡Están molestando en la biblioteca, y no voy a tolerarlo!
Los chicos se quedaron en silencio, mirando la varita de la señora Prince con preocupación, y en un instante todos se pusieron a estudiar de nuevo, como si nada hubiera pasado. Sin embargo, después de un rato, la calma regresó, aunque el aburrimiento de los chicos no desapareció. Fue Sirius quien, al sentirse cansado de estar callado, se inclinó hacia Alex.
—Oye, ¿por qué no vamos a sentarnos con las chicas? —preguntó Sirius en voz baja, mientras miraba a Marlene, Dorcas y Victoria, que estaban sentadas un poco más allá, concentradas en sus propios libros.
Alex sonrió, encantado con la idea.
—Perfecto, ¡vamos!
Los chicos se levantaron disimuladamente y caminaron hacia la mesa de las chicas. James, Thiago y Daniel los miraron desde lejos, intercambiando miradas complicidad y diciendo, casi al mismo tiempo:
—Uyyyy, ¿con qué van a molestar a las chicas ahora?
Sirius y Alex llegaron a la mesa de las chicas, y con una sonrisa de oreja a oreja, Sirius saludó a las tres chicas.
—Hola, chicas —dijo Sirius, como si fuera lo más natural del mundo, mientras se sentaba con Alex a un lado de ellas.
Marlene levantó la vista, miró a Sirius con algo de sorpresa, pero no dijo nada de inmediato. Finalmente, habló.
—¿Y qué quieren, Black? —preguntó, levantando una ceja. —¿Qué buscas aquí?
Sirius, con cara de inocente, simplemente levantó los hombros.
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Una vida de merodeador
NezařaditelnéMomentos de la vida de los merodeadores en Hogwarts entretenidos desde travesuras en clases hasta castigos y ocurrencias y romances
