Considero esta historia para mayores de edad y con criterio formado. Es una historia muy subida de tono, con 2 personajes masculinos.
*******************************
Martes, 10 de Diciembre, 2019. 5am.
Me levanté con un frío tremendo a pesar de estar completamente vestido y mi gordo cuerpo cubierto con una gruesa manta. Abrí mis ojos color marrón claro y decidí que bañarme no sería una opción esa mañana.
Pensé en pedirle a mi esposa que me sirviera un café, pero al tocar alrededor mío, recordé que no estaba ya que se había ido con nuestros hijos a pasar la semana con su hermana en la Ciudad Capital.
Solté un suspiro, revolví un poco mi cabello marrón oscuro y salí de cama. Me dirigí a la cocina, sintiendo una fría brisa recorriendo la casa... Caía una leve llovizna esa mañana de Diciembre...
Con una taza de café en la mano, abrí la puerta trasera e inmediatamente una fuerte brisa hizo que mi cuerpo se estremeciera. Salí y cerré la puerta dirigiéndome al lado izquierdo de la casa donde tenía un gran espacio que podían ocupar dos autos, con un techo de zinc y mallas que separaban el espacio en dos: un espacio delantero y un espacio trasero. El espacio trasero lo uso como taller de mecánica y gracias a las mallas puedo trabajar fuera de la vista de otras personas.
Revisando el espacio trasero noté que el suelo estaba algo mojado, pero no había pasado nada que complicara mi trabajo. La brisa seguía soplando así que decidí regresar a la casa. Al llegar a la puerta vi hacia el lado derecho, hacia la casa de la familia de mi esposa. Su hermano Tony debía de haberse levantado, ya que se veían las luces encendidas. Como no quería encontrarme con él tan temprano, me apresuré a entrar a mi casa.
7:32 am.
La llovizna continuaba con más fuerza, casi no se escuchaban los autos pasando frente a la casa. Estaba sentado en el sillón de la sala, tranquilo, ya que nadie había venido a que les hiciera algún trabajo o reparaciones a sus carros.
De pronto mi celular empezó a vibrar, alguien me llamaba.
P: ¡Aló! - contesté en voz alta - ¿Juanchon?
J: ¡... Pino! - gritaba, pero se me hacía difícil escuchar por la lluvia - Voy a t... c...sa, nec...s...to q... r...vise... mi car...
P: ¡¿Qué le pasó a tu carro?! - pregunté, alzando la voz aún más.
J: ¡¿Qué?! - exclamó - Hab...mo' allá.
Juanchon terminó la llamada, al parecer él tampoco me escuchaba bien. Me levanté del sillón y fui a cambiarme de ropa antes de salir al frente de la casa a esperarlo.
Al igual que yo, Juanchon es un hombre hecho y derecho. Trabaja como taxista y a veces se mete en caminos difíciles para llevar a personas a sus hogares, lo que ha llevado a problemas con su carro que yo he llegado a resolver. Gracias a eso, él confía en mí como su mecánico.
Me desvestí dejando mi gran cuerpo de color canela desnudo, algo que no podía hacer con mucha frecuencia. Me puse un bóxer azul con banda negra que, por más que intentara evitarlo, dejaban ver el inicio de la separación de mis nalgas. Para combatir el frío me puse un pantalón tipo buzo color gris con líneas verticales de color negro a los lados, un suéter manga larga negro y medias negras junto con unas zapatillas.
Salí a esperar a Juanchon y después de un buen rato, con la fuerte brisa y la lluvia a toda su potencia, que incluso con techo en la entrada dejó el piso totalmente mojado, llegó una grúa con su taxi. Con señas, le indique al conductor de la grúa que lo colocara hacia el espacio del taller y, mojándome un poco, cruce hacia allá. Mientras el taxi descendía de la grúa, Juanchon se bajó y corrió hacia mí, diciendo que ya había arreglado el traslado con el gruista que lo ayudó. Ya en el suelo, movimos el taxi al espacio trasero, dejando su parte delantera hacia el fondo e intente ver que le había sucedido.
J: Disculpa por traerte e'to hoy Pino - me dijo, secándose la frente.
P: No te preocupes compa - lo tranquilicé, intentando secar mis brazos - Sabes que puedes contar conmigo cuando sea.
Juanchon me dio una palmada en la espalda y, al ser más alto que yo, tuve que alzar la mirada un poco para verle la cara. Estaba sonriendo. Mientras la grúa se iba, se pasó las manos por su cabello corto color negro y me contó que tuvo que mojarse completamente por tener que ayudar a subir su taxi. Su suéter amarillo con rayas negras se le había pegado a su enorme panza que, aunque no era tan grande como la mía, era digna de admirar. Llevaba un pantalón deportivo corto blanco que contrastaba con su piel canela y, al estar mojado, dejaba ver qué tipo de calzoncillo estaba usando, siendo una trusa de color negra con banda azul. Juanchon notó que lo miraba y, con una mirada pícara, soltó una carcajada.
J: El de la grúa quedó peor - se burló, tocando su bulto - Él se cayó y to'o.
P: ¿En serio? - me reí, imaginándome la situación - Y, ¿está bien? - pregunté, algo preocupado.
J: Sí, sí - respondió, despreocupado - Solo se ensucio un poco.
Nos reímos un poco más y decidí buscarle una toalla para que se secara. Por allí mismo busqué mis herramientas para empezar a revisar su carro y encontrar el problema. Regresé al espacio trasero y le di la toalla a Juanchon, quien se sentó en una de las sillas que estaban frente al taxi e intentó secarse cuanto pudo. Dejé las herramientas en el suelo y le pregunté los detalles de lo ocurrido. Me contó que escuchó un ruido muy fuerte en el capote del carro y éste se detuvo de repente, pero que por la lluvia no pudo revisar cual había sido el daño.
Abrí el capote del carro y comencé mi revisión. Encontré cual había sido el problema y saqué partes de una correa. Juanchon, quien me veía desde atrás, se mostró nervioso.
P: Se rompió la correa de distribución - le informé, mostrándosela - Se ve muy desgastada...
J: Se veía bien ante' - afirmó, con cara de culpa - La hubiera cambia'o si supiera que...
P: Te dije que la cambiarás hace 2 meses - lo regañe, mirándolo a la cara.
J: N-no había tenido... eh... tiempo... de compra' otra... - confesó, apenado.
P: ¿Cómo no vas a tener tiempo? - exclamé entre risas - Te la pasas en la calle... - dije en voz baja.
J: Trabajando - contestó, sacando pecho.
P: Que bueno no pasó a mayores... - indiqué, entre aliviado y preocupado.
J: La próxima la compraré de una ve' - prometió con una gran sonrisa despreocupada.
P: Tómate esto en serio compa - le reclamé, con cara seria - Pudo haber sido peor esto...
J: Lo sé... - murmuró, apartando la mirada - Te parece' a Teddy regañándome...
P: Pero a él si le haces caso de una vez - dije en tono burlón - Pareciera que te gusta te traté así...
J: ¡Ya compa! Parece' mi mujer - gruño, tirándome la toalla.
P: No soy mujer tuya ¿oíste? - rugí, tirándole la toalla de vuelta - Soy un hombre bien macho pa' que sepas compa. Hasta más macho que tú.
J: Pero no te moleste' compa - me pidió en medio de risas - Solo falta que me nalguee' como castigo.
P: Pues tal vez debería - respondí riendo - A ver si así le haces caso a tu mecánico.
J: Mejor nalgueo a mi mecánico - sugirió de forma pícara - Ya le dije que la próxima la compraré...
P: Si, sí. ¡Mejor! Así no tardaría tanto en arreglar esto - lo interrumpí - Deberías comprar correas de repuesto cuando vayas por el reemplazo - le aconsejé.
J: Como uste' diga mi mecánico - contestó, sonriendo.
Lo miré soltando una pequeña risa y me di la vuelta para ponerme a trabajar.
La lluvia seguía cayendo, con ruido estruendoso y vientos fuertes, a pesar de ser de día, las nubes oscurecían el pueblo. Me era difícil sacar las partes de la correa, ya que estaban muy atascadas y no podía ver bien con qué, así que le pedí a Juanchon que encendiera el foco de la luz del taller. Ya con mejor visibilidad, me recosté en el auto y empecé a buscar la forma de sacar las partes.
De pronto sentí algo... extraño... entre mis nalgas. Algo se hacía espacio entre ellas dejándolas al descubierto y en contacto con la tela del pantalón. Era mi bóxer, el cual se metió cuanto pudo, llegando a la mitad de mi espalda... Pero ¿cómo...? ¿Se me enganchó con algo?
J: ¡Disculpa compa! - exclamó, riendo - E' que se te salían las nalgas - bromeó, soltando mi bóxer.
P: La próxima solo dime eso - gruñí, molesto - No me hagas eso de nuevo - le pedí, volteando a mirarlo.
J: ¿Te gusta anda' mostrando la raya? - se burló, pegándose a mí.
P: ¡Nada de eso! - grité, sacándome el calzón de las nalgas.
J: Entonce' súbete bien el calzón - repuso, acercando sus manos a mi cadera.
P: ¡Quita! - exclamé, apartando sus manos.
Apenas lo hice, él se agachó y de un tirón me bajó el pantalón dejándome solo en bóxer. Por la sorpresa no pude moverme de donde estaba, por lo que cuando Juanchon se levantó no pude defenderme de su siguiente movimiento.
Agarró la parte de adelante de mi bóxer y la jaló hacia arriba con fuerza suficiente para hacerme soltar un gemido, el cual fue amortiguado por el sonido de un claxon proveniente de la calle. Intenté detenerlo, pero no lograba que soltara mi calzón, por lo que intenté alejarme de él. Peleamos un poco y empezamos a movernos a un lado del taller hasta que quedamos frente a la puerta de conductor del taxi.
P: ¡Para Juanchon, para ya! - le pedí, sintiendo la presión en mis bolas.
Me dio otro jalón que hizo que una de mis bolas quedara fuera del agarre del bóxer, lo que me hizo gritar y perder el equilibrio, quedando recostado sobre el carro. Juanchon aprovechó el momento y se recostó sobre mí, haciendo difícil que pudiera moverme. Lo único que podía hacer en esa situación era meter las manos en el bóxer para detener la presión.
P: ¡Ya suéltame! - le exigí, empezando a perder la paciencia - Compa, dejé de jugar con mis bolas así.
J: ¿Quieres que juegue con algo má'? - me preguntó al oído, haciéndome estremecer.
La presión en mis partes desaparecía mientras escuchaba otra vez un claxon desde la calle. Las manos de Juanchon se metieron en mi bóxer y recorrieron sin pudor mi gordo trasero. No podía moverme, me agarró de sorpresa lo que hizo... Me quede allí, sintiendo sus manos apretando mis nalgas y su respiración acelerándose.
De pronto, se agachó y sentí como mi calzón recorría mis piernas hasta quedar junto al pantalón en mis tobillos. Me dejó desnudo ante el frío... y ante él. Sus manos tocaron mis bolas y mi miembro dormido, los cuales tape inmediatamente. Él aprovechó mi distracción para darme la vuelta y, antes de que pudiera hacer algo, sentí como sus manos volvían a tocar mi trasero... esta vez metiéndose entre mis nalgas, separándolas...
¿?: ¡Juanchon! - llamó una voz masculina detrás de la malla.
'¡No puede ser!' pensé, asustado.
Si alguien entraba al espacio trasero y me veía en esta situación... Desnudo y con las nalgas abiertas ante otro hombre... ¡¿Qué pensarían de mí?!
¿?: ¡Juanchon! - volvió a llamar el hombre - ¿Me escuchas?
Juanchon se levantó, soltó mi trasero y me sostuvo para que no me moviera. Mi miedo aumentaba al no saber qué pasaría. ¿Cómo dejé que me pusiera en esta situación tan bochornosa?
J: ¡¡Pasa!! - gritó.
P: ¿Qué haces? - pregunté, en pánico.
J: Dile que e'toy en el baño o algo - pidió, lamiendo mi oreja.
P: No, no, no - rechacé su pedido, ya sin poder ocultar mi miedo - No quiero que me vean así.
Juanchon me ignoró y se volvió a agachar justo cuando un hombre gordo pasó por la malla, quedando del otro lado del carro y sin poder ver tan vergonzosa escena en la que me encontraba. El desconocido recorrió el espacio con la mirada buscándolo y cuando me vio, parecía confundido.
¿?: Lo siento, pensé que Juanchon... - se disculpó, mirando el lugar otra vez - me había dicho que pasara...
El pánico de ser descubierto en esta situación me aceleraba el corazón y la respiración. El hombre me miró como esperando una explicación. No me salían las palabras, estaba muy nervioso. Entonces sentí las manos de Juanchon separando mis nalgas una vez más.
P: F-f-u... Fui y-yo - dije con voz temblorosa - Y-y-yo... yo te... te... dije que pa... pasaras.
¿?: ¡Ah! Pensé había sido él - repuso, riendo - Me imagino por la lluvia no distinguí bien la voz.
Tenía que decir algo para evitar que se acercara, tenía que hacer algo para que se fuera y no descubriera lo que estaba pasando de este lado del taxi. Sentí la respiración de Juanchon acercándose a mi trasero, así que intenté patearlo, pero no podía con el pantalón y bóxer en los tobillos limitando mi alcance.
¿?: ¡Oh! Disculpe. Soy Rigoberto - se presentó - El de la grúa. El que trajo el taxi hasta acá.
Rigoberto parecía un hombre decente. Era un poco más alto que yo, pero parecía más bajo que Juanchon, con quien compartía un color de piel similar. Su ropa se veía mojada y algo enlodada. Juanchon empezó a pasar su lengua entre mis nalgas, sentí como su saliva me cubría y enfriaba esa parte de mi cuerpo.
P: Mu-mucho gusto - logré decir - Soy Pino, el...
Ri: El mecánico favorito de Juanchon - reconoció con una sonrisa - Me habló mucho de usted en el camino. Mucho gusto.
Rigoberto se acercó con la mano levantada para que se la estrechara. Con miedo, pase mi mano sobre el techo del carro y le estreche la mano, rezando que no fuera capaz de ver mi desnudez. Mientras Juanchon usaba su lengua para jugar con mi intimidad, el otro hombre se recostó sobre el taxi... ¡¿Se está poniendo cómodo?!
P: ¿Ne... necesitabas hablar... con él? - le pregunté, sintiendo una sensación rara en mi miembro.
Ri: Sí. Es que... se me olvidó pedirle unas firmas - respondió, mirando alrededor - ¿A dónde se fue?
No podía concentrarme con la lengua de Juanchon dando vueltas en mi trasero. Me producía una sensación algo placentera que me hacía sentir extraño. Por alguna razón mi miembro estaba creciendo y estaba siendo aplastado por el resto de mi cuerpo contra la puerta del taxi.
P: Juanchon esta... esta... - dudé al dar una respuesta.
Rigoberto me miró, sus ojos azul oscuro parecían iluminarse. De pronto sentí que me mordían una nalga y solté un fuerte grito.
P: ¡En el baño! - grité inmediatamente para no levantar sospechas - Esta... en el baño...
Ri: Ya veo... - dijo, parecía decepcionado.
P: Si es urgente... puedes... ¿hablar con él a través de la puerta? - sugerí sin pensar mientras sentía otra mordida.
Ri: ¿Me dejaría? - preguntó, animado - No quiero entrar a su casa si es muy molesto para usted - aclaró.
P: ¡N-no! hay problema - afirmé, aguantando otro grito - Solo... eh... ¿podrías esperar al frente de la casa?
Ri: ¡Esta bien! - respondió, sonriente.
El hombre salió del taller a través de la malla de forma extrañamente veloz, aunque no pude pensar mucho en eso porque sentí como mis bolas eran lamidas muy energéticamente.
P: ¡Compa, ya detente! - le pedí otra vez, intentando apartarlo de mí.
Agarró mis manos y las alejo de él. Su lengua recorrió todo el camino desde mis bolas hasta mis nalgas y lo que había entre ellas. Volví a sentir esa sensación placentera...
P: No... No sigas lamiendo allí, esta sucio - le rogué, muy avergonzado.
J: No importa - me contestó, mordiéndome otra vez.
P: Debes ir al baño... debes hablar con... - le recordé, en un intento para que parara - O va a regresar acá - sentí mi respiración un poco más acelerada.
Juanchon se detuvo, soltó mis manos y se levantó. Me sobo las nalgas un poco y paso uno de sus dedos entre ellas, tocando mi intimidad como si quisiera entrar. Rápidamente aparte su mano, pero logró darme una fuerte nalgada y, soltando una carcajada, se alejó un poco de mí.
J: Vístete rápido compa - me ordenó, sonriendo - Te e'peraré en el baño - indicó, yendo hacia mi casa.
Es como si no hubiera pasado nada...
Acaba de desnudarme, lamerme el trasero y las bolas y... actúa como si no hubiera pasado nada...No sé qué le pasaba a Juanchon, pero no esperaba que me hiciera esto. Como hombre no podía creer que un hombre como él jugara con mi trasero de esa manera.
De pronto sentí una brisa fría y rápidamente me subí el bóxer y el pantalón. El pánico a ser descubierto en esa posición tan rara me hizo olvidar del frío del ambiente. Me dirigí a la casa para abrir la puerta del frente, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido. ¿Debería... hablarlo con Juanchon? O ¿Sería mejor olvidarlo y hacer como que no pasó?
P: Hey, pasa, pasa - le indique a Rigoberto al abrir la puerta - El baño esta hacia acá.
Ri: Con su permiso - dijo, entrando a la casa.
Dirigí al hombre hacia el baño y toqué la puerta para avisarle a Juanchon.
J: ¿Rigo? - exclamó detrás de la puerta - ¿Traji'te los documento' para firmar?
Ri: ¿Qué? - me miró como asustado - ¡Verdad! Las firmas... eh... Voy a buscar los papeles.
P: Usa el paraguas que está cerca de la puerta - le sugerí.
El hombre salió corriendo hacia la puerta del frente y Juanchon abrió la puerta del baño. Sin decir nada, me agarró del brazo y me metió al baño con él, cerrando la puerta con llave. No había mucho espacio dentro, ya que no estaba diseñado para tener a dos gordos como nosotros juntos al mismo tiempo.
El lavamanos estaba frente a la puerta que abría hacia el lado izquierdo, donde estaba el inodoro y luego la regadera. Además, había un espejo chico sobre el lavamanos y uno de cuerpo completo en la pared al lado derecho desde el cual pude ver algo que no pensé ver en este día tan loco.
P: ¡¿Qué... haces?! - pregunté, desconcertado.
J: Continuar donde lo dejamos - respondió, acercándose a mí.
Podía ver su cuerpo sin ropa a excepción de su trusa, la cual cubría difícilmente su gran miembro. Nuestras panzas chocaron, sujeto mis manos y me empujó contra la puerta. Alcé la mirada y vi sus ojos, color ámbar claros, brillar con un dejo de placer insaciable. Soltó mis manos y empezó a besarme el cuello mientras sus manos se metían en mi pantalón.
Lo empujé para alejarlo de mí, pero como el lugar era pequeño no pude alejarlo mucho.
Agarró mis bolas e intentó pegarse a mí otra vez, así que traté de darle un puñetazo, pero sujetó mi brazo y jugó con mis bolas al punto de hacerme soltar un gemido. Decidí apretarle las suyas hasta que fue su turno de gemir, llegando a soltarme. Me volteé para abrir la puerta y salir, pero...
Ri: ¡Juanchon! - llamó, tocando la puerta - ¿Dónde está el mecánico?
J: Esta en su taller - contestó, con voz algo chillona.
Otra vez quedé en una situación bochornosa. No podía salir del baño sin que me vieran metido aquí con otro hombre semidesnudo. Juanchon lo sabía, por eso se acercó a mí sin miedo, quitándome el suéter y bajándome el pantalón. Para evitar que me descubrieran, no intenté detenerlo ni hacer ruido.
Ri: Perfecto - celebró - Déjame entrar.
J: No, ahora mismo no - le respondió - ¿Qué tal si regresa?
Ri: Pero quiero verte - replicó, pegado a la puerta.
'¡¿Qué estaba pasando?!' pensé, confundido.
Las manos de Juanchon se metieron a mi bóxer, una sobando mi trasero y la otra agarró mi miembro, lo que me hizo soltar un pequeño gemido. Temí me hubieran escuchado, pero al parecer no fue así.
J: Déjame termina' - gruñó, pasando sus dedos entre mis nalgas - No creas que te dejaré i' sin darte lo tuyo.
Sus palabras parecían dirigidas más a mí que a Rigoberto. Dejó de tocarme y acto seguido me bajó el bóxer hasta el piso, para luego quitármelo junto al pantalón y tirarlos a la regadera. Mirando al espejo de cuerpo completo, pude ver qué se bajó su trusa también. Esto iba a algo que no debía permitir, pero si me veían así... todos pensarían lo peor y no puedo dejar que cuestionen mi hombría de esa forma. Me volteé y cubrí mi trasero, mirando a Juanchon y moviendo mi cabeza en forma de negación.
Ri: ¿Qué me harás? - preguntó, alegre.
J: Te daré la vuelta - respondió, sonriendo - Te lameré todo y te haré mío.
Ri: ¿Todo? ¿Hasta las axilas? - parecía disfrutar la conversación.
Se apoderó de mis bolas y las jaló hacia él, tapándome la boca para que no se escuchara el grito que se me escapo. Sin soltarlas, me volvió a dar la vuelta y se agachó para meter su lengua entre mis nalgas otra vez. Mi cuerpo me traicionaba con cada lengüetazo que pasaba por mi intimidad, se empezaba a sentir bien a pesar de tener mis bolas presas en manos del hombre que buscaba humillarme. Mi miembro empezó a reaccionar otra vez, creciendo más y más.
Ri: ¿Juanchon? - llamó - No puedo esperar más bebé.
Mis bolas fueron liberadas y los lengüetazos se detuvieron. Juanchon se levantó y al hacerlo, su miembro rozó mis nalgas, estremeciéndome. Me movió poniéndome frente al lavamanos, desde el espejo chico pude ver como admiraba mi trasero. Intenté tapar mi intimidad en vano, él estaba decidido y yo no podía luchar sin levantar sospechas. Colocó su gran miembro entre mis nalgas, tocando mi ensalivada intimidad.
J: ¡Rigo! - exclamó, poniendo sus manos en mi cadera - Sé que no puedes espera', tu cuerpo te delata.
Agarró mi miembro cuando dijo eso, como si fuera prueba de que yo quería esto, de que estaba disfrutando de esto... Me sentía tan impotente.
¿Dejaba que Juanchon hiciera lo que quisiera con mi cuerpo o salía y que Rigoberto les dijera a otros que me encontró a punto de ser humillado por otro hombre? En ambas situaciones salgo perdiendo.
J: Te haré mío - declaró, decidido - Me quedaras pidiendo má'.
Esas palabras fueron solo para mí. No podía moverme... Estaba ansioso, molesto, asustado y, por alguna razón, mi miembro temblaba en anticipación. Al menos esta opción sería un secreto entre Juanchon y yo.
Empecé a sentir su miembro empujando hacia mi intimidad, poco a poco abriéndose paso, entrando fácilmente gracias a su saliva. Otro hombre estaba entrando en mí y no cualquier hombre, uno de los más machos del pueblo. Mi amigo, mi compa... me estaba haciendo suyo, me estaba haciendo su mujer.
J: Ya casi va la mita' - me dijo al oído - ¿Te esta' gustando?
No pude evitar soltar unos gemidos, temiendo que él los tomara como afirmación. Mis piernas estaban temblando, agarraba muy fuerte el lavamanos, evitaba mirar al espejo, pero sabía que no había marcha atrás. Estaba entrando y yo lo estaba recibiendo sin luchar. Mi hombría corría peligro. Tenía que aceptar esto o ser el hazmerreír del pueblo. Mi trasero tocó el resto del cuerpo de Juanchon, lo que significaba que...
J: Esta to'a dentro - anunció, orgulloso - No sabía que era' tan goloso compa - me felicitó con una sonrisa.
P: Cállate - gruñí, conteniendo la rabia - Ya sácala y termina con esto.
J: Goloso y con hambre - se burló, mordiendo mi oreja - Haré lo que me pide' compa.
Rigoberto seguía hablando con Juanchon, quien me acariciaba sin perder tiempo.
Mi miembro estaba muy firme y el resto de mi cuerpo respondía a sus caricias, haciéndome gemir o temblar, dándole más razones para creer que estaba en lo correcto.
Sentí su miembro moviéndose dentro de mí, saliendo poco a poco para después entrar de nuevo de un solo tirón, para salir de nuevo y entrar otra vez. Y otra vez y otra vez, y otra vez. Sujetó mis manos y las puso en mi espalda, como si me arrestara, para poder embestirme con toda su fuerza manteniendo todo el control.
Ya casi no escuchaba la voz del hombre detrás de la puerta, pero Juanchon seguía contestándole. Lo único que evitaba que nos vieran era una puerta. La lluvia escondía el sonido que hacían las bolas de Juanchon al chocar con mis nalgas. Cada embestida era un fuerte golpe a mi hombría y al mismo tiempo la mantenían intacta ante los ojos del pueblo. Podían descubrirnos en cualquier momento, pero también era posible que nadie se enterara.
J: ¿Te gusta ser mío? - me preguntó de pronto
P: ¿Tuyo? Soy hombre - me reí, desafiante - Y estoy casado...
J: Yo también - repuso, metiéndome su miembro hasta el fondo - Y... aquí... estamo'... tu... y... yo - declaró, embistiéndome con cada palabra.
Juanchon me inclinó sobre el lavamanos, sujetando mis brazos y mi cabeza de forma que quedara mirando hacia el espejo en la pared. Desde esa posición no podía ver mi cara, pero si mi trasero mientras su miembro entraba y salía a su antojo. Esa vista provocaba en mí una sensación extraña entre molesta y placentera, lo que me hacía dudar de mí mismo. Al verme así no pude evitar pensar que al creer que protegía mi hombría de esta forma, solo buscaba excusas para no aceptar que mi compadre estaba disfrutando de quitármela, de humillarme y de hacerme sentir su mujer... Juanchon me estaba dominando completamente.
P: Ya fue suficiente compa - suspiré, entre gemidos - Ya hiciste lo que querías conmigo.
J: ¿Ya te hice mío? - me preguntó al oído.
P: N-no lo hiciste - respondí, intentando librarme de su agarre.
J: Eso no e' lo que dice tu cuerpo - señaló, besando mi cuello - No e' lo que dicen tus gemido'.
P: No soy tuyo - gruñí, luchando por apartarlo.
J: Entonce'... No he hecho lo que quería contigo - explicó, dándome más duro.
P: Soy un hombre hecho y derecho... Bien macho - declaré, furioso - No soy tuyo, no soy tu hombre... No soy tu mujer.
Juanchon miró al espejo y detuvo su movimiento de cadera de forma que podía verse el largo de su miembro, desde la base hasta la parte en la que comenzaba a desaparecer dentro de mi trasero. Me mostraba que era real, que su miembro había entrado en mí, que me gustaba...
P: ¿Crees que esto me hace tu mujer? - pregunté, desafiante.
J: Ya tengo mujer', no necesito otra - reconoció, serio - Pero ve' como un macho como tú e' en realida'...
P: Yo no soy así - insistí - La realidad es...
J: ¿Quieres ve' la realidad? - me interrumpió, algo molesto.
Me agarró del cuello y me levantó, poniéndome frente al espejo, exponiéndome a una imagen que nunca pensé ver.
J: Nada se compara con esta vista - me susurró al oído.
Juanchon tenía razón. Mi intimidad expuesta... siendo embestida por él... mi cuerpo sudado... demostrando el poder de ese hombre... mis piernas temblorosas... de lo bien que me hizo sentir...
Nada se comparaba a la vergüenza que este hombre hecho y derecho podía sentir...
La vergüenza más grande que sentía era ver su miembro completamente erecto mientras otro hombre lo hacía sentir placer.
J: Tu cuerpo me dijo que tú también quería' esto - contó, viendo mi cara derrotada - Así que no te sienta' mal compa.
No podía dejar de ver la bochornosa escena que era mi cuerpo. Juanchon seguía embistiéndome con toda su fuerza haciendo que mis bolas y miembro rebotaran a su ritmo, cementando mi vergüenza. Se me hacía más difícil contener mis gemidos, ya no me importaba si me descubrían. Sentí que soltaba mis manos, así que las puse sobre la pared mientras me inclinaba, echando el trasero hacia atrás y sintiendo su miembro entrar más profundo. Me sentía bien, parecía disfrutarlo, su cuerpo y el mío chocando...
Sonó un rayo que me despertó del pequeño letargo en el que estaba. Logré ver desde el espejo mi esencia siendo liberada de mi miembro a chorros. Sin necesidad de estimularme con sus manos, logró sacar todo de mí. Al parecer él tenía razón.
Juanchon soltó un fuerte gruñido mientras me daba las últimas embestidas. El calor de su esencia llenó mi interior y sus brazos abrazaron mi cuerpo mientras nuestra respiración se normalizaba.
Poco a poco fue sacando su miembro hasta que lo único de él que quedó dentro de mí fue su esencia. La prueba de que me había hecho suyo.
J: Siéntete orgulloso compa - me felicitó - Aguantaste como buen macho.
Se separó de mí y sentí uno de sus dedos entrando en mi intimidad... Su mano acariciando mis bolas... Jugando un poco más con la poca hombría que me quedaba.
Me dio una nalgada antes de ir hacia la regadera y agarrar mi bóxer, luego levantó su trusa y me la puso en la cara para que la oliera. Desprendía un fuerte olor, entre húmedo y sudado. Uso mi bóxer para limpiarme entre las nalgas y me lo puso, como si fuera un bebé que necesitaba que lo ayudarán.
Todo esto fue para conservar mi hombría ante el pueblo, pero entre Juanchon y yo... Ya la había perdido toda.
J: ¿Estás listo pa' sali'? - preguntó mientras se vestía.
P: No quiero que me vean - respondí, sin mirarlo.
J: No te preocupe' - me calmó - Ya Rigo se fue.
P: ¿Cómo así? - me extrañé - ¡¿Desde cuándo?!
J: Creo que ante' de que me recordarás que tenemo' esposa - respondió, despreocupado.
P: ¡¡¿Qué?!! - grité, furioso.
Me volteé y lo miré con rabia. Él sabía que no había nadie afuera del baño y aun así continuó dominándome. Me hizo ver tan vergonzosa imagen en el espejo... Dejó que me entregará a él... Pude haber conservado mi hombría...
J: Esto e' entre tú y yo compa – señaló, serio - No le diré...
P: Será mejor que no le digas a nadie - exclamé, con voz temblorosa - Si alguien se entera...
J: Nadie lo hará - me prometió - No quiero que deje' de ser el macho goloso que ere'.
P: ¡Cállate! - ordené, yendo hacia él - Deja de llamarme así.
J: Pero si me aguantaste. No cualquiera lo hace - reconoció, riendo - Hasta dejaste que te llenará de mi esencia.
P: Yo no te dejé - gruñí, a punto de golpearlo - No volverás a llenarme de... eso...
Agarré mi ropa y salí del baño. Fui a mi cuarto, me cambié de calzoncillo, me volví a vestir y me dirigí al taller. Juanchon estaba sobre su taxi, sacando partes de la correa, meneando felizmente su enorme trasero.
Quería golpearlo, gritarle, avergonzarlo, hacerlo sentir menos hombre. Mi rabia y enojo eran inmensurables. A pesar de todo, aún no podía creer que mi compa me hiciera eso, nuestra amistad era de años y actúa como si no hubiera pasado nada.
¿Mi cuerpo me traicionó... o solo se dejó llevar? Tal vez Juanchon tenía razón y quería disfrutar de lo que me hacía, pero como hombre no podía aceptarlo. Tal vez me lo hizo tan bien que no me quedó otra que ceder y dejarlo. ¡¿Qué estoy pensando?! Fuera cual fuera la razón, esto sería un secreto entre él y yo.
Soltando un suspiro para calmarme, lo aparté del carro y le ordené que se sentara lejos. Me dispuse a seguir trabajando en su taxi, haría lo mismo que él y actuaría como si no hubiera pasado nada. Ante el pueblo, seguiría siendo un hombre hecho y derecho, un hombre bien macho. Pero ante él... me gustará o no... sería a quien lleno de su esencia, su compa aguantador, su macho goloso.
Aunque fuera un secreto. No había mayor vergüenza que esa.
***************************
Secreto de Pino
Fue criado en un ambiente machista, donde el hombre era el fuerte, el que trabajaba, el que mandaba y la mujer era la sumisa, la que cuidaba, la que obedecía. Creció con ese pensamiento y no cambió ni después de casarse, en todo caso, empeoró.
Cuando su hermano entró al mundo de la política tuvo que afrontar varios retos, entre ellos, ataques a su sexualidad. Esto molestó tanto a Pino, que empezó a preocuparse por la reputación de su familia y por la opinión de los demás. Es por ello que trata de mantener una imagen de hombría pura ante el pueblo y evitar que se dude de su sexualidad y la de su hermano.
*****
Bueno, Pino tuvo una muy interesante... introducción.
¿Qué les parece la actitud del mecánico del pueblo?
¿Qué opinan de las acciones de Juanchon?
Se me acaba el año y aún tengo historias por publicar.
¿A cual personaje les gustaría leer antes que acabe el año?

ESTÁS LEYENDO
Historias de Calzón Chino.
FanfictionUna variedad de historias con Calzón Chino como factor principal. Veremos como hombres gordos quedan en situaciones comprometedoras gracias a sus deseos, siendo uno de ellos el de jalar calzoncillos. Espero les guste.