𐚁 ֹ ִ 𝗵𝘆𝘂𝗻𝗅𝗂𝗑 ! ୧ ֹ ִ ❝Hwang Hyunjin tenía una sola misión como espía: vigilar y atrapar a Lee Felix, heredero de una de las mafias más peligrosas del país. Todo parecía ir perfecto, nada ni nadie podría vencer a alguien tan poderoso como él...
Bajo el infierno en el que se sometieron, encontraron un rincón de paz, en donde el fuego no ardía en sus pieles.
Sin embargo, no tenían idea que, dentro de esa paz en medio del averno, había una lluvia de fuego que pronto caería sobre ellos, y calcinaría cada retazo de sus pieles.
Y entonces, ya no sería un solo demonio, si no dos. Dos demonios muertos por haber pecado en el mismísimo infierno.
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No atinó sino hasta que oyó la puerta cerrarse. Hyunjin se quedó unos segundos, largos segundos observando el suelo de su departamento como si la presencia de Felix se hubiese quedado impregnada allí, como si hubiese sido hechizado y ahora ni su mente ni su cuerpo podían funcionar óptimamente.
Se incorporó cuando se dio cuenta de que estaba haciendo el ridículo en su propia casa. Observó las botellas vacías, el sushi a medio terminar, y se sintió aún más extraño al percatarse de que no, no había sido producto de su mente.
Realmente se habían besado. Lo había besado.
No, mierda, eso no podía ser cierto. Estaba borracho, de seguro se lo había imaginado, pero entonces, ¿por qué sentía un sabor alcohólico y dulce a la vez sobre sus labios? No suele consumir dulces, mucho menos los mezclaba con alcohol. Pero Felix sí.
⏤Mierda, no, nonono ⏤masculló, poniéndose de pie de un salto. El efecto del alcohol se esfumó como si no se hubiese bebido tres botellas hace quince minutos atrás. El vasito terminó de derramarse y repiqueteó sobre la alfombra cuando se escapó de sus manos.
Sus labios tocando los suyos, deleitándose de ellos como si su inconsciente lo hubiese estado pidiendo a gritos durante todo este tiempo. ¿Habrá sido así? No, claro que no, se respondía. Era obvio que ambos estaban cegados por el alcohol cuando aquella tragedia sucedió. Hyunjin, estando sobrio, ni siquiera se le pasaría por la mente acercarse de esa manera a Felix. Se sentía casi como una abominación, aunque, desde que entró a la mafia, cuando se adentró al infierno con él, no ha dejado de cometer abominaciones. Pecados tan grandes que podrían costarle la vida.
No tenía idea de que esto todavía era el comienzo, y que una vez se entere de ello, el fuego del averno terminará de consumirlo y corromperlo en un demonio más.
Se adentró en su habitación y se cambió los pantalones por unos shorts y camiseta deportivos. Tenía que distraerse de alguna manera, aliviar la tensión en su cuerpo que no ha dejado de sentir desde la noche anterior, y que parecía haberse perpetuado con aquel beso que, ojalá, pudiese borrar de su mente, y de sus labios, los cuales cada vez que los relamía saboreaba su edulcorante.
Lo saboreó una vez más antes de salir. El dulce no se desvanecía por más que intentaba deshacerse de él, y no sabía si era suerte o desgracia, porque sabía que disfrutarlo no era lo correcto, pero lo estaba haciendo.
Aunque, desde que llegó aquí, ¿cuándo ha hecho lo correcto?
Salió del edificio y comenzó a trotar. La imagen se repetía constantemente en su cabeza, y el rememorar las sensaciones que provocó en él le revolvían las entrañas. Trotó varias cuadras, corrió incluso en un intento de centrarse en el presente, pero resultó ser superfluo. Felix seguía allí.