Él me vio bailar.
Estabamos solos él y yo, acompañados del sonido del mar, la brisa que bajo la luna daba un aire cargado de magia y misterio, y las ramas que iban siendo consumidas por el fuego que permitia calentar el espacio donde estabamos.
Estabamos sentados en la arena, mientras las olas del mar chocaban contra la orilla tranquilamente, hasta que de repente empezaron a sonar unos tambores junto con flautas. Era como estar en otro universo, no sabíamos de donde provenía la dulce melodía que no hacía más que sacarnos un suave e imnotizante ritmo del cuerpo.
Nos miramos a los ojos.
Yo vi en sus ojos el reflejo del fuego que nos calentaba. Me invitaban a dar el primer paso.
¿Pero el primer paso hacia donde?
Cerre los ojos un momento para dejarme llevar poco a poco por el sonido envolvente.
En mi piel podía sentir el aire pegajoso, como si me hubiera bañado en miel y chocolate.
Me mecí de a poco, mientras estaba sentada en la arena, pasandome las manos por mis piernas descubiertas. El vestido blanco que cubría mi cuerpo se volvió descuidado por la brisa que lo hacía volar.
Esos pequeños detalles no le pasaban desapercibido a mi acompañante.
Mi cuerpo era recorrido por las sensaciones, como si estuviera entrando a un trance de un embrujo profundo.
Mis hombros se movian despacio, balanceandose y siendo el ritmo de los tambores.
Volví a abrir los ojos para encontrarme a un ser expectante.
Esa era su invitación.
Sin apartar ni un solo segundo la mirada, dejé que mi instinto me guiara.
Apoyé una mano en la fría arena, mientras podía sentir como poco a poco el fuego de la hoguera se iba metiendo por mis poros.
Después apoyé la otra mano, como si estuviera adoptando la figura elegante de un gran felino.
Levemente pude ver como su semblante se convertía en algo más.
Me levanté despacio, y volví a cerrar mis ojos.
Mis pies me empezaron a guiar. Mis piernas se empezaron a mover, y mis brazos y mis manos acompañaron al baile que empezaba a crear.
Mi cuerpo estaba siendo liberado.
Entré en un trance de saltos, movimientos elegantes y sensualidad.
Mis caderas se movian al son de los miles de sonidos que me envolvían, haciendome parte por un momento de lo que era esa gran infinidad.
En mi pecho solo crecía un sentimiento que jamás antes había experimentado.
Hasta que abrí mis ojos.
Lo siguiente que vi eran otros ojos envelesados. Tenía la atención de él y también de la luna.
Cogí una gran bocanada de aire fresco mientras me quedaba estática. De repente me di cuenta que a mis pies estaba el agua fresca del mar, y mi vestido ya no estaba seco.
Como si fuera un lobo hambriento, se paró y lo que se sintió como una eternidad, fue caminando hacia donde yo me encontraba.
Ambos lo sabíamos. Yo estaba al mando del mundo, de su mundo.
Yo era la gitana que lo había hechizado.
Él posó lentamente su mano detrás de mi espalda, mientras que me llevaba a su pecho.
Pude ver en sus ojos que la llama que había en sus ojos se había vuelto la lava de un volcan. Su mirada era abrasadora.
Y antes de caer, pude darme cuenta de que yo no era la única que había utilizado artimañas.
Él me habia hecho caer ante su propio embrujo.
Bajó su mirada hacia mi boca, siempre provocándome.
Se iba a acercando despacio hacia mis labios, creándo una burbuja que nos envolvía únicamente a los dos, permitiéndome inhalar toda su esencia.
Ahí supe que ya había perdido la cabeza.
Lo único que quería era un beso suyo.
Pero antes de llegar a tal deseoso destino, el empezó a mover los pies al son de la música. Tal y como lo hice yo.
Yo seguía sin ser dueña de mi, dejé que él me dirijiera.
Pues yo era suya, y eso él también lo sabía.
Tal vez solo era en ese momento, pero él también sabía eso.
Comenzamos a bailar en ese momento, con él envolviéndome entre sus brazos para después dejarme ir.
Sentí el aire correr por mis mejillas mientras me levantaba y me daba vueltas.
Tocaba las palmas para que yo siguiera el ritmo, y yo solo podía dejarme llevar.
Mi pelo negro se movía con el viento, y mi amor se olía desde lejos.
La luna jamás nos avandonó, fue testigo de aquel extraña y espontanea ceremonia que le habíamos regalado.
Eramos dos amantes que se dejaron llevar por la magía.
Y ya cuando la música llegó a su fin, nosotros nos quedamos justo en la misma posición en la que habíamos comenzado a bailar. Solo que a diferencia de ese antes, él si me regaló ese beso ansiado.
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Cuando hay silencio
RandomEsto es como la vida... Incomprensible, un caos, pero alguien podría sentirse identificado. Ojalá cada palabra de este pequeño diario te llegue hasta el alma.
