⚔️ 𝗘𝗻𝗱 𝗼𝗳 𝗕𝗲𝗴𝗶𝗻𝗻𝗶𝗻𝗴
Cheryl Lawrence nació para servir y adorar a los dioses, para luchar y morir por ellos. Era patético que su existencia se redujera a ser una simple marioneta divina, pero esa era la realidad de su vida. Una romana...
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Cheryl no había tenido una buena noche. Sus sueños estuvieron plagados de recuerdos de su vida en el Campamento Júpiter y de batallas que nunca había librado, pero que parecían avecinarse en un futuro cercano. Además, la voz de su padre resonaba en su mente, advirtiéndole que se alejara de cierto semidiós. ¿Pero de cuál? ¿Jason? Así que, cuando se despertó para ir al colegio, se sentía agotada. Sus ojeras, aunque sutiles, la delataban, al igual que la cantidad de veces que casi se quedó dormida sobre su libro de álgebra en la clase de la señora Stiffer, una mujer que estaba a punto de jubilarse y que parecía detestar a sus alumnos con una pasión digna de estudio. Detestaba a los estudiantes tanto como Cheryl detestaba el colegio. No entendía qué se le había pasado por la cabeza cuando rogó por una vida más normal. Claro, disfrutaba de los recreos, de conocer gente y de no tener que entrenar todos los días, pero tampoco podía negar que extrañaba a sus amigos y la cotidianidad del campamento.
Cuando sonó el timbre de salida, salió como alma que se lleva Plutón, fue directo a su casillero y sacó su skate. Se dirigía a casa de Percy, suponiendo que él también habría ido al colegio y como su instituto quedaba un poco lejos del departamento de Percy, decidió aprovechar el camino para comprar algo de comer.
Al llegar al edificio, sacó un papel arrugado de su mochila y leyó el numero de puerta. Soltó un suspiro y entró al ascensor, subiendo al piso indicado. Buscó el número de puerta y golpeó con el puño la madera, esperando pacientemente. Pasaron unos segundos antes de que la puerta se abriera, revelando a una mujer de unos treinta años, castaña, de ojos verdes y bastante guapa. Cheryl asumió que era la madre de Percy.
—¿Hola? —preguntó la mujer con amabilidad, aunque con una pizca de confusión.
—Hola, soy Cheryl Lawrence. Soy amiga de Percy. ¿Está en casa?
La mujer pareció sorprendida, como si no estuviera acostumbrada a que su hijo hiciera amigos, pero después su expresión cambió al reconocer el nombre.
—¿Ah? ¡Oh! Sí, sí, pasa, cariño. Me llamo Sally Jackson, es un placer conocerte. Percy me ha hablado de ti.
Cheryl le sonrió y entró al departamento, que le recordó al suyo por su tamaño acogedor.