⚔️ 𝗘𝗻𝗱 𝗼𝗳 𝗕𝗲𝗴𝗶𝗻𝗻𝗶𝗻𝗴
Cheryl Lawrence nació para servir y adorar a los dioses, para luchar y morir por ellos. Era patético que su existencia se redujera a ser una simple marioneta divina, pero esa era la realidad de su vida. Una romana...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Arreglarse para una cita jamás había sido algo malo para Cheryl.
Sin embargo, sus anteriores salidas nunca habían contado con la presencia de su madre y Jason, que actuaban como dos chismosas a su alrededor. Tampoco había salido nunca con alguien como Percy. El rubio era diferente, y a ella le gustaba, mucho.
Así que Cheryl se permitió sentir nervios por un chico, algo que no le ocurría a menudo, si es que alguna vez había sucedido.
Mientras la hora se acercaba, sus nervios aumentaban. Y no ayudaba tener a Jason haciendo ruidos de besos ni a su madre riéndose a carcajadas.
La pelirroja cepilló su cabello lacio y se maquilló ligeramente. Un toque de corrector, brillo labial y máscara de pestañas eran suficientes para ella. Lo único que no podía dejar de pensar era en la marca del campamento en su brazo. Se había puesto una capa gruesa de base para esconderla, no estaba segura de si la niebla lo taparía lo suficiente, y no quería arriesgarse a que Percy la viera. No iba a ser fácil inventar una historia convincente sobre esas marcas.
— No sé qué ponerme —dijo, exasperada, mientras sacaba y dejaba caer prendas del ropero, todas sobre la cara de Jason.
— ¿A dónde van a salir? —preguntó el rubio, asomando la cabeza entre la ropa caída.
— ¡No lo sé! ¿Al cine? —respondió Cheryl, mirando confundida a su madre y a su amigo. — Percy dijo que sería sorpresa.
— Algo casual, cariño —respondió su madre con tono tranquilo.
— Sí, además, seguro que a Percy le encantas hasta con una bolsa de basura —sonrió Jason, picaresco.
Cheryl rodó los ojos y sacó un par de prendas del armario antes de meterse al baño. Optó por un vestido azul. La verdad es que no solía usar vestidos, no porque no le gustaran, sino porque no eran nada prácticos cuando se trataba de luchar contra monstruos. Pero esa noche, ningún monstruo iba a arruinar su cita, o al menos eso esperaba. Había rezado a su padre Marte y a Júpiter para que nada interfiriera en su noche.