⚔️ 𝗘𝗻𝗱 𝗼𝗳 𝗕𝗲𝗴𝗶𝗻𝗻𝗶𝗻𝗴
Cheryl Lawrence nació para servir y adorar a los dioses, para luchar y morir por ellos. Era patético que su existencia se redujera a ser una simple marioneta divina, pero esa era la realidad de su vida. Una romana...
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Percy llegó a su casa con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca se había sentido así antes, y mucho menos estando cerca de una chica.
Las únicas chicas con las que solía interactuar eran las del campamento, pero nunca en un contexto tan… íntimo. Con Cheryl era diferente. Eran amigos, sí, pero había algo más, algo que no podía ignorar.
Antes de la cita, le había pedido consejos a su madre y a su mejor amiga, Annabeth. Claro, hablar de estos temas con su madre le daba un poco de vergüenza, pero logró reunir el valor para pedirle algunos consejos.
Tanto Sally como Annabeth coincidían en lo mismo: tenía que decirle lo que sentía. Pero no de golpe. No estaba listo para una confesión abierta. ¿Y si Cheryl no sentía lo mismo? Quedaría como un idiota y arruinaría su amistad. No podía arriesgarse a perderla. Así que optó por algo más sutil, más indirecto.
Y, al menos, estaba seguro de que su mensaje había sido claro. Cada vez que coqueteaba con ella, Cheryl se sonrojaba de forma evidente… igual que él lo hacía cuando ella coqueteaba con él.
Se dejó caer en su cama, con la mirada fija en el techo, pero con la mente dando vueltas sin parar.
¿Era demasiado pronto para sentir esto? Nunca se había enamorado antes. Amaba a muchas personas: a su madre, a sus amigos, pero esto era diferente. Cheryl ocupaba su mente de una manera completamente nueva. Era lo primero en lo que pensaba al despertar y lo último antes de dormir.
Quería estar con ella todo el tiempo. Amaba escucharla hablar con emoción sobre mitología romana. Amaba cómo sus ojos azules brillaban con intensidad, cómo su sonrisa perfecta iluminaba todo a su alrededor. Su piel clara, salpicada con unas cuantas pecas adorables en la nariz y las mejillas. Su cabello pelirrojo, lacio y brillante, ondeando cada vez que el viento lo tocaba.
Amaba lo que ella le hacía sentir.
Cuando estaba con Cheryl, se sentía bien, como si los problemas no existieran. Como si la vida de semidiós, las batallas, la inminente guerra contra Cronos, todo eso… fuera solo un molesto chicle pegado en su zapato.