⚔️ 𝗘𝗻𝗱 𝗼𝗳 𝗕𝗲𝗴𝗶𝗻𝗻𝗶𝗻𝗴
Cheryl Lawrence nació para servir y adorar a los dioses, para luchar y morir por ellos. Era patético que su existencia se redujera a ser una simple marioneta divina, pero esa era la realidad de su vida. Una romana...
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El lunes por la mañana llegó más rápido de lo que le habría gustado. Cheryl se vistió sin muchas ganas, aún con la cabeza llena de pensamientos sobre Percy Jackson. No podía sacárselo de la mente, y eso la exasperaba. Cada pequeño recuerdo de su cita volvía una y otra vez, como si su cerebro se negara a soltarlo.
Jason ya se había ido al campamento esa madrugada. Le había dejado una nota rápida sobre el escritorio:
“No hagas locuras. Y saludo a ese Percy ;).”
Cheryl rodó los ojos al leerla. Con una sonrisa divertida guardo la carta en su mesita de noche.
Pero lo cierto era que Jason tenía razón en algo: sí se estaba encariñando. Y mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
Suspiró, se colgó la mochila y salió rumbo al colegio. El cielo estaba cubierto, con nubes grises que amenazaban con lluvia. El aire olía a tierra húmeda, y el viento enredaba su cabello pelirrojo, haciéndola apretar el abrigo contra el cuerpo. Caminaba rápido, como si eso la ayudara a alejarse de sus pensamientos. Pero no había forma. Cada paso parecía acercarla más a él.
Durante las primeras horas de clase, no logró concentrarse. La profesora de historia hablaba y hablaba, pero las palabras sonaban lejanas, confusas, como un murmullo de fondo. En su cuaderno, el nombre “Percy” apareció garabateado entre las notas sin que ella se diera cuenta. Cuando lo notó, su corazón dio un brinco. Lo tachó enseguida, mirando a ambos lados para asegurarse de que nadie la hubiera visto.
Ridículo. Se estaba comportando como una niña.
A la hora del almuerzo, decidió salir un rato al patio para despejarse. El aire frío le despejó la mente, pero no lo suficiente. Y entonces lo vio.
Percy Jackson estaba apoyado contra la verja del colegio, esperándola. Tenía las manos en los bolsillos y el cabello despeinado por el viento, con esa sonrisa tan suya, un poco torpe, un poco encantadora. Por un momento, Cheryl creyó estar imaginándolo. Pero no. Estaba ahí. De verdad.
—¿Qué haces acá? —preguntó, acercándose con una mezcla de sorpresa y nervios.
Percy se encogió de hombros, sonriendo. —Pasaba por el barrio… y pensé que tal vez te gustaría almorzar conmigo.
Ella arqueó una ceja, divertida. —¿Pasabas por el barrio?
Él soltó una risa suave. —Bueno, tal vez vine un poco solo para verte.
Cheryl intentó mantener la compostura, pero la sonrisa se le escapó. —Eres imposible, Jackson.
—Y tú dices eso cada vez que me ves. Creo que empiezo a tomarlo como un cumplido.
Rodó los ojos, pero no pudo evitar reír. Su corazón latía con fuerza, y por primera vez en mucho tiempo, se sintió… liviana.
Por un momento, se quedaron en silencio. El bullicio del colegio desapareció, el mundo pareció detenerse. Él extendió la mano, invitándola a acercarse. Cheryl dudó un instante, recordando las advertencias, los peligros, la vida que llevaba… pero al final, tomó su mano.