El sonido agudo de los tacones resonó por el pasillo de mármol, un ritmo seco que rebotaba en el suelo frío y pulido de la gran mansión. Hanni se detuvo ante las imponentes puertas, sus dedos rozando el borde del marco ornamentado. El frío de la madera pulida parecía filtrarse en su piel, como si la misma casa intentara someterla. Un escalofrío familiar le recorrió la espalda, una sensación a la que ya estaba demasiado acostumbrada.
Hoy no era solo otro día más de sus interminables obligaciones familiares; era el día en que su vida cambiaría de manera irreversible. Y lo sentía en el fondo del estómago, un nudo imposible de desatar, por mucho que lo intentara.
No había sido ajena al cambio en el ambiente de la casa, a la tensión latente que se había asentado sobre su familia como una densa niebla. Los susurros de los sirvientes, las miradas afiladas de sus padres, todo apuntaba a algo mucho peor que simples problemas financieros o fracasos políticos.
El poder de su familia se había ido desmoronando poco a poco, debilitado por los errores de sus padres, y ahora estaban desesperados. Lo suficiente como para apostar todo en un matrimonio arreglado—lo único que Hanni siempre había jurado evitar.
La idea de entregar su futuro a manos de alguien más era insoportable. Casarse por poder, por estatus... su vida no estaba destinada a ser una simple pieza en un tablero de ajedrez. Estaba destinada a ser suya, a estar bajo su control. La sola idea de estar atada a alguien que apenas conocía, elegido únicamente por la influencia de su familia, se sentía como un nudo apretándose alrededor de su garganta.
Hanni permaneció ante la puerta, su corazón martilleando con una adrenalina que se sentía como miedo y rabia mezclados en uno solo. No era solo el matrimonio, era el hecho de que su familia ya había decidido por ella, como si su voluntad no importara en absoluto. No, ni siquiera como una consideración tardía. Quizás como un simple desecho.
Con un respiro vacilante, empujó la puerta. Las bisagras chirriaron ominosamente y Hanni entró en la sala de estar. La fría y elegante decoración de la habitación, con sus techos altos y pisos de mármol reluciente, se sentía opresiva ahora, sofocándola con su formalidad.
En la larga mesa de madera pulida estaba su padre, con los hombros rectos, la mirada dura e implacable. Su madre, siempre la imagen del control y la gracia, se sentaba a su lado, con una expresión fría y calculadora, como si ya hubiera visto el desenlace de aquel día. Ninguno de los dos alzó la vista cuando Hanni entró; su atención estaba completamente puesta en la chica sentada frente a ellos.
Haerin estaba sentada en una de las sillas artesanales, con una postura impecable, irradiando una elegancia que parecía intocable, ajena a la tensión que flotaba en el aire. Cuando sus ojos se encontraron con los de Hanni, hubo una breve pausa, casi imperceptible, un instante en el que el mundo pareció congelarse.
Hanni no pudo descifrar lo que cruzó por la mirada de Haerin—¿simpatía? ¿Lástima? ¿O era algo más frío, una aceptación silenciosa de un destino que ya estaba sellado?
Pero no podía permitirse detenerse en eso. No. No iba a dejarse llevar.
—Hanni —la voz de su padre cortó el silencio como una cuchilla, profunda y autoritaria—. Hemos acordado un matrimonio con la familia Kang. Es definitivo.
Sus palabras la golpearon como una bofetada, la certeza en su tono arrancándole los últimos vestigios de esperanza que le quedaban. Hanni contuvo el aliento, pero se negó a dejar que lo notaran. Abrió la boca para protestar, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta, ahogadas por el peso de lo inevitable.
No tenía poder en aquella sala. Estaba atrapada.
La mirada de su padre se fijó en la suya, firme, inmóvil. No le importaba lo que ella sintiera al respecto. Era evidente en la forma en que la miraba, como si la desafiara a desobedecer.
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kittyz one shots
Fanfictiontodas son adaptaciones créditos a los escritores originales
