Ya listas, subieron a la camioneta donde Juliana decidió manejar. Mientras tanto, Valentina, vestida con su ancho suéter y unos pants, se quejaba de lo mucho que habían tenido que madrugar.
Al llegar al sitio que Renata había rentado para el photoshoot, ambas quedaron sorprendidas por la belleza del lugar. Sin embargo, apenas pusieron un pie allí, las maquillistas y organizadoras abordaron a Valentina, dejando a Juliana completamente sola.
—¿Emocionada? —preguntó Nayeli, acercándose con una botella de agua para Juliana.
—Un poco. Quiero saber qué piensa Val de esta colección. Ya sabes, ella me dio la idea.
Nayeli soltó una risilla al notar cómo su jefa observaba todo el set, buscando con la mirada a Valentina. Era un ritual que se repetía cada vez que una nueva colección salía y Valentina debía modelarla. Y siempre era la misma historia: "Valentina me dio la idea". Cualquier queja casual que Valentina hubiera hecho mientras iban de compras o algún comentario sobre el vestuario de un personaje en la ficción era suficiente para que Juliana diseñara colecciones enteras adaptadas a sus necesidades. A Nayeli siempre le había parecido adorable.
—Por supuesto. ¿Qué fue esta vez? ¿Algún reality con un vestido que "pudo ser mejor"?
Juliana rió y miró a Nayeli.
—De hecho, esta vez fue durante una fiesta en casa de Sergio. La pequeña quisquillosa criticó cada uno de los atuendos de los presentes.
—Y, por supuesto, tú tenías que hacer la mejor versión de ese desastre para ella.
Juliana sonrió de medio lado y volvió a mirar al frente.
—Supongo.
Unos minutos después, Valentina apareció con uno de los nuevos vestidos de Juliana. Su maquillaje era delicado y su cabello apenas había sido recogido. Lucía preciosa, y Juliana no pudo evitar sonreír en grande al verla.
—¡Juls, quedó mil veces más increíble que en el boceto!
—¿Tú crees?
—¿Crees? ¡No por nada fue mi primera elección! Ya es mío, que lo sepas —dijo con una sonrisa juguetona, empujando suavemente el hombro de Juliana con un dedo.
—Por supuesto, su majestad.
Valentina rodó los ojos y sonrió.
—¿Cómo me veo? ¿Algún ajuste antes de la cámara? —preguntó, dando un giro completo frente a ella.
Juliana la miró atentamente y negó con la cabeza.
—Luces preciosa. Adelante.
Valentina sonrió, esta vez más tímida, y se alejó hacia donde estaban el camarógrafo y los asistentes.
-
La música variaba según el estilo del espacio y la prenda que Valentina llevaba puesta. Al ritmo de cada melodía, ella se movía con naturalidad, posando con gracia mientras seguía las indicaciones del camarógrafo. Brillaba en cada toma, disfrutando el momento, dejando que la cámara capturara cada uno de sus gestos. De vez en cuando, jugaba con Juliana, aprovechando su presencia para sacar su lado más coqueto: le guiñaba un ojo, le lanzaba besos en medio de las poses, provocando risas suaves en Juliana, quien no podía evitar sentirse cautivada.
A Juliana le encantaban estos momentos, donde sus dos pasiones se complementaban a la perfección. Desde el primer boceto hasta la última puntada, cada diseño lo creaba con una sola imagen en mente: Valentina llevándolo puesto. Pensaba en cómo fluiría con cada prenda, cuál sería su favorita, cómo se sentiría al usarlo. Esa era la prioridad de Juliana al diseñar. Y ahora, al verla frente a la cámara, moviéndose con tanta naturalidad y confianza, confirmaba lo que siempre había sabido: Valentina estaba hecha para brillar.
