El resto de la tarde transcurrió entre flashes, risas y bromas. Aunque Miguel les daba indicaciones, la verdad era que no necesitaban demasiadas. Todo fluía con una naturalidad inquietante, como si no estuvieran en un set rodeadas de cámaras, sino en su propio mundo. Juliana, como siempre le pasaba con Valentina, terminó simplemente dejándose llevar.
Cuando finalmente dieron por terminado el photoshoot, Miguel y el equipo las invitaron a comer en un restaurante cercano. Se cambiaron y salieron caminando hacia el lugar, aún con la adrenalina del rodaje en el cuerpo.Juliana ni siquiera tuvo que pensar en cómo mantener la fachada de su "relación" frente a sus compañeros. No hizo falta. En cuanto salieron a la calle, Valentina saltó hacia ella, envolviéndola en un abrazo y dejando una serie de besos rápidos en su rostro, sin el más mínimo atisbo de vergüenza.
Y ahí estaba, otra vez.
Ese gesto, que habían repetido tantas veces antes, que siempre había parecido inofensivo, ahora le quemaba la piel de una manera que nunca antes había notado.
Dios... Quería disculparse con todo aquel a quien alguna vez le gruñó por insinuar que había algo entre ellas. Porque, viéndolo bien, no podía culparlos. Si lo miraba desde afuera, si se quitaba los lentes de la negación, la culpa era enteramente de ambas.
Y lo peor no era mantener esta farsa.
Lo difícil sería cuando todo terminara y tuvieran que fingir que nunca había existido.
-¡Fue increíble, Juls! —exclamó Valentina con entusiasmo, su energía contagiándola—. De tus mejores trabajos hasta la fecha... ¡y eso que tenías una fuerte competencia, eh!
Juliana sonrió, con esa dulzura reservada solo para ella, y entrelazó sus dedos con los de Valentina casi sin pensarlo.
-Me alegra que te gustara. Aunque creo que tendremos que hacer otra donación de ropa, porque no creo que tu armario sobreviva a más vestidos.
-¡Hey! Me haces sonar como una compradora compulsiva.
-Yo no dije nada... tú lo hiciste.
-¡Juls!
Juliana rió, ligera y despreocupada, antes de tirar suavemente de su mano para seguir caminando.
Así, de la mano, alcanzaron a sus compañeros, que las esperaban en la entrada del restaurante.
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Una vez allí, todo continuó con calma. Abundaban los platillos, así como la cerveza. Juliana, al final, había decidido invitar, pues todos habían hecho un gran trabajo. Todos bromeaban entusiasmados entre ellos.
En un punto más alto de la noche, Valentina se recostó en su hombro mientras seguía conversando con los demás. Juliana solo le dio una mirada rápida y sonrió, tomando otro sorbo de su cerveza.
-Bueno, no nos podemos ir sin antes saber cómo fue que, por fin, se dieron cuenta de esto.
Camila, de nuevo, arruinando el momento. No hay que malinterpretarlo: Juliana adoraba a Camila y a todo su equipo de trabajo. Muchos habían empezado con ella cuando su marca aún era solo un sueño, así que los consentía cada que podía y les guardaba un profundo agradecimiento. Pero ahora... quería estrangular a Camila.
-¿De qué? -contestó fingiendo inocencia, mientras Valentina levantaba la cabeza y tomaba un largo sorbo de su cerveza. Eso hizo que Juliana se preocupara. Valentina y el alcohol no se llevaban bien.
-Oh, tú sabes lo que quiere decir! -intervino Miguel riendo-. Las conocemos hace años y hubo más de una vez que Juliana casi nos asesina por siquiera bromear con la idea de que estuvieran juntas.
