El peor dia

19.1K 1.1K 46
                                        

El sol de la mañana pintaba el cielo con tonos rosados y anaranjados mientras caminaba hacia la escuela, el aire fresco de la mañana aún cargado con el aroma persistente de la tierra húmeda del bosque cercano.  A lo lejos, ya podía ver a Aiden y a los chicos esperándome frente a la entrada del gran edificio.  Francis, como siempre, era el primero en verme.

"—Lea, aquí!", gritó Francis, agitando la mano con tanta fuerza que parecía que se le iba a dislocar el hombro.

"—Fran, no tienes que gritar tan alto", dije, tapándome los oídos.  Su voz, amplificada por la mañana tranquila, me causaba una terrible jaqueca, exacerbada por el mareante mar de olores que emanaban de todas partes: el perfume barato de una estudiante, el sudor adolescente de los chicos del equipo de fútbol, el aroma a café recién hecho de la cafetería cercana.  Todo me abrumaba.

"—Parece que alguien amaneció de mal humor", se burló Tamara, su voz suave pero con un dejo de picardía.

"—Te ves como si hubieras bebido toda la noche", añadió Aiden, su tono preocupado.  Puso una mano en mi espalda, un gesto suave que me tranquilizó.  Su tacto era cálido y reconfortante, un bálsamo en medio de la tormenta que sentía en mi interior.  Aun así, todo se sentía diferente, como si estuviera viendo el mundo a través de una película borrosa.

"—Sí, estoy bien. Es solo que ayer cumplí años y también fue mi primera transformación", expliqué, mi voz un poco más baja de lo habitual.  Podía confiar en ellos; también eran lobos, de una manada vecina.  En este pueblo había dos manadas.

"—¡En serio, Lea! ¡Felicidades!", dijeron todos al unísono, con un entusiasmo que casi me hizo explotar la cabeza.

"—Eres mala, Lea, ni siquiera nos invitaste a tu fiesta", se quejó Francis con un puchero infantil, una imagen graciosa considerando su imponente físico.

Su expresión me causó gracia, y solté una pequeña risa.  Desde que llegué a este pueblo, ellos eran los únicos que me hablaban.  Los demás me miraban con arrogancia o simplemente me ignoraban.  Ya había identificado a los populares, los nerds, los góticos, y nosotros, los neutrales, una mezcla de todo.  Fran era el bromista, Dani el romántico, Tamara la fashionista, y Aiden... Aiden era el carismático, pero en su manada era el próximo Alfa, Daniel el Beta, y Francis el tercero más fuerte.

Caminamos hacia la escuela entre risas y bromas, aunque yo, en realidad, no tenía muchas ganas de estar allí.  La presión en mi pecho era constante, un recordatorio de la transformación y de todo lo que había cambiado en mi vida.

Estábamos llegando a la entrada cuando percibí un aroma embriagador, una fragancia a vainilla que me causó una descarga eléctrica por la espalda.  Era agradable, cautivador, y seguí el rastro hasta su origen: Ethan, el chico popular, el chico que me había ignorado desde que llegué.  Maldito destino, pensé.  No iba a dejar que me arruinara el día.  Lo ignoraría, como él lo había hecho conmigo.

Pasamos junto a él y a su grupo cuando, de repente, alguien me sujetó del brazo con fuerza, girándome bruscamente.

"—Idiota, casi me caigo", dije, molesta.  La presión en mi pecho aumentaba, la sensación de opresión me sofocaba.

"—¿Acaso vas a ignorarme?", preguntó Ethan, su tono arrogante.  "¿Acaso no sabes quién soy?", añadió.

"—Un idiota", respondí, sintiendo una satisfacción oscura al ver cómo cambiaba su expresión con cada palabra.

"—Mira, nerd, deberías estar feliz. Yo soy tu pareja destinada", gruñó, sus ojos oscuros y amenazantes.

"—Ese es tu problema, idiota. No me importa si eres el rey de Roma, Elvis, o si el estúpido destino dice una mierda. Para mí, es un no", le espeté, mi voz firme a pesar del miedo que sentía.  La opresión en mi pecho era insoportable, pero mi orgullo era más grande.

"—Eres una...", comenzó a decir, pronunciando las palabras que todos temíamos escuchar de nuestra pareja destinada, pero lo interrumpí.

"—Yo, Lea Wells, te rechazo a ti, Ethan Allen, como mi pareja eterna", declaré, mi voz resonando con una firmeza inesperada.  Sentí un dolor agudo en el pecho, un dolor físico que reflejaba el peso de mi decisión.  Vi cómo Ethan se agarraba el pecho, su rostro una máscara de incredulidad.  Pero no iba a permitir que me tratara de esa manera.  Me importaba una mierda lo que el destino dijera; yo elegiría mi propio camino, incluso a quién amar.

Recogí mis cosas, que habían caído al suelo durante su brusco agarre, y me coloqué la mochila al hombro, sin antes dedicarle una mirada de absoluto asco.

Dejé a Ethan atrás, ignorando a sus amigos, quienes nos miraban sorprendidos.  Aiden bajó la mirada cuando pasamos junto a una rubia de ojos miel, una de las populares.  Tomé su mano, entrelazando nuestros dedos, y susurré a su oído: "¿Te encuentras bien?".  Negó con la cabeza, pero me dedicó una sonrisa reconfortante.  Me correspondió el gesto y apretó nuestras manos.

Las horas pasaron con una lentitud tortuosa.  Llegó el receso, y me dirigí a mi casillero.  Mala idea.  Me encontré con Ethan y la rubia, enredados en un abrazo apasionado.  No me importaba, pero como él aún no había aceptado mi rechazo, había un vínculo, y lo que él hiciera me afectaba.  Cuando la besó, sentí como si me hubieran apuñalado.  Frunciendo el ceño, llena de dolor e ira, me acerqué sin opción.

"—Consigan un hotel. No quiero que dejen ninguna infección en mis cosas", dije, empujándolos bruscamente para sacarlos de mi casillero.

"—Ya ves que no eres importante para él", dijo la rubia, su voz llena de veneno.  "—Puede tener mejores".

"—Claro, rubia, puede tener mejores, pero él prefiere reciclar basura", repliqué, mi voz cargada de sarcasmo.  Vi cómo la ira crecía en ella; su rostro se puso rojo, sus ojos brillaron.

"—Maldita nerd, ¿cómo te atreves?", gritó, lanzándose hacia mí, pero Ethan la detuvo.

"—Angela, ya deja. No vale la pena", dijo Ethan, su voz tensa.

"—No, yo no valgo la pena. Yo valgo más de lo que tú podrías darme", le respondí, mi voz temblando ligeramente.  Esa frase pareció golpearlo con fuerza; perdió el control, a punto de transformarse en medio del pasillo.  Si Ethan no la hubiera detenido, tendríamos un espectáculo digno de los tabloides: un lobo de dos metros de altura en medio del pasillo de la escuela.

"—Me las vas a pagar", gritó Angela, mientras Ethan la arrastraba.

Me quedé sola, sosteniendo mi pecho, sin darme cuenta de que estaba llorando.  Me dolía, dolía mucho.  Había sido demasiado contenerme, no derrumbarme frente a ellos.  No les daría el gusto.

Me levanté, sequé mis lágrimas e intenté fingir una sonrisa.  Me dirigí a la cafetería, encontrando a Aiden escondido en una esquina, su rostro lleno de una tristeza que me heló el corazón.  No sabía por qué estaba allí, pero él jaló de mi brazo con tanta fuerza que di un pequeño grito.  El ambiente se había vuelto pesado, cargado de una tensión que me dejaba sin aliento.  El resto del día se extendió ante mí, una larga y oscura sombra.

Otro capitulo mas ^_^ les dejo a Ethan en multimedia

Estoy editando la historia y e añadido detalles que antes ignore y no preste importancia, al igual estoy corrigiendo la mayor parte de mis faltas de ortografia.

A los nuevos lectores está historia esta siendo editada para mejorar su experiencia ya que fue escrita por una yo inexperta de 15 años

~Eres mio~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora