10. Talismán

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Rath'tollan estaba molesto, muy molesto, y una parte de ese sentimiento era para mí. Lo tenía merecido, supongo; aunque igual me revolvía el estómago.

— Discúlpame por no contarte al respecto, Rath. — Le dije para romper el tenso silencio que teníamos. — Pensé que sería poner otra carga sobre tus hombros y no quería eso, en serio. Lo siento.

Bajé la mirada a mis manos, juntas y apretadas en mi regazo. A mi izquierda, Hades se acercó para poner sus patitas delanteras sobre mi muslo, dándome consuelo. A la derecha, los fornidos antebrazos de Rath'tollan se presionaban fuertemente contra el borde de la isla de la cocina.

Luego de decirle que sentía que algo me estaba siguiendo y que él preguntara a qué me refería, optó por subirme a la mesada y ponerse a limpiar los cristales rotos mientras me escuchaba contarle todo lo que había estado ocurriendo.

Deshaciéndose de la chaqueta de su traje, se arremangó la camisa y se concentró en la mundana tarea. No me miró ni una vez, pero la temperatura de la cocina bajaba cada vez más. Ahora Rath'tollan estaba así, en silencio, levemente inclinado sobre la isla y con la cabeza colgando entre los brazos tensos. Irrandiando ira y hielo.

Agradecí estar llevando leggins y no shorts, pero el frío del mármol bajo mis piernas se empezaba a filtrar a través, y la camiseta que llevaba no ofrecía mucha protección. Reprimí lo mejor que pude un escalofrío, pero él lo notó. Sin decir nada, se estiró a por su chaqueta y me la puso sobre los hombros, como si fuera algo que hacía todo el tiempo.

Mi cuerpo entró en calor de inmediato, en más de una forma. Mientras me recocijaba en la tibieza del abrigo, el príncipe demonio aprovechó la oportunidad para suspirar con fuerza, con cansancio. Me encogí. Sonaba tan... decepcionado. Mi corazón dolió.

— Kiarah... — Empezó, aún con la cabeza baja. — No quiero que pienses que no puedes contarme cuando algo te preocupa, ¿sí? Es cierto que tengo otras ocupaciones pero fui sincero cuando te dije que siempre cuidaría de ti, y eso hago.

— No quise ser una carga, pensé que era solo mi mente jugando conmigo. — Murmuré con vergüenza, casi en automático. Una respuesta mecánica implantada en mi cerebro por años.

— Por favor... — Bufó él, a la vez que levantaba su mirada hacia mí. — Tú no eres una carga, jamás lo serías. Yo escogí estar aquí contigo, yo escogí cuidarte, y no me arrepiento de esa elección. Créeme.

Aparté mis ojos de él. Esas palabras... Como si estuviera diciendo: "Yo te escogí", calentaron mi corazón y apretaron mi pecho. Hace mucho tiempo que nadie me ha escogido primero, había olvidado cómo se siente. Mordí mi labio para evitar que las lágrimas hicieran aparición, este no era el momento de llorar.

— Oh, pequeña Kiarah... — Susurró él, moviéndose para quedar en mi línea de visión.

Conmigo sentada aquí, estaba casi a la misma altura de su rostro. Campo libre para ver sus ojos de zafiro de primera mano. Rath'tollan encarceló mi cuerpo con sus brazos, poniendo uno a cada lado de mis caderas sobre la encimera. Mi pulso enloqueció.

— No puedo concentrarme... — Siguió él con voz suave, casi ronroneante. — ... cuando haces eso con tu boca. — Concluyó, levantando mi barbilla con su mano.

Crucé su mirada con la mía. Todavía podía ver ira y preocupación ahí, pero estaban veladas por una capa índigo de deseo. Humedecí mis labios con cuidado, sentía que toda mi boca estaba seca, y el movimiento atrajo su mirada de fuego azul.

Rath'tollan descendió su cabeza, su mano tirando suavemente de mi mentón. No hacía falta, la verdad, mi cuerpo cedía hacia el suyo sin esfuerzo. Se me escapó un pequeño suspiro y Rath lo absorbió, como si del aire más puro se tratase. Casi podía sentir sus labios, los míos hormigueaban en respuesta...

Zafiros en LlamasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora