El abuelo postizo

73 4 0
                                        

La tarde caía suavemente sobre Konoha, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rosados. La brisa fresca jugaba entre los árboles mientras el bullicio de la aldea comenzaba a calmarse. En una calle tranquila, Naruto y Sakura caminaban tomados de la mano, y entre ellos, envuelto en una suave manta azul, dormía plácidamente el pequeño Minato.

—¿Seguro que está en casa? —preguntó Sakura, mirando hacia la puerta de la residencia de Kakashi.

—Sí. Me dijo que hoy se tomaría el día libre. Quería leer... su eterno Icha Icha —respondió Naruto con una sonrisa cansada.

Sakura resopló divertida, pero con ternura.

—Bueno, es hora de presentarle oficialmente a su nieto.

Naruto rio entre dientes.

—Abuelo Kakashi... nunca pensé que llegaría a decirlo.

Tocaron la puerta con suavidad. Al poco rato, Kakashi la abrió, con su característica máscara, aunque sus ojos denotaban sorpresa y luego una ternura poco habitual en él.

—Oh... ¿ustedes? Y el pequeño...

—Sensei —dijo Naruto con una sonrisa amplia—. Vinimos a presentarte a alguien especial.

—Él es Minato —agregó Sakura, acercando con cuidado al bebé que aún dormía con el ceño levemente fruncido, como si estuviera soñando con pelear en pañales.

Kakashi se quedó en silencio por unos segundos, mirando al bebé como si algo se removiera en lo más profundo de su corazón. Sus ojos se ablandaron.

—Se parece a ti, Naruto —dijo en voz baja—. Pero tiene algo de ella también.

Naruto rió.

—Tiene su fuerza, seguro. Ya me pateó esta mañana cuando lo cargué mal.

Sakura soltó una pequeña risa, y luego, más seria, miró a Kakashi con suavidad.

—Kakashi-sensei... tú has estado en nuestras vidas desde siempre. Nos enseñaste a luchar, a pensar... a no rendirnos. Fuiste más que un maestro.

Naruto asintió, y se acercó para poner una mano en el hombro del ex Hokage.

—Te consideramos familia, sensei. Eres como un padre para nosotros. Y queremos que Minato crezca sabiendo que tiene un abuelo... aunque sea postizo.

Kakashi se quedó inmóvil, como si las palabras lo hubieran dejado sin aire. Su ojo se entornó, con esa mezcla de nostalgia y emoción que pocas veces mostraba. Tragó saliva y murmuró:

—Nunca imaginé que escucharía algo así. Gracias... de verdad.

Sakura, sin contenerse, dio un paso al frente y abrazó a Kakashi con firmeza. Él no respondió de inmediato, sorprendido, pero luego alzó los brazos con suavidad y la envolvió también, como si fuera su propia hija.

—Gracias por nunca rendirte con nosotros —le susurró ella.

Naruto se unió al abrazo, con el pequeño Minato entre ellos.

Kakashi acarició la cabecita del bebé con una ternura rara en él. El niño se movió, soltó un suave quejido... y luego volvió a dormirse. Kakashi sonrió, apenas perceptible.

—Bueno... si voy a ser abuelo, tendré que empezar a practicar cuentos y regaños —bromeó.

—Y a enseñarle trucos cool —añadió Naruto—, ¡pero no el mil años de muerte, por favor!

Sakura puso los ojos en blanco, riendo.

—Un abuelo con el libro de Jiraiya bajo el brazo... eso sí que me da miedo.

El sol se ponía, dorando el momento. Y allí, en el umbral de una puerta común, una familia poco convencional se unía aún más, sellando un lazo de amor que no necesitaba sangre para ser verdadero.

Kakashi no lo dijo en voz alta, pero en su mente, pensó con nostalgia:

"Minato... ahora sí puedo cuidar de ti. A través de él."

Ella mi centroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora