Un nuevo sol en Konoha

66 3 0
                                        

Era una mañana cálida y tranquila en la prisión, y la luz del sol entraba por las pequeñas ventanas del aula donde Sakura impartía sus clases de medicina. A pesar de que su embarazo ya estaba avanzado, insistía en seguir enseñando. Decía que mantenerse activa la ayudaba a sentirse útil y feliz.

Hinata estaba a su lado, ayudando con los materiales, mientras Sasuke supervisaba a los internos que hoy practicaban suturas en vendas y maniquíes. Todos mostraban respeto y cuidado por la Hokage no tsuma, la esposa del Hokage, cuya presencia les traía un poco de humanidad dentro de aquel encierro.

—Muy bien, ahora recuerden que aplicar presión constante en la herida puede salvar una vida si no hay un ninja médico cerca —explicaba Sakura, colocando cuidadosamente sus manos sobre un modelo.

Pero de pronto, se detuvo. Su respiración se entrecortó, su rostro palideció un segundo antes de fruncir el ceño.

Hinata dejó caer los guantes que tenía en las manos.

—¿Sakura?

—Creo... —dijo entre jadeos, apoyando una mano en la mesa— creo que... ya viene.

Sasuke se giró al instante, alerta.

—¿Estás de parto?

Sakura apenas pudo asentir antes de soltar un leve grito. El dolor era profundo, distinto. La clase se detuvo. Hinata reaccionó con velocidad, tomándola del brazo.

—¡Sasuke, ve por Naruto! ¡Ahora! —ordenó, con una firmeza poco habitual en ella.

Sasuke asintió sin decir nada y desapareció en un instante por los pasillos.

Mientras tanto, los prisioneros retrocedieron con respeto, dejando espacio. Hinata ayudó a Sakura a recostarse sobre unas mantas limpias que había en el aula. Pese a su dolor, Sakura sonrió.

—No pensé... que este bebé nacería aquí...

—No importa dónde —le dijo Hinata con ternura, tomándole la mano—, sino con quién estás. Y estás rodeada de personas que te quieren.

Los minutos se hicieron eternos, hasta que Naruto entró corriendo con el corazón palpitando, con Sasuke detrás. Al ver a Sakura en el suelo, jadeando y con lágrimas en los ojos, se arrodilló a su lado, sin aliento.

—¡Sakura! Estoy aquí. Estoy aquí... —tomó su mano con fuerza, su voz temblando.

—Naruto... viene... viene ya... —le dijo ella con una sonrisa entre contracciones.

Con ayuda de Hinata, Naruto se colocó a su lado, y ella tomó el rol de asistente médico, guiando con precisión, aunque sus ojos brillaban de emoción. Sakura empujaba con fuerza, con Naruto susurrándole palabras de aliento al oído:

—Ya casi... ya casi... eres increíble, Sakura-chan.

—Naruto... quiero ver su rostro... —jadeó.

Y, finalmente, un llanto rompió el aire del aula.

Hinata atrapó entre sus brazos a un pequeño bebé cubierto de vida y milagro. Su llanto era fuerte, y en cuanto lo limpió un poco y lo envolvió, lo colocó en los brazos de Sakura.

—Es un niño —dijo Hinata con lágrimas en los ojos—. Y es... hermoso.

Sakura lloró. Naruto también. El bebé tenía una pequeña mata de cabello rubio y unos ojos cerrados, pero su presencia era luz pura.

—Tiene tu cabello... —dijo Sakura entre lágrimas.

Naruto no podía dejar de mirarlo. Se acercó, y besó la frente de su hijo con devoción.

—Hola, pequeño... —susurró—. Soy tu papá.

Sasuke observó en silencio, cruzado de brazos, pero con una sonrisa apenas perceptible. Algunos presos, desde lejos, miraban con respeto. Algunos incluso aplaudieron en voz baja.

Sakura alzó la mirada hacia Naruto.

—¿Cómo... deberíamos llamarlo?

Naruto tomó una pequeña respiración, y luego dijo con voz firme y emocionada:

—Minato. En honor a mi padre. Porque él también fue luz para esta aldea... y tú y yo le daremos a este niño una vida sin sombras.

Sakura sonrió.

—Minato... me encanta.

El niño se calmó, dormido ya en brazos de su madre.

Y en medio de una prisión, donde alguna vez hubo oscuridad y castigo, nació una nueva esperanza. Un nuevo sol... para Konoha.

Ella mi centroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora