Luz en la prisión

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El pequeño salón dentro de la prisión estaba lleno de presos atentos, con rostros que mezclaban curiosidad y esperanza. Sakura, con su barriga que comenzaba a notarse, daba la clase de medicina. Su voz era firme pero dulce, transmitiendo confianza a quienes la escuchaban.

—Recuerden, cuidar de las heridas no solo es detener la sangre, sino entender el cuerpo —explicaba mientras mostraba vendajes y técnicas básicas—. Cada uno de ustedes tiene la capacidad de sanar, no solo a otros, sino a sí mismos.

Hinata estaba sentada entre los presos, tomando notas con cuidado, mientras Sasuke la observaba en silencio, atento a cada palabra de Sakura.

Al terminar la clase, Sakura se apoyó en la mesa, sonriendo al ver cómo sus alumnos absorbían el conocimiento.

Sasuke se acercó, su mirada fija en la redonda forma que su esposa comenzaba a mostrar.

—Tu barriga... está creciendo rápido —comentó, con un dejo de ternura que rara vez mostraba.

Sakura se tocó suavemente el vientre, y con una sonrisa juguetona le preguntó:

—¿Quieres sentir al bebé?

Sasuke asintió, dudando un poco.

Con cuidado, Sakura acercó la mano de Sasuke a su vientre. Por un instante, el silencio invadió la sala cuando una pequeña patada hizo temblar la mano de Sasuke.

Sus ojos se abrieron sorprendidos, y una sonrisa sincera apareció en su rostro.

—Es increíble —murmuró.

Hinata se acercó, emocionada.

—Esto es un milagro, Sakura. Un nuevo comienzo para todos.

Sakura se enderezó y miró a ambos con alegría.

—Naruto pronto llegará para dar la clase de educación física. Quiere que todos mantengamos el cuerpo y la mente fuertes.

Mientras hablaban, Sakura tomó la mano de Sasuke y luego la de Hinata.

—Vamos a encontrarlo —dijo, y juntos salieron del salón.

Caminaban por el pasillo, las sombras de la prisión ya menos opresivas gracias a la esperanza que traían consigo.

Naruto apareció esperándolos en el gimnasio improvisado, con una sonrisa radiante al ver a su esposa y a sus amigos.

—¡Listos para la clase? —preguntó con entusiasmo.

Sakura le devolvió la sonrisa y, con la mano en su vientre, dijo:

—Sí. Es hora de darles fuerzas... para un futuro mejor.

Sasuke y Hinata asintieron, sintiendo que, a pesar de las paredes que los rodeaban, juntos podían construir un mañana lleno de luz y esperanza.

Ella mi centroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora