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—¿Cómo te sientes? —preguntó Fubuki, observándola sentada en el sillón de la pequeña sala.
—Un poco cansada... —respondió ella, mirando su vientre abultado—. Quién diría que estar embarazada te dejaría sin fuerzas con solo bajar las escaleras...
—Lo sé... —rio él con suavidad—. Es sorprendente.
Ambos estaban en el departamento de Shirou Fubuki. Urabe Rika se quedaba allí como resultado de una noche que comenzó con dolor y acabó con una conexión inesperada. Una noche en la que ambos, arrastrando rupturas difíciles, perdieron el control... más de una vez.
Shirou había estado en una relación de dos años. Parecían perfectos juntos: amorosos, comprometidos, inseparables. Pero de pronto, ella terminó todo por volver con un antiguo amor de la infancia. Fubuki no lo entendía. Él había sido atento, cariñoso, siempre presente. ¿No había sido suficiente?
Rika había pasado por algo similar, aunque más prolongado. Su pareja era distante, frío. A veces mostraba afecto, pero solo para desaparecer después. Fueron demasiadas veces. Hasta que un día ella simplemente no pudo más.
Ambos estaban rotos, y por azares del destino, terminaron bebiendo juntos aquella noche. Se suponía que sería solo eso: una copa entre viejos conocidos. Pero los besos llegaron sin aviso... y luego, todo lo demás. No solo fue una vez. El embarazo los sorprendió, pero no los asustó. Hablaron con madurez. Ambos tenían trabajo, estabilidad y ahora, una nueva razón para seguir adelante.
Ahora, seis meses después, estaban en su sala, en el hogar que compartían.
—¡Hey! —se quejó Rika de pronto, atrayendo la atención del albino.
—¿Qué pasa? —preguntó él, y al notar sus manos sobre el vientre, se acercó—. ¿Está todo bien?
—Sí, sí... —respondió, calmándolo—. Solo fue un susto. Comenzó a patear de repente... —rió mientras acariciaba su vientre.
Fubuki sonrió, se inclinó más y posó su mano junto a la de ella. Rika se sonrojó, nerviosa por la cercanía. Claro... solo estaba comprobando que el bebé estuviera bien. Sí, solo eso.
En ese momento, ambos sintieron otra patada. El bebé respondía.
Se miraron y sonrieron. Nunca se habían tomado el tiempo de hablarle con tanta calma, de sentirlo así. Ese momento los unía más que nunca.
—No pensé que contestaría tan rápido... —comentó él, emocionado, sin dejar de acariciar su costado—. ¿Hijo?
Una nueva patada fue la respuesta.
—Eres su padre —dijo ella con dulzura—. ¿Cómo no va a contestarte rápido?
La emoción le desbordó. Iba a ser papá. La miró con ternura... y sin pensarlo, se inclinó y la besó, Rika se sorprendió, pero lo siguió casi de inmediato, al separarse, ambos estaban sonrojados.