Las náuseas que sentía las achacó a la peste a incienso. Siguió a Miyahira como el perro obediente en el que se había estado convirtiendo en los últimos tiempos hasta una mesita de café con un pequeño sofá y un sillón. Kokonoi se dio cuenta de que la presencia de Ran a su lado se había vuelto de alguna forma reconfortante. De repente, habían quedado a un lado los recelos y reproches. Ante las fauces del lobo, podía ver por primera vez a Ran como lo que era: un aliado. Caprichoso, impredecible, pero un aliado al fin y al cabo. Llegó a pensar incluso que se alegraba de que estuviera allí con él. Una figura sólida y capaz a su lado. Luego la realidad de que Haitani sería testigo de la conversación que estaba a punto de tener lugar le golpeó de nuevo y, tan rápido como llegó, se le pasó el alivio de su presencia.
Lo miró de reojo mientras tomaban asiento en el sofá frente a Miyahira, que se había dejado caer sobre el sillón. Si Ran sentía alguna clase de nerviosismo, no lo denotaba. Aunque a sus característicos párpados a medio mástil esta vez no los acompañaba la sonrisa lánguida que le solía regalar incluso en las situaciones más inoportunas a Kokonoi. Estaba serio. Bien, porque esto era un tema serio. Requería toda su concentración.
Eso se tuvo que decir a sí mismo Koko cuando tomó consciencia de lo estrecho que era el sofá para dos hombres adultos. Su pierna hacía contacto con la de Ran del tobillo a la cadera y no se le ocurría cómo ponerse para impedirlo. Notar el cuerpo templado de Ran contra su costado era una distracción sensorial equiparable al incienso. Kokonoi, contra todo pronóstico, se inclinó hacia delante sobre la mesita de té. Le pareció prudente acercarse más a Miyahira con tal de dejar a sus espaldas el perfil de Haitani.
⏤No esperaba a nadie más ⏤expuso Miyahira mirando solo a Kokonoi.
Pero en su tono había un filo de claro descontento. No estaban olvidadas las últimas rencillas entre Urashima y los Haitani.
Un movimiento sutil en el sofá le alertó de que Ran cambiaba de posición; cruzaba las piernas. ¿Quería decir algo con eso? ¿Qué cara estaba poniendo? No podía verlo. ¿Retaba a Miyahira? ¿Le retaba a él? Notaba la punta del zapato de Ran tocando el bajo de su pantalón y eso le ponía el vello de punta. Subiéndolo. Koko espantó esos pensamientos. Tenía que centrarse.
⏤Espero que mi acompañante no sea molestia ⏤dijo con cautela.
Miyahira se encogió de hombros. Kokonoi trató de encontrar en su postura, en su expresión, cualquier señal que pudiera arrojar luz sobre cuáles eran sus intenciones con esa tregua. Las hipótesis que se le ocurrían eran incontables, algunas más personales que otras, y a cada cual más jodida para él.
⏤Puedo dejar sentimientos personales a un lado. Si no lo es para ti, no lo es para mí.
«De hecho...». Koko apretó los labios. Molestia no era necesariamente la palabra que mejor describía cómo se sentía respecto a la compañía de Ran, pero estaba lejos de estar cómodo. No se trataba de nada con solución de todas formas. Por otro lado, seguir hipotetizando sobre los planes de Urashima no haría más que aumentar su ya exponencialmente creciente nerviosismo.
⏤No lo es. Podemos entonces pasar al tema que nos incumbe. ⏤Koko entrelazó las manos para controlar el pequeño temblor que las comprometía⏤. Los términos de la tregua.
⏤Directo al grano, ya veo. ⏤Miyahira miró de reojo a Ran con su ojo funcional, su expresión ilegible⏤. ¿Necesita que lo contextualicemos o viene con los deberes hechos?
Kokonoi tragó saliva con pesadez, pero respondió con firmeza:
⏤Habla como si él no estuviera aquí.
La punta del zapato de Ran tocó su piel bajo el pantalón y Koko supo que fue a posta. Mientras se limitara a protestar de esa forma discreta, estaba dispuesto a consentirle el gesto. Miyahira alzó las cejas ante su afirmación con un interés que Kokonoi no supo discernir si era genuino.
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Beautiful, Dirty, Rich
FanfictionBello dinero sucio. Una deuda pone a Hajime Kokonoi, ejecutivo de Bonten, contra la espada y la pared. Ran y Rindo Haitani le proponen una manera de hacer dinero rápido, testando por diversión hasta dónde está dispuesto a llegar. La escalada del jue...
