El camino de regreso fue silencioso. Las luces de la ciudad entraban y salían por la ventana del coche, y yo no podía dejar de repasar la imagen de João entregándome esa botella como si fuera un gesto insignificante... pero para mí no lo era.
Gavi me miraba de reojo, apretando mi mano un poco más fuerte de lo normal. No dijo nada hasta que estacionó frente a mi edificio.
—No me gusta verlo cerca de ti —soltó, sin mirarme.
No supe qué responder. Si le decía que no significaba nada, estaría mintiendo. Y si admitía que me había hecho sentir algo... bueno, eso sería un desastre.
—No estoy para discutir, Pablo —me limité a decir, bajando la mirada.
—No es una discusión, es que... sé cómo es.
—¿Cómo es? —pregunté, casi con un desafío escondido en la voz.
Él dudó, pero al final negó con la cabeza y murmuró:
—Olvídalo.
Subimos sin hablar más. Llegando a la puerta, me dio un beso rápido, como si temiera que cualquier segundo que se alargara pudiera traer más preguntas.
Cuando cerré la puerta detrás de mí, me apoyé en ella y exhalé. Sentí la botella fría de agua aún en mi mano. Me quedé mirándola un momento... y no pude evitar sonreír.
Lo odiaba. Odiaba que, con una sola noche, João estuviera ocupando más espacio en mi cabeza del que debería.
Y, sin embargo... ahí estaba.
Entonces, sonó mi teléfono. Un número desconocido.
Desconocido: Espero que el agua haya servido. Y... no dejes que te diga quién puede mirarte y quién no.
Me quedé mirando la pantalla. Sabía perfectamente quién era. João.
Volví a leer el mensaje, una, dos, tres veces. Y, contra toda lógica, sentí una sonrisa pequeña escapar de mis labios.
El teléfono volvió a vibrar.
João: Buenas noches, Cassie.
No respondí. Apagué la pantalla... pero me quedé con el celular en la mano, como si esperara que volviera a escribir.
Apenas había dejado el celular sobre la mesita cuando empezó a sonar. Era Gavi.
—¿Hola? —dije, intentando sonar normal.
—¿Estás bien? —preguntó de inmediato. Su voz sonaba tensa, como si hubiera estado pensándolo un buen rato antes de marcar.
—Sí, claro. ¿Por qué?
—No sé... tengo la sensación de que algo no está bien.
Tragué saliva.
—Es solo cansancio, Pablo.
Hubo un silencio breve, incómodo, como si estuviera buscando las palabras correctas.
—¿Segura? Porque... si hay algo que no me estás contando, prefiero que lo digas ahora.
Mi corazón empezó a latir más rápido. La imagen del mensaje de João me cruzó la mente como un relámpago.
—No hay nada —mentí, demasiado rápido.
—Vale —respondió, pero su tono no sonó convencido—. Entonces... ¿puedo pasar un rato? No me apetece dormir todavía.
Me quedé helada. Si venía y veía mi cara, sabría que algo pasaba.
—Es tarde, Pablo. Mañana entrenas.
—Cassie... —su voz se volvió más baja, más seria—. No dejes que nadie se meta entre nosotros.
Antes de que pudiera responder, colgó.
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Perdonen la demora
Estoy trabajando en el siguiente
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Hilo Rojo [Pablo Gavi]
FanfictionEl amor llega cuando menos lo esperas. Mi amor llego inesperadamente, de la persona que menos lo esperaba. - Cassandra Reyes
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