Me quedé con el celular en la mano, escuchando el eco de la llamada terminada. La última frase de Pablo resonaba en mi cabeza como un mandato, como si hubiera visto más de lo que yo creía. "No dejes que nadie se meta entre nosotros."
Me dejé caer en el sofá, incapaz de ignorar la vibración de mi teléfono cada pocos segundos. No eran mensajes, eran notificaciones de redes sociales, pero aun así mi mente volvía siempre a lo mismo: ¿y si João volvía a escribir?
Al final, no resistí la tentación. Abrí WhatsApp. Ningún mensaje nuevo. Sentí un vacío absurdo en el pecho, como si lo hubiera esperado.
Me odié por eso.
Apagué la pantalla y me dispuse a ir a la cama, cuando un golpe suave en la puerta me congeló. Mi corazón se disparó.
—Cassie... soy yo —la voz de Pablo sonó del otro lado, baja, casi suplicante.
Tragué saliva. ¿Qué hacía ahí todavía?
Abrí la puerta y lo encontré con la chaqueta en la mano, el cabello despeinado, como si hubiera caminado de un lado a otro durante un buen rato. Sus ojos estaban cansados, pero llenos de una inquietud que me atravesó por dentro.
—No podía irme a casa —dijo, y sin esperar respuesta entró en la casa.
Quise hablar, decirle que no era buena idea, pero mis palabras murieron cuando me abrazó de golpe. Fue un abrazo fuerte, desesperado, como si temiera perderme en ese mismo instante.
—No me mientas, Cassie —susurró contra mi cabello—. Siento que lo estás haciendo.
Mi garganta se cerró. Y justo en ese segundo, el celular volvió a vibrar en la mesita.
Los ojos de Pablo se movieron hacia allí. Lentos. Desconfiados.
—¿Quién es? —preguntó con un filo peligroso en la voz.
—Nadie importante —me apresuré a decir, pero él ya había dado un paso hacia el teléfono.
Me adelanté, lo tomé antes de que lo alcanzara. Pero la pantalla aún brillaba. Y, aunque intenté bloquearla rápido, Pablo alcanzó a leer una sola palabra:
João.
El silencio que siguió fue brutal. Sentí cómo su abrazo se deshacía, cómo el aire entre nosotros se llenaba de algo imposible de romper.
—Así que es verdad... —dijo finalmente, con una voz tan baja que dolía más que si hubiera gritado.
Yo no supe qué contestar. Mi corazón estaba dividido, mi mente gritaba, y aun así no encontraba las palabras correctas.
Entonces, el teléfono volvió a vibrar. Otro mensaje, en ese instante maldito.
Pablo no necesitó verlo. Su mirada clavada en mí fue suficiente para saber que lo había perdido, aunque todavía no lo dijera.
—Dime una cosa, Cassie... —su voz sonaba quebrada, pero firme—. ¿Lo quieres?
Y ahí, en el filo de todo, comprendí que mi respuesta lo cambiaría todo.
Sentí un nudo en la garganta. No podía seguir escondiéndome. Inspiré profundo y lo miré directo a los ojos.
—No —dije con firmeza—. Solo me gustas tú, Pablo.
Él se quedó quieto, como si no hubiera entendido.
—¿Qué...?
—Sí, João me confundió por un momento —admití, la voz temblándome—. Fue nuevo, distinto, y me asusté. Pero no puedo negarlo más: eres tú el que me importa, el que quiero. El único.
El gesto tenso de Pablo se quebró de golpe. Sus ojos se llenaron de alivio y de algo más: deseo, necesidad.
—No sabes lo que significa escucharte decir eso —murmuró, acercándose.
Esta vez no hubo un beso rápido ni contenido. Fue profundo, cargado de todo lo que habíamos callado hasta entonces. Mis manos se aferraron a su cuello, y las suyas recorrieron mi espalda con desesperación.
Tropezamos hasta la habitación, riendo nerviosos entre besos y caricias que cada vez eran menos contenidas. El mundo fuera de mi habitación dejó de existir. Solo estábamos él y yo, entregándonos como si quisiéramos borrar todas las dudas con nuestras manos y nuestra piel.
La primera vez juntos fue torpe y perfecta al mismo tiempo: llena de nervios, pero también de esa urgencia de sentirnos realmente nuestros. Pablo me miraba a los ojos como si quisiera memorizarme, y en cada caricia me repetía lo que nunca decía en voz alta.
Cuando todo terminó, nos quedamos en silencio, respirando agitados, aún entrelazados bajo las sábanas. Él me acarició el rostro con suavidad, sonriendo apenas.
—Ahora sí creo que nada ni nadie puede meterse entre nosotros —susurró.
Y por primera vez en semanas, yo también lo creí.
ESTÁS LEYENDO
Hilo Rojo [Pablo Gavi]
FanfictionEl amor llega cuando menos lo esperas. Mi amor llego inesperadamente, de la persona que menos lo esperaba. - Cassandra Reyes
![Hilo Rojo [Pablo Gavi]](https://img.wattpad.com/cover/308036567-64-k768162.jpg)