Bajo las estrellas.

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Jennie había salido una hora antes de la torre, pero, por supuesto, cumpliendo primero con sus responsabilidades médicas. Cuando terminó el trabajo, corrió como loca hasta el hotel y se arregló para esperar a Rosé afuera.

Llevaba unos quince minutos golpeando su pie contra el suelo, completamente ansiosa, mientras revisaba su teléfono esperando a que dieran las nueve de la noche, tal como Rosé le había indicado.

De repente, una mano tocó su hombro y, al darse la vuelta, la enorme sonrisa que tenía se transformó en una expresión de asombro. No era Rosé, era Lisa.

"Hola, Jennie." dijo la tailandesa con voz dulce, aunque con un nerviosismo palpable. "Me gustaría hablarte de algunas cosas, ¿Me regalas un momento?"

Lo más sensato habría sido rechazar la propuesta para evitar más conflictos, pero, tontamente, respondió que sí, pues los enormes y hermosos ojos de Lisa se lo suplicaban.

"Claro." Respondió hipnotizada por aquellos ojos.

Lisa dio un paso más cerca, inclinando la cabeza de manera que parecía preocupada, casi frágil.

"Yo sé que te enojaste desde lo de Seung Yoon... y lo entiendo. Pero deberías saber que creo firmemente que tú y yo tenemos algo especial. Te quiero, Jennie; nadie más puede sentir lo que yo siento por ti. No soy muy buena con las palabras, lo sé, solo dame una oportunidad..."

Jennie tragó saliva, sintiendo cómo el corazón le daba un vuelco. ¿Era esto una confesión o solo una manipulación disfrazada de amor?

"Lisa... yo... no sé qué decir."

Lisa se acercó aún más, rozando con cuidado su brazo.

"Solo escúchame. Sé que tus sentimientos están revueltos, y sí, quizás cometí errores. Pero... ¿acaso quieres pasar tu tiempo con alguien que solo viene a despertar emociones y luego se va? Yo siempre estaré aquí, contigo, y eso nadie más puede ofrecerlo."

Jennie apartó la mirada, sintiéndose atrapada. La presión de las palabras de Lisa era como un imán: peligrosa, intensa y difícil de resistir.

"Lisa... no es tan simple..." murmuró.

Lisa sonrió, apoyando una mano en el hombro de Jennie y acercando sus labios casi rozando la oreja.

"Sé que puedes sentirlo. Solo confía en mí. Déjame mostrarte que soy tu mejor opción."

La tailandesa acarició sus mejillas y se dio la vuelta, susurrando un "descansa" mientras entraba al hotel, arrastrando un aire despreocupado pero a la vez cálido.

Jennie cerró los ojos con fuerza; su cabeza siempre era un desastre. Cada día que pasaba en ese lugar era un tormento, tanto para sus emociones como para sus pensamientos.

Volvió a encender su móvil para ver la hora, y finalmente eran las nueve. Miró a su alrededor con curiosidad, cuando dos suaves y enormes manos cubrieron sus ojos interrumpiendo su búsqueda curiosa.

"Adivina quién soy."

Jennie sonrió ante aquella broma tan infantil. Era obvio que era la rubia; su aroma y su suave pero imponente voz la delataban.

"No lo sé, pienso que eres una famosa piloto de carreras."

"Sé más específica, conoces muchos pilotos ahora."

Jennie rió e hizo una mueca pensativa debajo de sus manos.

"Bueno, me iré por Marx Verstappen." respondió juguetona.

Rosé dejó de cubrir su rostro y abrió la boca, fingiendo estar ofendida.

"¡Ni siquiera lo conoces!" reprochó.

  𐙚 𝙊𝙪𝙩 𝙤𝙛 𝙢𝙮 𝙡𝙚𝙖𝙜𝙪𝙚. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora