Jennie despertó antes que Rosé.
La habitación estaba en penumbra, con la luz fría de la madrugada filtrándose directamente a la cama.
Rosé dormía de lado, con el rostro relajado y la respiración lenta, una mano todavía entrelazada con la suya. Jennie no se movió de inmediato. Se quedó observándola, memorizando ese momento como si temiera que al levantarse todo se derrumbara.
Mirar a Rosé le dió paz, pero fue una paz momentánea. El nudo en su pecho no desaparecía.
Con cuidado, Jennie soltó su mano y se sentó en el borde de la cama. Apoyó los codos sobre las rodillas, llevando los dedos a su rostro. Se sentía agotada, no físicamente, sino de tanto pensar, de tanto sentir.
Quería estar ahí.
Quería huir.
Quería respuestas.
Quería silencio.
Se levantó sin hacer ruido y fue a la cocina. Preparó café, apoyándose en la encimera como si el cuerpo le pesara más de lo normal. Mientras el agua hervía, su teléfono vibró sobre la mesa.
Un mensaje nuevo.
Lisa.
No lo abrió de inmediato. Se quedó mirándolo indecisa. Al final, respiró hondo y leyó.
"Solo dime si estás bien. No te escribiré más hoy, lo prometo."
Jennie cerró los ojos. Esa frase no la tranquilizaba.
Cuando regresó a la habitación con la taza entre las manos, Rosé ya estaba despierta. La observaba con esa expresión suave que siempre tenía al verla, con una sonrisa pequeña pero sincera.
"Buenos días", murmuró Rosé, estirándose apenas.
"Buenos días", respondió Jennie, sonriendo automáticamente.
Rosé se incorporó despacio y apoyó la espalda en la cabecera. La miró unos segundos con atención.
"¿Dormiste mejor?" preguntó.
Jennie asintió, aunque no era del todo cierto. Se acercó y le pasó la taza. El café era para ella pero pensó que sería descortés no ofrecérselo a la rubia.
"Gracias", dijo Rosé, tomando un sorbo. "Te ves pensativa."
Jennie dudó. Podría mentir. Podría decir que era cansancio, trabajo, estrés. Pero simplemente no podía mentirle.
"¿Alguna vez sentiste que necesitabas saber algo, aunque te diera miedo conocer la respuesta?" preguntó en voz baja.
Rosé no respondió de inmediato. La observó con duda.
"Sí", dijo al final. "La verdad duele, pero vivir sin saber la respuesta es peor."
Jennie bajó la mirada.
"¿Mina fue quién te hizo sentir así?" preguntó, sin levantar la voz.
El cuerpo de Rosé se tensó ligeramente.
"¿Por qué lo preguntas?" respondió Rosé, sin molestia, pero con nervio.
"Mina me dijo que ustedes... que Lisa y tú se odian por algo más de lo que parece", confesó Jennie. "No me dio detalles."
Rosé cerró los ojos un segundo con frustración.
"Mina siempre hace eso", murmuró. "No miente del todo. Solo acomoda las verdades para que te lastimen."
Jennie la miró con atención.
"¿Y cuál es la verdad?" preguntó.
Rosé apoyó la taza en la mesa de noche y se giró hacia ella.
"La verdad es que Lisa y yo nunca fuimos solo rivales", dijo con calma. "Y Mina fue el centro de muchas decisiones equivocadas. Pero eso no significa que lo que sientes ahora sea consecuencia de eso."
Jennie tragó saliva.
"Necesito entender", susurró. "No quiero juzgar a nadie. Es solo que siento que esto puede ser importante para mí, quiero aclarar mis pensamientos."
Rosé asintió lentamente.
"Te lo contaré. Pero no hoy", dijo con suavidad. "No quiero que escuches esa historia tan de mañana y la verdad no estoy lista, nunca he tocado el tema con alguien más." Confesó.
Jennie sintió una mezcla extraña de alivio y decepción.
"Gracias", dijo sincera.
Rosé sonrió apenas y se acercó, apoyando la frente en la suya.
"No te estoy escondida nada", prometió. "Solo intenta calmarte."
Jennie le dió una sonrisa en modo de agradecimiento.
Más tarde ese día, Jennie regresó a la torre. Intentó concentrarse en su trabajo, pero cada tanto su mente regresaba a las mismas ideas, las mismas preguntas.
Lisa no pudo contenerse.
Interceptó a Jennie al salir del edificio, con el rostro tenso y los ojos cargados de ansiedad.
"Necesito hablar contigo", dijo sin rodeos.
Jennie se detuvo, pero no dio un paso hacia ella.
"Lisa, no hoy. Tengo..."
"Siempre es no hoy", replicó, con un tono más dolido que molesto. "¿Sabes lo que se siente pensar que ya te perdí?"
Jennie la miró. Vio a la mujer que la hacía sentir sin control. Y también vio a alguien que aún no sabía detenerse.
"No quiero que me hables desde el miedo", dijo con firmeza. "Quiero que actúes, que me hables."
Lisa abrió la boca, pero no dijo nada. No entendía a qué se refería Jennie.
"Cuando puedas hacer eso", continuó Jennie, "hablamos."
Y se fue.
Lisa se quedó allí, sintiendo por primera vez que su forma de amar podía ser justo lo que la alejaba. ¿Debería cambiar su táctica? ¿Debería arriesgarse más?
Esa noche, Jennie volvió con Rosé. Se encontraron casualmente por las afueras del hotel y Rosé le invitó un chocolate caliente.
La noche fue de risas suaves, de manos entrelazadas, de conversaciones pequeñas cómo ya era costumbre.
Así transcurrió la noche hasta que se percataron de lo tarde que era, ambas acordaron volver a dormir juntas.
Antes de dormir, Rosé le acarició el cabello y susurró.
"No importa lo difícil que sea. Yo no me voy."
Jennie cerró los ojos.
Y por primera vez, aunque los sentimientos revueltos seguían ahí, volvió a sentir paz.
Tal vez amar era elegir quién te daba paz incluso cuando el mundo era confuso y tu cabeza se convertía en una maraña de pensamientos desordenados.
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𐙚 𝙊𝙪𝙩 𝙤𝙛 𝙢𝙮 𝙡𝙚𝙖𝙜𝙪𝙚.
RandomJennie Kim, una reconocida y talentosa doctora es contratada como médica privada para un equipo de Fórmula 1 mundialmente famoso. Todos en el mundo de la F1 admiran su belleza y habilidades médicas, ganándose la aprobación de los pilotos y técnicos...
