Ámame a mí.

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Lisa se encontraba en la terraza del hotel, con el abrigo aún sobre los hombros. El viento nocturno le revolvía el cabello, pero no lograba apaciguar el caos que llevaba dentro. Cerró los ojos unos segundos, recordando la mirada de Jennie, la calidez de su sonrisa y lo imposible que parecía tenerla cerca.

"Sigues teniendo esa misma expresión cuando piensas demasiado." susurró una voz conocida a su espalda.

Lisa se giró con brusquedad. Allí estaba Mina. Elegante, impecable, con esa sonrisa serena que a cualquiera podría engañar, salvo a quienes que la conocían muy bien.

"Mina..." escupió la tailandesa con un dejo de sorpresa. "No esperaba verte aquí. En realidad no esperaba volver a verte nunca."

La japonesa avanzó unos pasos, sin perder la compostura.

"Yo tampoco esperaba encontrarte tan distraída. Casi pareces...vulnerable."

Lisa frunció el ceño. "¿Qué quieres?"

"Nada en particular." Mina ladeó la cabeza con delicadeza, como si observara una pieza de arte.
"Solo comprobar si la famosa Lalisa Manobal sigue siendo la misma chica por la que arruiné una relación. Y claro, ver algunas carreras de autos."

Un silencio incómodo se extendió. Lisa apretó la mandíbula. "No digas tonterías."

Mina rió suavemente, sin apartar sus ojos de ella.

"¿Tonterías? Rosé no lo pensaría así... ¿o acaso ya olvidaste lo que significaba para ella?" Su voz era dulce, pero cada palabra estaba impregnada de veneno. "Yo me alejé de Rosé por ti. Y ahora resulta que ella y tú vuelven a competir y de nuevo no solo por carreras, ¿verdad?"

Lisa la fulminó con la mirada, el pulso acelerado.
"No te atrevas a hablar de Jennie."

"No fui yo quien la mencionó." Mina sonrió,
fingiendo inocencia. "Lisa, sé leer muy bien a la gente. Y lo que veo en ti... es debilidad."

La tailandesa dio un paso hacia ella, incapaz de contenerse.

"Cállate." exclamó, avanzando con brusquedad.

Mina no se movió. Al contrario, acortó la distancia con una calma calculada, sus ojos fijos en los de Lisa.

"Siempre me gustó ese fuego tuyo." susurró, apenas un aliento entre ambas.

Antes de que Lisa pudiera reaccionar, Mina sujetó con firmeza su rostro y estampó sus labios contra los suyos. El beso no fue suave ni dulce, sino intenso, voraz, cargado de la misma malicia disfrazada de ternura que emanaba de ella.

Lisa, sorprendida, intentó apartarse, pero el impulso de Mina la mantuvo atrapada durante unos segundos que parecieron eternos. Cuando al fin se separó, la japonesa lo hizo con una sonrisa impecable, como si nada hubiese ocurrido.

"Ese fuego que tanto amas mostrar... también puede arder conmigo." murmuró, rozando aún los labios ajenos con los suyos.

Algo en el corazón de Lisa le decía que corriera de ahí, que se alejara de la japonesa, pero su cuerpo reaccionó de otra manera.

"¿En serio quieres hacer esto?" preguntó Lisa, tomándola por la cintura con fuerza.

"Ya lo hemos hecho antes, ¿no es así?"

Lisa asintió, y una enorme sonrisa se dibujó en el rostro de la japonesa.
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La luz de la mañana se filtraba entre las cortinas de la habitación, dibujando líneas doradas sobre las sábanas revueltas. Lisa abrió los ojos lentamente, con la mente todavía pesada y el cuerpo entumecido. Tardó unos segundos en reconocer el lugar, no era su cuarto. Miró a su alrededor para darse cuenta de que estaba sola.

  𐙚 𝙊𝙪𝙩 𝙤𝙛 𝙢𝙮 𝙡𝙚𝙖𝙜𝙪𝙚. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora