Vamos caminando y se suelta la correa de uno de tus zapatos de tacón.
Permíteme yo te ayudo (Primero, soy un caballero; segundo, sería incómodo para ti agacharte a arreglarte; tercero, quiero este momento).
Es de noche, hemos dejado el carro cerca y vamos a cenar. Camino muy orgulloso contigo de mi brazo y vamos riendo de las bobadas que nos han pasado en el día y de los apuros que has pasado por cumplir con mis peticiones para hoy:
Vestido corto, choker delgado, zapatillas de tacón, y sin ropa interior, cabello recogido y maquillaje suave.
Sé que has cumplido. Me lo haces saber por tu actitud. Además he podido notar que nada se interpone entre el vestido y tu piel al rozar levemente tu espalda y tu culo.
Sin embargo, el estar a tus pies añade una emoción que no puedo describir. Así yo sea el Dominante, estar a tus pies me enloquece. Pasa un automóvil y disminuye la velocidad, como queriendo detener el instante, contemplando el arte de la belleza femenina que tú hoy representas sublimemente. Tal vez me está envidiando, y yo sonrío mientras mis manos rozan la piel delicada de tu tobillo.
Termino mi tarea y me he dado cuenta que ha pasado una eternidad, tu mano juguetea en mi cabello y me incorporo lentamente, no por mis 53 años, sino porque mis dedos acarician a unas micras tu silueta. Te ofrezco nuevamente mi brazo, no puedo evitar mi sonrisa. Recuestas un poco tu cabeza en mi hombro y me siento el hombre más feliz de este universo.
Por fin llegamos al restaurante. Tu me miras con un poco de asombro. Sé que no parece el lugar que pensabas por la ropa que traemos. Pero eso es parte de mi juego.
ESTÁS LEYENDO
Mis relatos
Short StoryAlgunos sólo son fantasías, otros recuerdos... Sólo para mayores.
