Volvimos a donde empezamos, a la situación de siempre; pero el aire ya no es el mismo. Algo cambió y ambos lo sabemos. Es ese hilo invisible que tensiona el espacio entre nosotros, el que siempre conecta nuestras miradas.
Los dos seguimos siendo los mismos: siguen ahí las sonrisas que aparecían en complicidad al unir nuestras ideas, conocemos nuestros silencios y señas. Pero ahora, cada vez que tu cuerpo roza el mío, ruego que el momento dure un instante más de lo necesario.
Nunca lo digo. Trago las palabras para mantener este frágil silencio, porque te tengo miedo, cariño. Miedo de que si nombro esto, se esfume en el abismo. No quiero que esta marea creciente se rompa. Por eso callo, fingiendo indiferencia desde mi cobardía.
Me sonríes de esa manera dolorosa, como si no supieras lo que me causas, y yo te miro como si no notara que mis células vibran en tu presencia. Este juego de pretender me mata lentamente: fingir que nuestras bocas no se conocen, ocultar los pensamientos que el cuerpo ya confesó.
Aquí seguimos, aferrados a no dejarnos ir, pero necios para decir lo que el sol sabe y hasta las nubes murmuran. Pero no me malinterpretes, cariño: prefiero ser sombra a tu lado en este limbo, que habitar un paraíso sin tu calor. Elijo tenerte a medias antes que perderte del todo.
Entonces, te lo ruego: no me hagas elegir. Dejemos que esto llegue hasta donde deba, y crezca hasta volverse innegable.
Porque lo nuestro es como una flor en el desierto: improbable y frágil, pero terriblemente real. Y viva.
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Simples escritos
RandomAunque sea un simple sueño, pienso seguir hasta quedar satisfecha, quiero llegar a la perfección de la literatura y no hay mejor camino que la práctica. Así que por favor, lean con la mente abierta, ya que muchas cosas las escribo en un suspiro y vi...
