Pruébame

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Así que ven y pruébame sin reparos ni límites, tómame como a un cristal y cuídame para que no me rompa en tus manos.
Ámame como amas él oxígeno en tus pulmones y luego, cómeme.

Con profunda ternura ábreme sin pena y retira mi cerebro, en él verás tu nombre grabado en las paredes y cada minúsculo detalle sobre ti resguardado recelosamente.
Luego saca mis ojos y observa tu reflejo en ellos, después de todo solo me servían para mirarte. No olvides tomar mis labios que ya hinchados después tanto besarte, repetirán cuanto te amo.
Corta mi piel, abre las costillas y músculos que te impidan curiosear dentro mío, y luego observa mis entrañas removerse inquietas, tímidas ante tu mirada.

Toma mi sistema respiratorio y ábrelo desde la faringe hasta la tarea, escucharás todo aquello que quedó atorado en mi garganta; luego toma mis pulmones y desmorónalos en tus manos para que notes, que el único aroma que llevo ahí guardado es tu fragancia.

Y finalmente, sacarás mi corazón que aún seguirá latiendo por ti aunque ya no respire más, prueba mi sangre sabor a miel y úsala para endulzar los tés nocturnos que tomes, come cada fibra de mi músculo y saborea el anhelo que protegí con blandura; y cuando llegues al último bocado, me encontrarás hecha ovillo entre los coágulos y tejidos de una manera en la que solo tú pudieses verme, diminuta, y vulnerable.

Simples escritosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora