1-octubre

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Entre feroces besos y caricias me perdí, sin poder evitarlo. ¿Quién fue el culpable? ¿Tú, por empezarlo, o yo, por permitirlo?

Todo pasa entre sombras y botellas, escondidos de las miradas. No te culpo; no dudo que esto sea prohibido. Los años que nos conocemos me susurran advertencias, y el título que no tengo se burla con insistencia.

Temo volverme dependiente de tus besos, necesitada de tus caricias, adoradora de elogios espontáneos o hambrienta de tu sonrisa.
Parece que no tienes piedad: si hay alguien más, te alejas... mientras yo espero en silencio a que vuelvas.

Aunque no puedo evitarlo, te necesito cada vez más. Un poco más.
Un beso más, un abrazo más, una caricia más.
Solo un poco más. Quedémonos un poco más.
Ámame un poco más.

Mírame a los ojos con ese cariño condicional, toma mi mano en secreto, sonríeme en la discreción, bésame en la eternidad.

He intentado decírtelo tantas veces que perdí la cuenta. Las palabras nunca salen de mi garganta oprimida, y mis ojos ruegan que los entiendas sin voz. Pero el temor me paraliza, y mis pensamientos me arrastran.
¿Y si tu corazón no arde igual que el mío? ¿Estará tu corazón en otro lugar mientras sacias tu hambre conmigo?
No quiero que termine, aunque sea tu secreto. Déjame ser el secreto que más amas; déjame morir ardiendo si con eso te brindo calor.

Porque no quiero que termine, que te alejes, que me dejes con el corazón en las manos. Haz con él lo que quieras: guárdalo en un cajón que no volverás a abrir, cuélgalo con tus llaves o incluso cómetelo si lo deseas. Pero no me lo devuelvas; no hagas que lo que ya es tuyo se desangre en soledad.

Cada vez que me besas, me pregunto: ¿Ardes tú igual por mí? Si no es así, dejaré que me uses. No temo morir saciando tu hambre, no me duele sangrar tu nombre, ni me avergüenza ser solo una sombra.
Lo único que pido es que no te vayas.

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