Murallas

6 0 0
                                        

Y después de tanto tiempo, volví a despertar luego de soñarte, con tu nombre bailando en la punta de la lengua y mis manos rogando por alcanzarte mientras mi mente me gritaba lo tonta que soy al volverme tan débil ante tus meras miradas. 

           Porque, por más que lo deseo, no soy capaz de odiarte, ¿Cómo podría? Después de todo fui yo la ingenua que se enamoró con pequeñas muestras de decencia y poco menos de un par de sonrisas, solo he sido yo la que vio un futuro juntos a pesar de no recibir ni un simple saludo, he sido la única que esperaba algo más que una amistad. 

Sé que no puedo culparte, no estás obligado a regresar mis afectos pues no es tu obligación. Aún así, no sé a quién odio más, si a mi por no saber olvidarte y poner nada menos que una débil muralla para tenerte lejos; o a ti, por volver cada que pienso haberte olvidado, haciendo que mis muros sin cimientos caigan inmediatamente a tus pies. 

          Es que te odio tanto, por atormentar mis sueños y rondar mis pensamientos, te odio, pues sé que nunca me quisiste cuando  estaba dispuesta a darte mi alma y más. Más me odio a mi, por guardar tan inútiles sentimientos que solo causan lagrimas en mis ojos, me odio por buscarte y quererte neciamente. 

Finalmente, te ruego con el corazón en la mano, deja de rondar mi mente y permíteme ser libre de la presión que tu mirada causa en mi. 

Simples escritosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora