10-octubre

9 0 0
                                        

Creo que ya puedo decir que te quiero, aunque debo admitir que eso me aterra, no quiero que me detenga.

El calor de tu mano ha quedado plasmado en la mía, tanto así que te he sentido al lado mío y tu olor ya lo he memorizado. Temo que mi falta de expresión te aleje, no quiero perderte, pero las palabras se me enredan en la garganta.

Déjame permanecer a tu lado, mi boca no dirá mucho, pero mi alma se enredará en la tuya, quizás mis palabras no abunden, pero en mi mundo siempre tendrá un espacio sagrado para tí.

Y si, no puedo negar mi miedo, este que se volvió mi impulso, porque temo aún más el no vivirlo todo en tu compañía; todas mis dudas se callan cuando pienso en ti. Dentro de mí hay un tornado que aúlla tu nombre; tu no lo notas, pero poco a poco su fuerza lo arrastra todo, y pronto sentirás sus vientos azotando con la verdad que callo.

Me has conocido en tantas etapas que no comprendo cómo podrías quererme. Tal vez... tal vez sí sea posible.

Porque contigo es todo más fácil, se me da todo más fluido y el aire se siente más ligero. No me juzgas en mis cambios, no temo a mis contradicciones, ni me preguntas por mis sombras.

Lo único que no dejo de necesitar son tus caricias, tu toque, tu piel, tu todo. Por eso te pido que no me sueltes, que no te alejes. Ya no necesitas permiso para tomar lo que, desde hace tiempo, es tuyo

Simples escritosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora