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Antanasia sonrió al final del entrenamiento; bajó la espada con un gesto sereno. Daka la imitó, agotada, y caminó hasta unos escalones donde se dejó caer para descansar. Pasados unos minutos, Antanasia se acercó con calma y comenzó a mostrarle retratos antiguos de los soberanos de Transilvania.

Las pinturas colgaban en una larga galería, cubiertas por el leve brillo de las velas. Cada rostro parecía observarlas desde la eternidad. Antanasia se detuvo al final del pasillo, frente a un marco majestuoso: ornamentado, hermoso, imponente a primera vista... pero vacío.

—Aquí irá el retrato de tu hermano —explicó con voz suave, casi reverente.

Luego, la animó a seguirla. Mientras caminaban juntas, Antanasia hablaba con una mezcla de orgullo y ternura. Le dijo que el pequeño estaba destinado a convertirse en un gran soberano, y que ella sería una digna hermana soberana.

Dakaria sonrió ante aquellas palabras. Avanzaban en silencio por el corredor: Antanasia delante, ella unos pasos detrás. Pero pronto la más joven se detuvo. Algo había llamado su atención.

A su derecha, una puerta blanca destacaba entre los muros oscuros del castillo. De ella provenían susurros, leves murmullos y voces apagadas que parecían querer ser oídas.

—¿Vienes? —preguntó Antanasia al notar que Daka se había quedado atrás.

La joven le dio una última mirada rápida a la puerta, curiosa pero contenida, y finalmente retomó el paso para seguirla.


En la entrada, los guardias, aburridos y agotados, aguardaban a sus relevos, que llegaban con retraso. La puerta emitió un golpe sordo; los vigilantes abrieron las ventanillas para ver quién lo había causado, pero no vieron a nadie. De pronto, la fría punta de un arma rozó la nariz de uno de ellos.

—¡Manos arriba! —ordenó Van Kombast. Detrás de él estaba Silvania—. Tú, ábrelas —le urgió a otro guardia—, pero despacio. Si desobedecen, sufrirán las consecuencias.

Los guardias se rieron pero la suerte no acompañó a Van Kombast: intento disparar, pero el arma falló. Al final, al abrir la puerta para atraparlos, uno de los vigilantes delgados tomó el arma con curiosidad y, sin querer, la accionó; una nube de ajo en polvo llenó el rostro de su compañero, que cayó desmayado, mientras el hombre flaco aprovechaba el caos para huir.

Mientras tanto, Antanasia llevaba a Daka al cuarto de Franz para que descansara. Le indicó dónde dormir y la joven se acomodó. Antanasia arropó a Daka con delicadeza.

—Que duermas bien —susurró.

Frente a la puerta, con un movimiento casi ceremonial de la mano, apagó las velas y salió de la habitación.

Frente a la puerta, con un movimiento casi ceremonial de la mano, apagó las velas y salió de la habitación

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—Mi señora —llamó Olivia, la menor de las trillizas—. Volvimos a fallar... Lady Dakaria, ella—

—Lo sé —mencionó T/N—. Lo intentaremos de nuevo. Por cierto: si el plan llegara a fracasar, ya sabes qué hacer.

—Sí, mi señora. Debo buscar a la señorita Ye-won y hacer que le entregue todo a Lady Daka.

—El plan no fracasará, mi señora.

—Tania tiene razón: usted no va a morir y matará a esa mujer.

—Ana, Tania, Olivia —las tres jóvenes la miraron—, deben cuidar de Daka si algo me llegara a pasar. Solo eso les pido.

Las tres asintieron y juraron cumplirlo. Conocían la capacidad de su señora y creían que el plan funcionaría.

—Ya viene—susurró ella.

La joven vampira caminó hasta sentarse frente al espejo y comenzó a tararear una melodía. Una de las sirvientas le cepillaba el cabello mientras las otras dos fingían acomodar la cama.

—Querida, ¿cómo estás? —preguntó aquella mujer.

T/N no apartó la mirada del espejo; siguió tarareando sin responder. Guardó silencio unos segundos; la misma canción flotaba en el cuarto. Finalmente, la mujer habló:

—Más tarde vendrá la modista para tu vestido de novia. ¿No estás emocionada?

—Sí —respondió T/N, de forma seca.

—¿T/N? ¿No estás emocionada? —la mujer hizo un puchero algo triste—. ¡Nos vamos a casar!

Entonces la chica quitó por fin la vista del espejo y se volvió hacia ella.

—Claro que lo estoy —dijo—, pero entiende, Eva: solo estoy un poco cansada. He convivido mucho con los humanos; no soy tan fuerte como tú. El viaje agotó todas mis energías.

Eva sonrió, tomó su mano y la apartó con delicadeza de su rostro. Depositó un suave beso en ella.

—Está bien. Volveré más tarde. Te dejaré descansar —sonrió y salió de la habitación.

Fue entonces cuando todas dejaron escapar el aliento contenido.

T/N se limpió la mano en la ropa de Olivia, que estaba a su lado.

—Mi señora, debemos desinfectar su mano —dijo Olivia.

—Solo un poco más, Daka, mi amor; te extraño —se dijo T/N para sí misma.


Por otro lado, Silvania y su compañero caminaban por los pasillos "sigilosamente" —o al menos eso intentaban— cuando se toparon con un grupo de cuatro hombres. En un movimiento rápido desarmaron a Van Kombast; este gritó de dolor.

—¡Oh, Silvania! —exclamó alguien—. 

—Lord Vlad —dijo al ver al abuelo de su hermana—. ¿Qué hacen aquí?

—Lo mismo que tú —respondió él—: rescatar a T/N y a tus hermanos.

—¡Ay por Drácula! —exclamó un hombre acompañado por cuatro más—. Papá, ¿qué haces aquí? No van a arruinar el plan. Sé a lo que vienen; esta misión está bajo mi cargo y acatarán todo lo que digo. ¿Está claro?

—¿Y por qué debería hacerte caso? —replicó Nosferatu.

—Porque —esta vez habló Silvania—, conozco la manera impulsiva en que tú y tus hombres actúan —se refería a Nosferatu—, y en cuanto a ti, muchachita, un humano y tú no llegarían tan lejos. Padre, así lo ordena T/N.                            

—Está bien —concedió él—. Si ya tienen un plan, hay que seguirlo.

—Lady Daka se encuentra en la habitación oeste con el bebé; mis hombres irán por ellos —interrumpió otro.

—Señor —dijo Van Kombast—, me gustaría que yo fuéramos por ellos.

—No veo el problema; el área está despejada. Solo tengan cuidado. —Les entregó un pequeño mapa y los hombres se marcharon.

—Bien —continuó uno—. Ahora, el plan: Lady Daka no querrá irse, así que todo seguirá igual. Murdo nos ayudará; nos infiltraremos en su banda, y ya tengo algunos hombres dentro de la guardia. Cuando llegue el momento, nosotros... —siguió explicando mientras las piezas del plan iban encajando.

BLOOD (Daka y tu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora