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—No puedo... te necesito —susurró Dakaria, aferrándose a ella con una urgencia que le quemaba la piel.

_____(T/N) sabía que el vínculo las había vuelto más sensibles, más vulnerables la una a la otra; sin embargo, jamás imaginó que sería de esa manera, tan intensa, tan dolorosamente necesaria. ¿Y quién era ella para negarle tal consuelo a su esposa, a la mujer que amaba incluso cuando el mundo parecía derrumbarse a su alrededor?

Aunque nunca se lo había pedido de forma oficial, para la joven vampira ya no existía ninguna otra mujer en su vida que no fuera Dakaria Tepes. La tomó entre sus brazos con delicadeza, como si temiera romperla, y la besó con una ternura desesperada antes de recostarla suavemente sobre la cama, como si aquel gesto pudiera protegerlas de lo inevitable.

—Joven ama... —interrumpió una de las siervas, inclinándose—. Antanasia se dirige hacia aquí, ama.

_____(T/N) soltó un leve gruñido, cargado de fastidio. Antanasia comenzaba a colmar su paciencia, pero no podía desviarse del plan de su abuelo. Si lo hacía, todo saldría terriblemente mal.

—Tienes que irte —susurró, separándose de Dakaria.

La respuesta fue apenas un quejido de disgusto.

—Por favor... —rogó Dakaria, aferrándose a ella.

—¿Es porque ya no me amas? —preguntó de golpe la menor, con la voz quebrada.

—Daka, no es eso. Sabes que te quiero, pero... —intentó explicar.

—Entonces huye conmigo —la interrumpió—. Busquemos a Franz y a Silvania. Vámonos juntos.

_____(T/N) negó con la cabeza, con el corazón latiéndole con fuerza.

—No puedo. Esto no se arreglará si nos vamos. Ella volverá... y buscará la forma de recuperar a Franz y—

—¿Y a ti? —espetó Dakaria, molesta.

—Ama, llegará pronto —recordó de nuevo la sierva, nerviosa.

—Daka, por favor, entiéndelo...... Es tarde —dijo finalmente.

Con una mirada le indicó algo a la sierva, quien se acercó con rapidez, tomó a Dakaria y la ocultó dentro del pequeño armario, tapándole la boca y sujetándola con firmeza mientras la joven luchaba en silencio.

—¿_____(T/N), todo bien? —preguntó Antanasia al entrar, con una sonrisa curiosa—. ¿Por qué siguen las luces encendidas? Deberías descansar. En cuanto oscurezca empezará la ceremonia de boda y luego la coronación de nuestro futuro heredero.

—Por supuesto, tienes razón —respondió ella con voz serena—. Debo descansar bien.

—Así es, mi pequeña —Antanasia se acercó y tomó una de sus mejillas, acariciándola dulcemente. Poco a poco fue reduciendo la distancia entre ambas.

_____(T/N) fingió una sonrisa dulce, mientras, desde el interior del armario, Dakaria observaba la escena con furia contenida. Quería salir, separarlas, gritar... pero le era imposible.

—Tú también deberías ir a descansar —dijo _____(T/N), apartándose con sutileza.

—Tienes razón. Dulces sueños, bonita —susurró Antanasia, acercándose peligrosamente a sus labios.

_____(T/N) la detuvo colocando con suavidad su dedo índice sobre ellos.

—Deberías esperar hasta la boda —dijo con dulzura calculada—. Quiero que mi primer beso sea especial... y qué mejor que en nuestra ceremonia.

La tomó de la mano y la guió hacia la puerta. Antes de cerrar, le dedicó una sonrisa coqueta y, en cuanto Antanasia salió, cerró de golpe y giró la llave.

Dakaria salió del armario hecha una furia, dispuesta a reclamarle a su amada. Estaba herida. Escuchar que la persona que amaba, con quien soñaba y fantaseaba casarse, se uniría a otra mujer en cuestión de horas le destrozaba el pecho. Las lágrimas amenazaban con caer, y el dolor era insoportable.

Pero del otro lado, _____(T/N) se sentía aún peor. El sufrimiento de Dakaria le atravesaba el alma. El vínculo las unía demasiado: podía sentir cada punzada, cada latido roto, y eso la estaba consumiendo.

—Por eso no te quieres ir —gritó Dakaria, furiosa—. Todo lo que me dijiste hace un momento... todo fue mentira.

—Mi amor, no es lo que crees, yo—

—No me digas nada. No te creo nada —la interrumpió—. Espero que seas feliz, _____(T/N).

Le lanzó una última mirada cargada de dolor antes de dirigirse a la puerta.

—Daka, espera —dijo _____(T/N), sujetándola del brazo.

Dakaria se soltó con brusquedad.

—Bien —dijo tras soltar un suspiro tembloroso—. Te escucharé. Dame una explicación... la necesito.

—Yo...

—Maldita sea, _____(T/N) —explotó Dakaria—. Habla de una vez.

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Hola a todos.

Quiero ofrecer una sincera disculpa por mi prolongada ausencia. Durante este tiempo atravesé un bloqueo creativo que me dejó, por momentos, sin ideas y sin la motivación necesaria para continuar escribiendo.Aun así, nunca olvidé esta historia ni el cariño con el que ha sido leída.

Regresar no ha sido sencillo, pero lo he hecho con el mayor compromiso y dedicación posibles, dando lo mejor de mí para continuar el camino que iniciamos juntos.  Espero, de corazón, que este regreso sea de su agrado, pues nos encontramos cada vez más cerca del desenlace final.

Gracias por su paciencia, por su apoyo constante y por permanecer aquí.Nos reencontramos muy pronto.

BLOOD (Daka y tu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora