El salón seguía temblando.
Las grietas negras se extendían bajo los pies de ______(T/N) como raíces vivas, rompiendo lentamente el mármol ceremonial mientras las runas antiguas parpadeaban descontroladas alrededor del círculo de unión.
Nadie se movía.
Nadie respiraba.
Los vampiros permanecían de rodillas, inclinados ante una fuerza que ni siquiera comprendían completamente. Algunos temblaban. Otros evitaban levantar la mirada.
Porque aquello...
Aquello era sangre antigua.
Sangre real.
Dakaria apenas podía sostener a Franz entre sus brazos. El corazón le golpeaba tan fuerte el pecho que dolía. Sus ojos no podían apartarse de ______(T/N).
Pero no era solo miedo lo que sentía.
Era reconocimiento.
Porque ella...
Ella ya había sentido ese poder antes.
Aquella noche.
Aquella bendita noche donde se entrego a la mujer que más ama en el mundo.
El recuerdo le atravesó el cuerpo como fuego.
La respiración agitada de ______(T/N).
El calor insoportable de su piel.
Sus ojos brillando de una forma antinatural mientras la mansión entera parecía reaccionar a cada toque, a cada beso, a cada suspiro ahogado contra su cuello.
Dakaria tragó saliva.
Ahora lo entendía.
Drácula...
Ahora lo entendía todo.
Antanasia seguía inmóvil frente a ______(T/N).
Sus ojos estaban completamente abiertos.
Llenos de algo que nadie en siglos le había visto jamás.
Confusión.
Real.
-No... -susurró otra vez.
Su voz sonó rota.
Inestable.
-Eso no es posible.
El abuelo de ______(T/N) avanzó lentamente por el salón apoyándose en su bastón mientras los nobles abrían espacio a su paso casi por instinto.
Antanasia giró bruscamente hacia él.
-Los poderes Carstein solo despiertan después de la Unión Eterna -espetó-. Después del matrimonio. Después de consumar el vínculo.
Su voz comenzó a elevarse con cada palabra.
Como si intentara convencerse a sí misma.
-¡Ella jamás completó el ritual!
Las paredes vibraron.
Pero ______(T/N) no se movió.
Seguía de pie en medio del círculo ceremonial mientras la energía oscura continuaba creciendo alrededor de su cuerpo.
El abuelo sonrió apenas.
Y aquella sonrisa fue peor que cualquier amenaza.
Porque Antanasia la reconoció.
Era la sonrisa de alguien que llevaba años esperando este momento.
-Tienes razón -dijo el anciano con calma-. El poder Carstein despierta únicamente bajo dos condiciones.
