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Por su parte, Silvania vagaba sin rumbo claro, con el pensamiento fijo en una sola urgencia: regresar al castillo. Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior, como si el tiempo conspirara en su contra. Intentó comunicarse con Daka una y otra vez, aferrándose a la esperanza de obtener alguna respuesta, pero el silencio fue lo único que recibió a cambio. La ausencia de señales comenzó a carcomerle los nervios, y la desesperación se instaló en su pecho como una sombra creciente.

Mientras tanto, dentro de aquella habitación cerrada y cargada de tensión, la pareja parecía haber llegado a un punto de quiebre inevitable. El aire era denso, casi irrespirable. ______ (T/N) se debatía en un dilema demasiado grande para ignorarlo y demasiado peligroso para enfrentarlo sin consecuencias. Confiarle toda la verdad a Daka implicaba un riesgo aún mayor, uno que podría cambiarlo todo. Y, aun así, el peso del secreto amenazaba con consumirla por completo, obligándola a elegir entre el miedo y la verdad.

_____(T/N) cerró los ojos con fuerza, como si necesitara reunir todo el valor que le quedaba. Cuando volvió a abrirlos, ya no había duda en su mirada... solo cansancio y amor.

—Mi abuelo no quiere una boda —dijo al fin, con la voz baja pero firme—. Quiere una ejecución.

Dakaria se quedó inmóvil.

—¿Qué...?

—Antanasia cree que esta noche ganará el trono, que la ceremonia sellará su poder y la legitimará ante todos los clanes —continuó _____(T/N)—. Pero esa misma ceremonia es su condena.

Se acercó un paso más, temiendo que Dakaria volviera a huir.

La voz de _____(T/N) descendió casi hasta un susurro, como si temiera que incluso las sombras pudieran delatarla.

  —La ceremonia de boda no es más que un ritual político —explicó—, una puesta en escena similar a una coronación. Un símbolo para las masas. Pero lo que realmente importa... —hizo una pausa, cargada de peso— es un antiguo vínculo de sangre. Una marca.

Dakaria contuvo la respiración, incapaz de apartar la mirada.

  —Cuando el heredero es proclamado —continuó—, la sangre del linaje principal se abre. Se fusiona. Queda expuesta... vulnerable. Es un instante breve, perceptible, pero decisivo. Con el tiempo, esa herida se convierte en poder puro. No todos los vampiros poseen esta marca. Solo aquellos que nacen como herederos de sangre: los descendientes directos de los antiguos líderes. Es una marca de poder absoluto, y solo se manifiesta cuando dos linajes destinados o forzados se unen. Su pareja tiene el control absoluto sobre la persona, es un arma en las manos equivocadas.

 Dakaria tragó saliva, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda.

 —¿Y tú...? —preguntó al fin, con la voz tensa.

 _____ (T/N) esbozó una sonrisa amarga.

—¿Yo? —repitió—. Yo soy la llave que Antanasia necesita.

Las palabras cayeron como un golpe seco.

—Mi clan es el único que jamás fue derrocado —confesó—. El más poderoso. Mi padre... el era el verdadero heredero de todo este legado. De todo lo que ahora otros reclaman como suyo.

 Bajó la mirada por un instante, como si el peso de la verdad fuera demasiado.

—Por eso tuve que fingir —añadió—. Por eso debía permitir que Antanasia creyera que había ganado. Que el trono, el poder y la victoria le pertenecían... cuando en realidad, todo dependía de mí. Mi abuelo selló el salón con runas antiguas, invisibles para cualquiera que no lleve nuestra sangre. Cuando Antanasia pronuncie el juramento final y beba del cáliz... quedará atrapada. Sin poder, sin escape.

—¿Y entonces? —susurró Dakaria, con el corazón latiéndole con fuerza.

—Entonces —dijo _____(T/N)—. Franz quedará libre. El trono volverá a su linaje... y Antanasia pagará por cada manipulación, cada mentira, cada vida que usó para ascender.

Hubo un silencio pesado. Dakaria bajó la mirada, temblando.

—¿Y yo? —preguntó apenas—. ¿Dónde quedo yo en ese plan?

_____(T/N) sintió cómo el pecho se le oprimía.

—Tú eres la razón por la que este plan casi fracasa —confesó—. Porque cada segundo lejos de ti me está matando. Porque sentir tu dolor a través del vínculo me está destrozando.

Se acercó hasta quedar frente a ella.

—No huí contigo porque, si lo hacía, Antanasia ganaba. Porque si la dejaba vivir, jamás estarías a salvo. Elegí cargar con tu odio... si eso significaba protegerte.

 Las lágrimas de Dakaria comenzaron a caer sin permiso.

—Yo pensé que... —su voz se quebró— pensé que me estabas reemplazando.

_____(T/N) negó de inmediato, tomando su rostro con manos temblorosas.

  —Jamás. Tú eres mi hogar. Mi elección. Mi verdad. Esta boda es una mentira... pero lo que siento por ti es lo único real en todo este infierno.

Dakaria soltó un sollozo y se aferró a ella, como si el mundo pudiera deshacerse si la soltaba.

—No vuelvas a hacerme sentir así —murmuró contra su pecho—. Sentí que te perdía.

 _____(T/N) la rodeó con los brazos, apoyando la frente en su cabello.

 —Nunca te perderé —susurró—. Te amo demasiado como para soltarte... incluso cuando tenga que fingir hacerlo.

Dakaria alzó el rostro, sus ojos aún húmedos.

—¿Después de esta noche...?

—Después de esta noche —sonrió _____(T/N) con ternura—, no habrá tronos ni mentiras entre nosotras.

Solo tú y yo.

BLOOD (Daka y tu)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora