33/Los fantasmas del pasado

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⸉ˋ‿̩͙‿̩̩̽‿̩͙‿̩̥̩‿̩̩̽‿̩͙‿̩͙‿̩̩̽‿̩͙‿̩͙‿̩̩̽‿̩͙‿̩̥̩‿̩̩̽‿̩͙'⸊ˎ
Tengo recuerdos que aún no han sucedido. Los vi caer, uno a uno, y escuché el silencio que deja la muerte en los pasillos de Hogwarts. Sé que intentar cambiar el destino puede traer desgracias.

No quiero perderlos. Si salvar a los que amo significa rasgar el tejido de la realidad, entonces quiero ser egoísta y salvarlos sin importar las consecuencias. No me importa si el precio es mi propia alma.
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ꉂㅤׄ ꉂㅤׅㅤ✿⃞ׄ❀ㅤׅㅤ🌊ഺㅤׅㅤׄ ᯤׅㅤׄ ១


Tenía que atesorarlas. Porque Evan tenía razón.
No iban a durar.

Y cuando terminaran, cuando el mundo finalmente estallara en la violencia que todos podíamos sentir acercándose...

¿Cuánto de esto sobreviviría?

¿Cuántos de nosotros sobreviviríamos?

Aparté esos pensamientos oscuros y traté de concentrarme en la clase. En el ahora. En este momento presente donde todavía podía sentarme con mis amigos y pretender que todo estaría bien.

Era una mentira.

Pero por ahora, era una mentira en la que necesitaba creer.

La clase de Defensa Contra las Artes Oscuras transcurrió con la misma mezcla de tedio e intensidad que siempre caracterizaba la materia. El profesor nos hizo practicar el hechizo Protego hasta que mis brazos dolían de mantener la varita en posición. Evan se quejó ya que le dolía ya le dolía el brazo ganándose una mirada de reproche del profesor y risas ahogadas de algunos Gryffindors.

Regulus, por supuesto, ejecutó el hechizo perfectamente cada vez. Su escudo brillaba con un resplandor plateado constante, firme como su determinación en todo lo que hacía.

Cuando la campana finalmente sonó, liberándonos, los tres empacamos nuestras cosas con el cansancio familiar del final de una larga mañana de clases.

—Libertad al fin —declaró Evan, estirándose exageradamente.

— Pensé que ese período nunca terminaría.

—Fue una hora y media, Rosier. La misma duración de siempre —señaló Regulus con sequedad.

—Se sintió como una eternidad. Estoy bastante seguro de que el tiempo se dilata en esa aula.

Salimos al pasillo, uniéndonos al caos de estudiantes. Yo esperaba que fuéramos a almorzar juntos, quizá encontrar nuestro rincón habitual en la biblioteca después, pero Regulus se detuvo de repente.

—Maldición —murmuró, consultando su reloj.

— Tengo práctica de Quidditch en veinte minutos. Necesito cambiarme.

—¿Ya? —pregunté, sintiendo una punzada de decepción que no esperaba.

—Los partidos de la temporada están cerca. El capitán está siendo implacable con los entrenamientos. —Regulus hizo una mueca.

— Tres horas volando en círculos persiguiendo una pelota dorada. No puedo esperar.

Su sarcasmo era evidente, aunque yo sabía que en realidad disfrutaba del Quidditch. Le daba algo en qué enfocarse que no fuera la presión familiar o las expectativas imposibles.

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⏰ Última actualización: Jan 06 ⏰

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