Parte 2, Capítulo 17
La noche cayó sobre el Reino de Jade con una pesadez inusual. Jungkook permanecía en su oficina, con la mirada perdida en los informes sobre el asesino, pero su mente divagaba en otro lugar. Gayoung le había entregado algunos datos sobre las conexiones externas de Jieun que lo hacían desconfiar de cada sonrisa que ella le dedicaba. La lealtad en el palacio era una moneda que se devaluaba rápido, y él empezaba a sentir que Jieun jugaba con dados cargados.
Se frotó las sienes, sintiendo el cansancio en los huesos. Finalmente, se puso de pie y se ajustó la túnica real.
—Solo será una cena —se dijo a sí mismo, tratando de convencerse—. Una despedida cortés antes de enviarla a la Casa de las Rosas. No tengo nada que perder.
Al llegar a los aposentos de la concubina, el aire cambió drásticamente. El perfume de Jieun, una esencia floral demasiado dulce y concentrada, lo golpeó como una ola, abrumándolo al instante. La habitación estaba iluminada por decenas de velas que bañaban el banquete de un tono dorado. Jieun lo esperaba de pie, luciendo un vestido blanco de seda que caía con suavidad, dejando sus hombros al descubierto en un gesto de calculada vulnerabilidad.
Jungkook sintió una punzada de incomodidad en el pecho. No era deseo lo que sentía, sino una necesidad instintiva de retroceder.
—Majestad —dijo ella con una voz que pretendía ser melódica—. Pensé que no vendría. ¿Le gusta mi vestido? Lo elegí pensando en sus gustos.
—Es... adecuado para la ocasión, Jieun —respondió él con voz plana, forzando una cortesía que no sentía.
Ella se acercó y lo tomó del brazo con una familiaridad que a Jungkook le resultó invasiva, guiándolo hacia la mesa. Durante la cena, Jieun no dejó de hablar. Le relató minucias de su día, las nuevas artes que practicaba y, finalmente, bajó la voz para confesarle lo mucho que le dolía su indiferencia.
—Me siento como un fantasma en este palacio, majestad —susurró ella, bajando la mirada—. Como si mi presencia fuera un error que intenta ignorar.
—Me disculpo por ello —respondió Jungkook, sintiéndose genuinamente culpable por su negligencia, aunque sus sentimientos no hubieran cambiado—. He tenido muchas preocupaciones sobre el reino.
Jieun notó la brecha de culpa y decidió atacar. Hizo una seña casi imperceptible a Miyeon, quien permanecía en las sombras.
—Bebamos un poco de vino, entonces. Para olvidar las penas y celebrar que estamos aquí.
—No es necesario, Jieun. De hecho, me gustaría retirarme pronto para ver a Taehyung —dijo Jungkook, amagando con levantarse.
—Por favor —insistió ella, deteniéndolo con una mano sobre la suya—. Solo una copa. Brindemos por una vida larga y próspera para el Reino de Jade. No me negará un deseo tan noble.
Jungkook suspiró, deseando terminar con el compromiso. Aceptó la copa que Miyeon le entregó y bebió el vino de un solo trago, sintiendo el líquido amargo bajar por su garganta.
—Me retiro. Que descanses, Jieun.
Se puso de pie con rapidez, pero no llegó a dar tres pasos antes de que el mundo empezara a dar vueltas. Un mareo súbito le nubló la vista y un calor abrasador, antinatural y violento, comenzó a irradiar desde su abdomen hacia sus extremidades. Sus sentidos se distorsionaron; el aroma de las flores se volvió asfixiante y el ruido de las velas al arder le pareció un estruendo.
Detrás de él, Jieun no perdió tiempo. Con un movimiento ensayado, desató los lazos de su vestido, que cayó al suelo como una cáscara inútil. Quedó vestida solo con el mandilón de encaje semitransparente que apenas le cubría los muslos. Se acercó a él, rodeando su brazo con firmeza.
—Majestad, ¿se siente mal…? déjeme ayudarle —murmuró ella al oído.
—Aléjate... —trató de decir él, pero su voz salió como un balbuceo. Su instinto, confundido por la droga, empezó a responder al contacto físico.
Jieun lo guió con suavidad hasta la cama, haciendo que se sentara. Jungkook luchaba internamente, sus manos temblaban mientras trataba de empujarla, pero su cuerpo no obedecía.
—Fuera todos —ordenó Jieun a la servidumbre sin apartar los ojos de su presa—. Déjennos solos.
Cuando la puerta se cerró, el silencio se volvió cómplice de la traición. Jieun se sentó sobre su regazo, envolviendo su cuello con los brazos. La droga era demasiado potente; Jungkook sentía que su voluntad se derretía. En la neblina de su mente, los rasgos de Jieun empezaron a desdibujarse. El aroma a jazmín de la habitación se transformó, por obra del engaño químico, en el aroma a lluvia y hogar que asociaba con su esposo.
—¿Mi jade? —susurró Jungkook, con el juicio completamente nublado.
Jieun no respondió con palabras. Aprovechó el error y se unió a él, sellando el destino de esa noche bajo el velo de una mentira que Jungkook no pudo rasgar.
A la mañana siguiente la luz del alba entró de manera cruel por los ventanales, devolviéndole a Jungkook la lucidez con la violencia de un golpe. Al abrir los ojos, el peso de la realidad lo aplastó. Jieun dormía plácidamente a su lado, con el encaje negro contrastando con las sábanas.
Un sentimiento de náusea y una culpa punzante le revolvieron el estómago. Se levantó de golpe, vistiéndose con manos temblorosas y sin mirar atrás. Salió de la habitación de la concubina como si huyera de un incendio, corriendo por los pasillos con el corazón latiendo desbocado en su garganta.
Llegó a la habitación de Taehyung y entró sin anunciar, jadeando.
Taehyung estaba sentado en el borde de su cama, aún en pijama de seda, frotándose los ojos con pereza. Se sorprendió al ver a su esposo en ese estado, con la ropa desaliñada y el rostro pálido como la cera.
—¿Jungkook? ¿Qué sucede? Pareces haber visto a un demonio —dijo Taehyung, extendiendo una mano hacia él—. Ven aquí, ¿por qué estás así?
Jungkook no se acercó a la cama. En su lugar, sus piernas cedieron y cayó de rodillas sobre el frío suelo de mármol frente a su omega. El sonido de sus rodillas impactando contra el piso llenó el silencio de la mañana.
—Perdóname, mi jade... por favor, perdóname —sollozó Jungkook, bajando la cabeza hasta que su frente tocó el suelo.
Taehyung se quedó paralizado. Nunca había visto al Rey, al alfa que gobernaba el Reino de Jade con mano de hierro, tan roto y humillado. Se levantó rápidamente y trató de tomarlo por los hombros para levantarlo.
—Jungkook, me asustas. ¿De qué hablas? ¿Qué ha pasado? Levántate y mírame.
Jungkook levantó la vista, con los ojos inyectados en sangre y las lágrimas rodando por sus mejillas.
—Me acosté con ella —confesó con la voz rota—. Anoche... me acosté con Jieun.
Taehyung soltó sus hombros como si el contacto le quemara. El impacto de las palabras fue como un tajo seco en el aire. Retrocedió un paso, con el rostro perdiendo todo rastro de color, mientras el silencio se volvía tan denso que parecía impedirles respirar. Jungkook permaneció allí, de rodillas, implorando un perdón que él mismo sentía que no merecía.
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The King Weakness - KookTae
FanfictionEn el alba de los tiempos, en un gran reino donde alfas y omegas tejían el tapiz de la sociedad, dos príncipes, dotados de una belleza que trascendía lo terrenal, descubrieron que sus corazones latían al unísono. Su amor, puro y desbordante, se conv...
