Parte 2, Capítulo 4
Tras días de luto, se anunció la convocatoria a una asamblea con la corte real. El salón del trono, antes un lugar de esplendor y alegría, se había transformado en un hervidero de murmullos y miradas acusadoras. El rey, pálido y demacrado, tomó asiento en su trono, sintiendo el peso de las miradas clavadas en él. La asamblea comenzó con un murmullo creciente, pronto transformado en un coro de voces airadas. Los cortesanos, antes sumisos, ahora alzaban la voz, exigiendo respuestas ante la ola de ataques sangrientos que asolaba el Reino de Jade. Las acusaciones llovieron sobre el rey, cada palabra un dardo envenenado que lo hería en lo más profundo.
—¿Cómo es posible que nos haya ocultado información tan importante? —trono el ministro Moon, su voz resonando en el salón del trono —¿Tiene idea de lo que provocó?
—Solo protegía el reino.
—¿Proteger el reino o encubrir su incompetencia? —espetó el ministro Kang, su voz cargada de veneno —La reina madre estaría viva si hubiera actuado con transparencia —insistió, su mirada fría como el hielo.
—¡Silencio! —gritó Jungkook, golpeando el apoyabrazos de su trono —¡No tolerare sus insinuaciones! ¡He actuado con la mejor de las intenciones!
—Las intenciones no bastan majestad —intervino el señor Moon, su mirada penetrante —Sus acciones incluso pusieron en peligro la vida del Rey consorte ¿Dónde estuvo durante ese momento?
—Con la concubina real —acusó un cortesano, su voz temblorosa pero firme.
—¿Quién se atreve a juzgar mis actos personales? —siseo el rey, su mirada recorriendo la corte con furia.
—Su traición al rey consorte puso en duda su fidelidad al reino —sentenció el ministro Kang, su voz resonando con autoridad.
—¡He entregado mi vida a este reino, como osan dudar de mi lealtad! —rugió Jungkook, su voz cargada de irá.
—Fueron sus actos los que sembraron la duda en nosotros majestad.
—¿Están cuestionando mi capacidad? —rugió Jungkook, levantándose del trono —¡Soy el rey, y haré lo que sea necesario para proteger a mi pueblo!
—Su protección ha fallado majestad —sentenció el ministro Kang, su voz resonando con autoridad —¡El reino está en peligro, y su reinado está en entredicho!
—¡Basta! —grito Jungkook, su rostro enrojecido por la ira —¡No permitiré que me arrebaten el trono!
—El testamento del difunto rey es claro, majestad —dijo el señor Moon, su voz suave pero implacable —Si usted demuestra incapacidad para gobernar, el príncipe de Jade, único primogénito de la difunta princesa de Jade, regresara del exilio para reclamar su derecho al trono.
—¡Ese traidor jamás volverá a pisar este palacio! —grito Jungkook.
—La decisión no le pertenece majestad —replicó el ministro Kang —Tiene tres meses para encontrar al asesino o el príncipe de Jade regresará para tomar el trono. El destino del reino está en sus manos, majestad —dijo, mirándolo fijamente —Elija sabiamente
Al terminar la asamblea, los ecos de las acusaciones resonaron en los pasillos del palacio, tejiendo una red de cuchicheos y miradas furtivas. La sombra de la destitución se cernía sobre el rey, un secreto a voces que amenazaba con propagarse por todo el reino, desatando una tormenta de incertidumbre y temor. En sus aposentos, ajena al bullicio de la corte, el rey consorte conversaba con su dama de compañía, su rostro reflejando una profunda preocupación. La posibilidad de que su esposo perdiera el trono lo atormentaba, no solo por el destino del reino, sino por el suyo propio.
—Mi señor, me inquieta pensar en lo que le deparará el futuro si destituyen al rey —dijo Jinri, su voz cargada de preocupación.
—Dos caminos se abren ante mí —respondió Taehyung, su mirada perdida en el horizonte—. Podríamos ser desterrados juntos, o quizás me obliguen a contraer matrimonio con el nuevo monarca.
—¿Casarse con otro hombre? —exclamó la dama, sus ojos llenos de incredulidad—. ¡Pero usted ama al rey! ¿No puede simplemente oponerse?
—Ojalá fuera tan sencillo —suspiró Taehyung, su voz teñida de tristeza—. Los designios de la corte son impredecibles, y mi destino está entrelazado con el de la corona y al no haber dado a luz a ningún heredero la situación se complica.
Mientras tanto, en una habitación apartada del bullicio de la corte, la concubina del rey se encontraba sentada junto a la ventana, con la mirada perdida en el jardín de rosas. Las palabras de su sirvienta, que le había relatado los acontecimientos de la asamblea, resonaban en su mente, sembrando la semilla de la duda y la inquietud. ¿Qué le depararía el futuro si el rey perdía el trono? La incertidumbre la envolvía como una densa niebla, oscureciendo su visión del porvenir.
—No puedo creer lo que me cuentas, Miyeon —dijo Jieun, su voz temblando ligeramente —¿De verdad la corte se atreve a cuestionar al rey de esa manera?
—Asi es mi señora —respondió Miyeon, su mirada preocupada —Los murmullos llenan los pasillos.
—¿Qué sucederá si su majestad es destituido?
—Nadie lo sabe con certeza mi señora —respondió Miyeon —Se dice que el primo de su majestad regresará y tomará el trono.
—¿Y que será de mi? —pregunto Jieun, mostrando miedo y restándole importancia a lo que le decía Miyeon —El destino nos odia —dijo, su voz un susurro cargado de segundas intenciones —Debemos actuar, y rápido.
—¿Actuar, mi señora? —pregunto Miyeon, confundida —¿A qué se refiere?
—Taehyung —dijo, su voz en un murmullo que apenas llegaba a los oídos de Miyeon —Debemos hacer las cosas rápido
—No entiendo mi señora —Miyeon vio como la concubina del Rey se paseaba por toda la habitación, susurrando palabras ininteligibles entre dientes. Se sentía inquieta por el extraño comportamiento de la omega.
—Un pequeño... Ajuste —murmuró Jieun, sus ojos brillando con una luz extraña —Un ajuste que cambiará el curso de la historia.
—Mi señora, me preocupa.
—No te preocupes, Miyeon —dijo, su voz suave pero con un filo de acero —Solo estoy asegurando nuestro futuro. Confía en mí.
—Pero, mi señora... —comenzó Miyeon, sin saber qué más decir.
—Miyeon, que tan buena eres guardando secretos.
—Me cortaría la lengua por usted mi señora.
—Entonces… —dijo Jieun, su voz cortante—. Prepara lo necesario. Necesitamos... discreción. Y sobre todo, silencio. Que nadie sospeche de nosotras.
Miyeon asintió, aunque su corazón latía con fuerza en su pecho. No entendía lo que su señora planeaba, pero sabía que algo terrible se avecinaba. La mujer que conocía se había desvanecido, dejando en su lugar a una figura enigmática y peligrosa, una mujer con secretos oscuros que ni siquiera podía imaginar.
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The King Weakness - KookTae
Hayran KurguEn el alba de los tiempos, en un gran reino donde alfas y omegas tejían el tapiz de la sociedad, dos príncipes, dotados de una belleza que trascendía lo terrenal, descubrieron que sus corazones latían al unísono. Su amor, puro y desbordante, se conv...
