Capítulo 53

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Parte 2, Capítulo 18

La mañana en el ala este era inusualmente ruidosa. El sol entraba con fuerza por los ventanales, iluminando el caos de sedas y perfumes que rodeaba a Jieun. Ella se encontraba de pie frente al gran espejo, permitiendo que sus sirvientas ajustaran los lazos de una túnica de seda lila mientras una sonrisa de suficiencia no abandonaba su rostro.

​—Fue más rudo de lo que imaginé —comentó Jieun, soltando una risita que pretendía sonar cansada pero llena de orgullo—. Supongo que el Rey guarda mucha energía acumulada. Aunque... —hizo una pausa, fingiendo que le restaba importancia—, no dejaba de susurrar el nombre de Taehyung. Me confundió con él toda la noche, pero para ser sincera, sentí mucho más placer del que esperaba. Es un alfa formidable cuando se pierde el control.

​Las sirvientas intercambiaron miradas cómplices y susurros. Jieun disfrutaba de la atención, sintiéndose por primera vez la verdadera dueña del palacio. En ese momento, unos golpes secos en la puerta interrumpieron la charla. Una sirvienta de bajo rango entró con una bandeja de plata que sostenía una tetera de porcelana fina y una sola taza humeante.

​—Milady —dijo la joven, agachando la cabeza—, el rey  le envió este té. Dice que es para que recupere sus energías y pueda realizar sus actividades con normalidad el día de hoy.

​Jieun sintió que el corazón le daba un vuelco de alegría. Se llevó una mano al pecho, visiblemente conmovida.

​—Déjalo sobre la mesa —ordenó con voz dulce—. Dile que agradezco profundamente su atención.

​Cuando la sirvienta se retiró, Jieun se giró hacia sus mujeres con los ojos brillantes.

​—¿Lo ven? —exclamó, señalando la tetera—. Un hombre no envía este tipo de detalles a menos que haya quedado prendado. Soy tan buena en lo que hago que finalmente me he ganado su favor. Disfruten de este espectáculo, porque en ocho días, cuando no llegue mi celo, les daré la noticia de que estoy embarazada. Este reino pronto tendrá un heredero de mi sangre.

​En el otro extremo del palacio, el ambiente era gélido. Taehyung permanecía sentado frente a su tocador, mirando su reflejo con una calma que resultaba aterradora. La misma sirvienta que había llevado el té a Jieun entró en la habitación, cerrando la puerta con cuidado tras de sí.

​Taehyung no se giró, pero su voz cortó el silencio como un cuchillo.

​—¿Se lo entregaste?

​—Sí, Su Alteza —respondió la mujer con voz temblorosa—. Tal como me lo pidió.

​—¿Y le dijiste que venía de parte del Rey?

​—Sí, señor. Se lo creyó de inmediato. Estaba muy... satisfecha.

​Taehyung dejó escapar un suspiro lento y se puso de pie, caminando hacia la ventana. Sus manos, antes suaves, estaban apretadas en puños ocultos tras sus largas mangas.

​—Pobre ilusa —susurró Taehyung para sí mismo, con un tono conspirador que heló la sangre de la sirvienta—. Se cree ganadora por una noche con el rey. Pero no permitiré que esa mujer ponga un solo dedo sobre el linaje de este reino. Nunca dejaré que tenga un hijo de Jungkook. Haré lo que sea necesario para evitarlo... así tenga que matarla a ella, o incluso a él, antes de ver esa deshonra cumplida.

​La noticia del encuentro nocturno entre el Rey y su concubina voló por los pasillos como ceniza en el viento. No pasó mucho tiempo antes de que el jefe de ministro Moon, un hombre cuya ambición supera su lealtad, citará a su hija para una reunión privada.

​Gayoung entró en el despacho de su padre con el rostro serio. Sabía que cuando él la llamaba de esa manera, no era para hablar de bienestar familiar.

​—Supongo que ya sabes lo que todos murmuran —dijo el Ministro Moon, sin rodeos—. El rey finalmente recordó que tiene una concubina.

​—Estoy al tanto de la situación, padre —respondió Gayoung, manteniendo la distancia—. Pero es un asunto privado de Su Majestad.

​Su padre soltó una carcajada amarga y se levantó de su silla, acercándose a ella.

​—¿Privado? En este palacio nada es privado si se sabe usar. Si tanto tiempo pasas pendiente del rey, ¿por qué no aprovechas esta situación?

​Gayoung frunció el ceño, confundida.

​—No entiendo a qué te refieres. Sé claro, por favor.

​—Es simple, hija mía. El rey está vulnerable ahora. Se siente culpable, está confundido y su relación con su consorte está en crisis. Es el momento perfecto para que lo seduzcas. Conviértete en su amante, queda embarazada lo antes posible y así podrás reclamar el puesto de reina cuando esa mujerzuela y el omega consorte caigan por su propio peso.

​Gayoung retrocedió un paso, horrorizada por la sugerencia.

​—Eso es imposible —dijo con firmeza—. El rey me ve como a una hermana. Me tiene confianza porque sabe que mi lealtad es pura. No me mira como a una mujer en ese sentido.

​—Eso es porque no sabes aprovechar tu belleza —la interrumpió su padre con desdén—. Eres una omega joven y fértil. No seas tonta.

​—Él me dijo que podría heredar tu puesto —insistió Gayoung, tratando de apelar a la lógica—. Me prometió que podría ser la jefa de ministros algún día. Eso es un honor inmenso.

​—¡No quiero que seas jefa de ministros! —gritó el hombre, golpeando la mesa—. Quiero que seas la reina. Quiero que nuestra sangre gobierne.

​Gayoung sintió una opresión en el pecho. La ambición de su padre le resultaba asfixiante.

​—Eso no es lo que yo deseo —dijo ella en voz baja—. Yo estoy bien como estoy.

​El Ministro Moon se burló, recorriéndola con una mirada despectiva.

​—¿En serio? ¿Quieres seguir casada con Dongmin? Ese tipo es un simple guardia, un soldado que no tiene nada que ofrecerte más que una vida mediocre.

​—Mi matrimonio fue planeado por el Rey —respondió Gayoung con orgullo—. Solicitar el divorcio ahora sería una falta de respeto hacia él. Sería decepcionarlo.

​Su padre suspiró con pesadez, negando con la cabeza como si hablara con alguien limitado.

​—Ustedes los omegas son todos iguales. Se dejan llevar por los sentimientos y la lealtad barata, sin una gota de inteligencia para ver el panorama completo. La política no entiende de afectos, Gayoung.

​Se acercó a ella y le puso una mano en el hombro, apretando con una fuerza que pretendía ser persuasiva.

​—Piénsalo bien. De tu respuesta depende tu futuro y el de nuestra familia. No desperdicies la oportunidad de tu vida por un guardia de cuarta y un concepto absurdo de hermandad.

​Gayoung salió de la habitación sintiéndose sucia y confundida. El palacio, que antes sentía como su hogar, se estaba convirtiendo en un nido de víboras donde cada paso podía ser el último.

The King Weakness - KookTaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora