Parte 2, Capítulo 12
La noche en el Reino de Jade había perdido su calma habitual. El ala del palacio destinada a los aposentos del omega real, usualmente un remanso de paz y fragancia a jazmín, se había transformado en un escenario de pesadilla. Los pasillos resonaban con el choque metálico de las armaduras de la guardia real y los sollozos ahogados de las mujeres que servían a Taehyung.
Jungkook no era un rey que buscara el consenso cuando se sentía traicionado; era un alfa que prefería la devastación absoluta antes que dejar un cabo suelto. Su hostilidad se sentía como una presión física en el aire, una vibración baja y peligrosa que hacía que incluso los guardias más veteranos evitaran mirarlo a los ojos.
—¡Revisen cada rincón! —rugió Jungkook, su voz rebotando en las paredes de mármol—. ¡Si hay una sola grieta en esta habitación que no haya sido inspeccionada, sus cabezas rodarán junto con las de ellas!
La servidumbre de Taehyung, un grupo de omegas jóvenes que adoraban a su señor, estaban alineadas contra la pared del pasillo, temblando. Jungkook caminaba frente a ellas como un depredador evaluando a su presa. Entraba y salía de las habitaciones de servicio contiguas a la cámara principal de Taehyung, arrojando muebles, rasgando cortinas y volcando joyeros. Buscaba la prueba material de la traición: el rastro del pago que Seokjin habría enviado para obtener ese cofre maldito.
—¿Quién fue? —preguntó Jungkook, deteniéndose frente a una joven llamada Hana, que apenas podía mantenerse en pie—. ¿Quién de ustedes se cree lo suficientemente astuta para vender los secretos de este palacio a un desterrado?
Hana no respondió, solo sollozó más fuerte. Jungkook la tomó del mentón con brusquedad, obligándola a mirarlo. Sus ojos brillaban con una furia carmesí.
—La lealtad no es una sugerencia en este palacio, es la única forma de sobrevivir —siseó.
En ese momento, un grito de triunfo provino de una de las habitaciones del fondo. Un guardia salió arrastrando una pequeña bolsa de tela rústica, pero cuyo peso delataba un contenido denso. Al volcarla sobre una mesa de madera, el sonido del oro chocando entre sí llenó el silencio sepulcral.
—Debajo de la tercera cama, Majestad —informó el guardia—. Estaba oculta en el forro del jergón.
Jungkook se acercó a la mesa. Eran monedas de oro de alta pureza, del tipo que solo la nobleza manejaba. Sus ojos se clavaron en una sirvienta de cabello oscuro que había caído de rodillas en el momento en que la bolsa apareció. Se llamaba Mina. Ella no intentó huir; simplemente se desplomó, ocultando el rostro entre sus manos mientras golpeaba el suelo con la frente.
—Perdón... por favor, perdón... —suplicaba Mina, su voz quebrada por el terror más absoluto—. No tuve opción, Majestad... piedad…
Jungkook se cernía sobre ella como una sombra herida cuando el sonido de pasos rápidos y el roce de la seda anunciaron la llegada del dueño de esos aposentos. Taehyung apareció en el pasillo, con el cabello ligeramente desordenado y una túnica de dormir que apenas cubría sus hombros. Su rostro, usualmente sereno, estaba transfigurado por la confusión y la indignación.
—¿Qué es este escándalo? —demandó Taehyung, abriéndose paso entre los guardias—. ¡Majestad! ¿Qué está haciendo? ¿Por qué trata así a mis cortesanas?
El Rey ni siquiera se giró por completo. Su voz salió fría, desprovista de la calidez que solía reservar para su esposo.
—Mi jade, vuelve a tu habitación. Esto no es asunto tuyo.
—¿Que no es asunto mío? —Taehyung se acercó más, ignorando las advertencias de los guardias. Vio a Mina arrodillada, llorando desconsoladamente a los pies de Jungkook, y el oro desparramado—. ¡Está aterrorizando a mis cortesanas en mitad de la noche! Mina, levántate. Majestad, deténga esto ahora mismo.
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The King Weakness - KookTae
FanfictionEn el alba de los tiempos, en un gran reino donde alfas y omegas tejían el tapiz de la sociedad, dos príncipes, dotados de una belleza que trascendía lo terrenal, descubrieron que sus corazones latían al unísono. Su amor, puro y desbordante, se conv...
