Capítulo 2

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Era un día cualquiera. El cielo brillaba y presumía de su viveza, ostentando ese tono celeste y sus blancas nubes, cual vasto mar con la espuma de las olas. Los árboles, vestidos de un verde exuberante, y algunos arbustos, engalanados con la belleza de sus flores, se unían al canto de los pájaros, creando una sinfonía natural que llenaba el aire de armonía. Tae-hyung, sin embargo, se sentía aburrido, ajeno a la belleza que lo rodeaba. La monotonía de su vida palaciega pesaba sobre él como una sombra constante.

La señora Oh abotonaba su chaqueta mientras él miraba a través de la ventana. Sentía envidia de la naturaleza, de su libertad absoluta, de la forma en que el viento podía acariciar las hojas y los pájaros podían volar sin restricciones, mientras él permanecía encerrado en una prisión llamada "monarquía". Era una jaula dorada, adornada con lujos y privilegios, pero al fin y al cabo, una jaula. Sí, amaba a su esposo, Jung-kook, un hombre de gran carisma y poder, pero eso no mitigaba el pesar de haberse casado tan joven. Fue un matrimonio arreglado, una unión política que, si bien con el tiempo se había transformado en afecto, no había sido su elección. Haber nacido en cuna de oro lo había privado de muchas cosas: la oportunidad de explorar el mundo a su propio ritmo, de tomar sus propias decisiones, de experimentar la vida como cualquier otra persona. No podía divertirse con los demás, a pesar de que siempre le dijeron que, a diferencia de su hermano, él tendría un destino común, lejos de la gloria y las responsabilidades del trono. No podía hacer nada de lo que realmente anhelaba, todo por el respeto debido a su familia y las tradiciones que regían su mundo.

Por ello, cuando Tae-hyung ascendió al trono, acompañando a su esposo, sintió un placer exquisito al ver a todas aquellas personas que una vez lo menospreciaron, que lo consideraban un simple adorno o un peón en el tablero político, arrodillarse ante él. Fue una dulce venganza, una confirmación de su valía. Fue tan gratificante que supo, en lo más profundo de su ser, que el karma existía y que él era su mejor creación, un ser capaz de desafiar las expectativas y romper moldes. Aun así, a pesar de esa satisfacción, no podía evitar sentirse atrapado, como un pájaro exótico en una jaula de oro, admirado por su belleza, pero privado de su libertad.

—Señora Oh, ¿sabe por qué a veces me niego a usar vestido? —La anciana negó con la cabeza, aunque conocía la respuesta de sobra. El omega le había contado su razón tantas veces que ya había perdido la cuenta, pero aun así, siempre respondía de la misma manera, con una paciencia y cariño inagotables—. En este mundo, los omega son considerados débiles, y el vestido es símbolo de esa debilidad, una forma de subyugar su espíritu y limitar su potencial. Por ello, se espera que un omega lo porte siempre, sin importar si es hombre o mujer, como una marca indeleble de su supuesta inferioridad —comenzó a explicar, su voz cargada de una mezcla de frustración y determinación—. En cambio, un alfa sí tiene el derecho de usar pantalones, sea hombre o mujer, una prenda que simboliza poder, autoridad y libertad de movimiento. Y entonces me pregunté: si un alfa puede usar un pantalón, ¿por qué yo no? ¿Por qué debo someterme a estas absurdas convenciones que me encadenan y me impiden ser quien realmente soy? Fue así como empecé a usarlos, desafiando las normas establecidas y negándome a ser definido por mi género. La corte real se escandalizó ante mi acto de rebeldía, considerándolo una afrenta a la tradición y un desafío al orden establecido.

—Lo recuerdo bien, incluso su majestad se molestó —respondió la señora Oh, con una sonrisa nostálgica.

Tae-hyung recordaba ese día con orgullo, como una victoria personal que marcó un antes y un después en su vida. La víspera, había encargado un traje hecho a su medida, un conjunto elegante y sofisticado que le permitiera moverse con libertad y expresar su individualidad. Su determinación no le permitió a la modista negarse, quien, además, no pudo ocultar su emoción ante la oportunidad de crear algo tan diferente a lo que la gente solía ordenar, una prenda que desafiara las convenciones y rompiera con la monotonía de los vestidos pomposos y restrictivos. Y así, tal como lo había ordenado, al día siguiente recibió un hermoso traje blanco con decoraciones doradas, una obra de arte que reflejaba su espíritu indomable.

The King Weakness - KookTaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora