Capítulo 40

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Parte 2, Capitulo 5

El príncipe Beomgyu observaba el horizonte desde la ventana de su carruaje, el Reino de la Perla desvaneciéndose lentamente en la distancia, como un sueño etéreo que se disolvía con el amanecer. Había transcurrido años en aquellas tierras lejanas, absorbiendo su cultura y sus costumbres, pero ahora, el eco de su hogar resonaba con una fuerza ineludible en su corazón. A medida que el carruaje avanzaba, el paisaje mutaba. Las llanuras plateadas de la Perla cedieron su lugar a las ondulantes colinas verdes y los frondosos bosques que conformaban su tierra natal. Una punzada de nostalgia embargó a Beomgyu al reconocer los árboles familiares y los campos cultivados que bordeaban el camino, cada uno un recuerdo latente de su infancia.

Sin embargo, a pesar de la dulce emoción del regreso, una sensación de inquietud se apoderó de él. El tiempo transcurrido en el extranjero había cincelado en él un nuevo ser. Era más alto, su figura había adquirido una fortaleza insospechada y, en sus caderas, una sutil curvatura se había manifestado. Incluso el timbre de su voz había hallado un nuevo matiz. Se preguntó si sus tíos lo reconocerían, pues hacía mucho que no se encontraban cara a cara, sus lazos mantenidos únicamente por la tinta de las cartas. Una ligera abrumación lo envolvía.

El carruaje se detuvo de improviso, arrancando a Beomgyu de sus cavilaciones. Levantó la vista y divisó las imponentes puertas del castillo real, alzándose majestuosas contra el azul impoluto del cielo. Su corazón latió con vehemencia, y una oleada de emoción lo invadió.

Saltó del carruaje con una energía renovada, ansioso por reencontrarse con sus tíos y compartir las crónicas de sus aventuras en el Reino de la Perla. Sus ojos azules brillaban con la anticipación de un amanecer, y una sonrisa iluminaba su rostro mientras contemplaba el imponente baluarte que había sido su morada durante tantos años.

—¡Tíos! —exclamó, su voz preñada de alegría, resonando en el aire. —¡He vuelto!

Sin aguardar respuesta, corrió hacia las puertas, ignorando a los guardias que intentaban contener su ímpetu. Su corazón martilleaba con emoción y grandes expectativas. Deseaba fervientemente ver a sus tíos, a quienes había echado de menos con profunda añoranza. Pero en su prisa, no reparó en el joven que se acercaba desde el lado opuesto del patio.

Un tropiezo, un grito ahogado, y el príncipe rubio se precipitó hacia adelante, sus brazos buscando instintivamente un asidero. Para su sorpresa, halló un par de brazos fuertes que lo sostuvieron, y se encontró cara a cara con un joven de ojos oscuros y cabello azabache.

El tiempo pareció suspenderse en ese instante, mientras los dos jóvenes se miraban. Un cálido rubor ascendió por el cuello del príncipe, y su corazón latió aún con mayor frenesí que antes. El joven de ojos oscuros lo observaba con una expresión de sorpresa y algo más, algo que el príncipe no lograba descifrar. Sentado a horcajadas sobre él, una extraña necesidad, implacable y desconocida, floreció en su interior. La curiosidad de sentir sus manos apretando aún con más fuerza su cadera era una llama que apenas comenzaba a arder.

—Lo siento —murmuró el príncipe, su voz apenas audible, un susurro que se perdía en el aire. 

—No te preocupes —respondió el joven de ojos oscuros, su voz suave como la seda, una melodía que acariciaba el oído.

En ese momento, los tíos del príncipe salieron del castillo, sus rostros iluminados por sonrisas de bienvenida. Pero Beomgyu apenas los notó. Sus ojos estaban fijos en aquel joven de mirada profunda, y su mente estaba poblada de preguntas sobre el chico misterioso que había aparecido en su vida como un destello de luz, un augurio de lo inesperado.

—Beomgyu —escuchó su nombre a la distancia, una voz familiar que lo trajo de vuelta a la realidad.

El príncipe se enderezó, una extraña sensación en el estómago lo invadía. Nunca antes había conocido a alguien que lo hiciera sentir así, como si el mundo entero se hubiera detenido por un momento, capturado en el aliento suspendido de un instante.

—Soy el príncipe Beomgyu —dijo, extendiendo su mano, un gesto de nobleza y curiosidad.

El joven, al escuchar su título, se arrodilló ante él, sin saber qué hacer. Beomgyu simplemente dejó que el momento transcurriera, observando con una calma inusual.

—Disculpe, Alteza, no lo había reconocido. 

—Está bien —expresó de forma relajada, como si su posición fuera algo banal y sin una real importancia. —Me darás la mano, ¿o no? —dijo, moviendo la mano con impaciencia juguetona. —Se me está cansando. 

—No soy digno. 

—Tonterías —dijo Beomgyu, haciendo que el joven le diera la Ymano con suavidad. —¿Cómo te llamas? 

—Kang Taehyun —respondió aquel muchacho de ojos oscuros, estrechando su mano con una firmeza que sorprendió al príncipe. 

—Un gusto, Kang Taehyun.

La mano de Taehyun era cálida y firme, un contraste inesperado con la piel suave y casi etérea que Beomgyu acostumbraba a tocar en el Reino de la Perla. Un escalofrío, ajeno al frío, recorrió el brazo del príncipe, y la extraña necesidad que había florecido en su interior se intensificó, como una flor exótica abriéndose al sol. El contacto duró apenas un segundo más de lo socialmente aceptable, pero en ese breve lapso, Beomgyu sintió una chispa, una conexión que lo dejó sin aliento, una promesa tácita de algo que aún no podía nombrar.

"Kang Taehyun", el nombre bailó en su mente, grabándose a fuego en su memoria. Los ojos oscuros de Taehyun lo observaban con una mezcla de respeto, curiosidad y algo más... ¿fascinación? Beomgyu se permitió saborear ese instante, el peso de Taehyun aún perceptible contra su cadera, la cercanía de sus rostros, el leve aroma a tierra húmeda y pino que emanaba del joven. Era un aroma rústico, viril, diferente a los inciensos y las fragancias florales que lo habían rodeado.

Fue la voz de su tío, El rey Jungkook, un suave carraspeo cargado de familiaridad y un poco de incredulidad, lo que finalmente rompió el hechizo.

—Beomgyu, ¿eres tú, en verdad? ¡Has crecido tanto que apenas te reconocemos, muchacho! —exclamó el rey, acercándose con su consorte, sus rostros irradiando una alegría genuina.

Taehyun, consciente de su posición y la intrusión, soltó la mano del príncipe con una agilidad sorprendente, su rostro teñido de un ligero rubor al mismo tiempo que el de Beomgyu. Se inclinó respetuosamente ante los tíos del príncipe, desapareciendo casi por completo de la vista del recién llegado mientras los abrazos y las exclamaciones de bienvenida lo envolvían.

Beomgyu se permitió ser arrastrado por la efusividad de sus tíos. Los abrazó con fuerza, el calor familiar de sus cuerpos y el aroma a lavanda de Taehyung, o a cuero y papel antiguo de Jungkook, lo anclaban a la realidad de su hogar. Respondió a sus preguntas con una sonrisa, compartiendo un atisbo de sus viajes, pero una parte de su mente seguía anclada en el encuentro.

Mientras Jungkook palmeaba su espalda y Taehyung  lo examinaba con ojos llorosos, Beomgyu no pudo evitar buscar con la mirada a Kang Taehyun. El joven estaba ahora de pie a una distancia prudente, junto a uno de los guardias, con la cabeza ligeramente inclinada. Sus ojos, sin embargo, se encontraron por un instante, y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en los labios de Taehyun antes de que apartara la vista, como si estuviera prohibido mantenerla.

"¿Quién es?", la pregunta ardía en la punta de la lengua de Beomgyu, pero las incesantes preguntas de sus tíos sobre su salud, su viaje y las costumbres de la Perla no le daban tregua. Quería saberlo todo sobre Kang Taehyun: ¿por qué estaba en el castillo? ¿Cuál era su posición? ¿Y por qué, diablos, lo había hecho sentir así?

El recorrido hacia el interior del castillo, entre risas y anécdotas del viaje, se sintió extrañamente fragmentado para Beomgyu. Cada paso lo alejaba de Taehyun, cuya presencia se había convertido, en cuestión de minutos, en un faro inesperado en el horizonte de su regreso. Sabía que la formalidad dictaría su agenda, con banquetes de bienvenida, informes y reuniones. Pero en lo más profundo de su ser, una nueva misión, una curiosidad irrefrenable, comenzaba a gestarse. No solo había regresado a casa; había chocado con un enigma que prometía redefinir el significado de su regreso.

The King Weakness - KookTaeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora