Ella vivía entre trenes,
cafés tibios,
libros abiertos por la mitad
y lluvias cayendo sobre una ciudad
que jamás aprendió a detenerse.
Él venía de un tiempo
donde los hombres morían por coronas,
donde el hierro pesaba más que las palabras
y amar era casi una forma de guerra.
Sin embargo,
cuando la vio sentada bajo la lluvia,
el tiempo cometió un error.
Porque hay miradas
que atraviesan siglos
como si nunca hubieran pertenecido a ninguno.
Ella levantó los ojos
y encontró en él
algo antiguo,
dolorosamente eterno.
Él sostuvo el paraguas sobre su cabeza
como quien intenta proteger una llama
en medio del fin del mundo.
Pero no podían quedarse.
A ellos los separaban calendarios enteros,
imperios caídos,
nombres olvidados por la historia
y cientos de años
que jamás aprenderían a tocarse.
Ella pertenecía al ruido eléctrico de las ciudades.
Él,
al eco de castillos consumidos por el invierno.
Y aun así,
por un instante,
el universo dejó de avanzar.
Porque el amor verdadero
no siempre nace para existir,
a veces nace solamente
para demostrar
que incluso el tiempo
puede sentirse pequeño
frente a dos almas
que se reconocen.
Él debía regresar a su siglo.
Ella debía quedarse en el suyo.
Pero antes de irse,
él apoyó su frente contra la de ella
y susurró algo
que la lluvia guardó para siempre:
-Te busqué en todas mis vidas...
y llegué tarde en cada una.
Desde entonces,
cada vez que llueve,
ella mira el banco vacío
como quien espera un milagro imposible.
Y en algún castillo perdido del pasado,
un caballero mira el cielo tormentoso
con la extraña sensación
de haber amado a alguien
que todavía no había nacido.
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Sentir las letras: Poemas
RomansaEl poder de la poesía. La poesía, es lo más maravilloso que puede uno escribir, porque escribir es desnudar el alma sin defensas ni máscaras, dejando que lo invisible encuentre su forma en las palabras. Es dedicación absoluta en cada oración redacta...
