Narra Edgar:
Agarro con fuerza la barra de metal.
Hay casi un metro hasta la barandilla de arriba, mi única oportunidad es Caspar.
-¡Aguanta Edgar!- grita mi amigo subiendo las escaleras todo lo rápido que puede.
Se me entumecen las manos e intento relájame para que estas no suden. Pero es imposible, están empapadas y pronto la primera cede y cae a un costado.
El corazón me bombea con fuerza y la adrenalina se me ha disparado.
Pronto, la otra mano empieza a resbalarse también y veo que a Caspar le quedan más de dos tramos de escaleras.
Cierro los ojos.
Inspiro, espiro y me suelto.
No estoy preparado para morir.
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